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CHILE
domingo, 28 de julio de 2013
EL CRO FIDEL CASTRO ENVÍA CARTA A PERSONALIDADES PRESENTES EN CONMEMORACIÓN
La Habana, 28 jul (PL) El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, envió una carta a los jefes y vicejefes de las delegaciones que visitaron este país con motivo del aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
A continuación Prensa Latina transmite el texto íntegro de la misiva, publicada hoy en el periódico Juventud Rebelde.
He vivido para luchar
Queridos amigos:
El viernes 26 de julio se arriba al 60 aniversario del asalto al regimiento del Moncada en Santiago de Cuba y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Conozco que numerosas delegaciones piensan viajar a Cuba para compartir con nosotros esa fecha en la que nuestro pequeño y explotado país decidió proseguir la lucha inconclusa por la independencia de la Patria.
Ya entonces también nuestro Movimiento estaba fuertemente influido por las nuevas ideas que se debatían en el mundo.
Nada se repite exactamente igual en la historia. Simón Bolívar, libertador de América, proclamó un día el deseo de crear en América la mayor y más justa de las naciones, con capital en el istmo de Panamá. Incansable creador y visionario, se adelantó más tarde al sentenciar que Estados Unidos parecían destinados a plagar la América de miserias a nombre de la libertad.
Cuba sufrió, como América del Sur, Centro América y México con el territorio que le fuere arrebatado a sangre y fuego por el insaciable y voraz vecino del norte, que se apoderó de su oro, su petróleo, sus bosques fabulosos de sequoia, sus mejores tierras y sus más ricas y abundantes aguas pesqueras.
No estaré sin embargo con ustedes en Santiago de Cuba, pues debo respetar la obvia resistencia de los guardianes de la salud. Puedo en cambio escribir y trasmitir ideas y recuerdos, que siempre serán útiles, al menos para el que escribe.
Hace breves días, cuando observaba desde mi asiento en la parte media de un vehículo de doble tracción lo que fuera un viejo centro genético para la producción lechera, pude leer una brevísima síntesis de solo un párrafo del discurso pronunciado el Primero de Mayo del año 2000, hacía ya más de 13 años.
El tiempo borrará aquellas palabras en letra negra sobre una pared blanqueada con cal.
"Revolución [â��] es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo."
Ahora se cumplen 60 años de aquel hecho ocurrido en 1953, sin duda valeroso y demostrativo de la capacidad de nuestro pueblo para crear y enfrentar a partir de cero cualquier tarea. La experiencia posterior nos enseñó que habría sido más seguro comenzar la lucha por las montañas, algo que planeábamos hacer si tomada la fortaleza del Moncada, no podíamos resistir la contraofensiva militar de la tiranía con las armas que ocupáramos en Santiago de Cuba, más que suficientes para vencer en aquella contienda y mucho más rápidamente que el tiempo invertido después.
Los 160 hombres escogidos para la operación fueron seleccionados entre 1 200 con los que contábamos, entrenados entre los jóvenes de las antiguas provincias de La Habana y el este de Pinar del Río, afiliados a un partido radical de la nación cubana donde todavía el espíritu pequeño burgués inculcado por los dueños extranjeros y sus medios de divulgación, en mayor o menor medida, influían en todos los rincones del país.
Yo había tenido el privilegio de estudiar, y ya en la universidad adquirí una consciencia política a partir de cero. No está de más repetir lo que he contado otras veces, la primera célula marxista del Movimiento la creé yo con Abel Santamaría y Jesús Montané, utilizando una biografía de Carlos Marx, escrita por Franz Mehring.
El Partido Comunista, integrado por personas serias y consagradas de Cuba, soportaba los avatares del Movimiento Comunista Internacional. La Revolución reiniciada el 26 de julio recogió las experiencias de nuestra historia, el espíritu abnegado y combativo de la clase obrera, la inteligencia y espíritu creativo de nuestros escritores y artistas, así como la capacidad que yacía en la mente de nuestro personal científico, que ha crecido como la espuma. Nada se parece hoy a lo de ayer. Nosotros mismos, a los que el azar nos designó el papel de dirigentes, nos podríamos abochornar de la ignorancia que todavía muestran nuestros conocimientos. El día que no aprendamos algo nuevo será un día perdido.
El ser humano es producto de las leyes rigurosas que rigen la vida. ¿Desde cuándo? Desde tiempos infinitos ¿Hasta cuándo? Hasta tiempos infinitos. Las respuestas también lo son.
Por ello, aunque no las comparta, respeto el derecho de los seres humanos a buscar respuestas divinas, preguntas que pueden hacerse, siempre y cuando las mismas no tiendan a justificar el odio y no la solidaridad en el seno de nuestra propia especie, error en el que han caído muchas en uno u otro momento de su historia.
Aquel atrevido intento no fue sin duda un acto improvisado; admito sin embargo que a partir de la experiencia acumulada habría sido mucho más realista y más seguro iniciar aquella lucha por las montañas de la Sierra Maestra. Con los 18 fusiles que logramos reunir después del durísimo revés que sufrimos en Alegría de Pío, en parte por inexperiencia y el incumplimiento de las instrucciones recibidas por el Movimiento en Cuba, y también por la excesiva confianza nuestra en el poder de fuego de los expedicionarios armados con más de 50 fusiles con mirilla telescópica, y su entrenamiento en tiro. Atentos sin embargo a los vuelos rasantes de los aviones de combate del enemigo, descuidamos la vigilancia en tierra y nos atacaron en un pequeño cayo de monte a pocos metros de nosotros. Nunca más nos pudo sorprender de esa forma el enemigo.
En los combates librados después siempre fue al revés, y en las acciones finales, con menos de 300 combatientes, en 70 días de incesante lucha derrotamos la ofensiva de más de 10 mil hombres de sus fuerzas élites. En los combates librados durante dos años siempre los bombarderos y cazas del enemigo en solo 20 minutos solían estar encima de nosotros. No consta sin embargo que haya muerto un solo combatiente por esa causa en aquella dura lucha. Todo cambió en las décadas siguientes con la nueva tecnología desarrollada por Estados Unidos y sumadas a las fuerzas reaccionarias en América Latina y el mundo, aliadas a ellos. Siempre los pueblos encontrarán las formas adecuadas de lucha.
Ustedes estarán allí, en el escenario del primer combate.
Cuando, después de los hechos que se consumaron el 26 de julio, un último carro se acerca y me recoge, monté en la parte trasera del vehículo repleto del personal, otro combatiente se acerca por la derecha; me bajo y le doy mi asiento; el carro parte y me quedo solo. Hasta el momento que me recogieron por primera vez en medio de la calle, con la escopeta semiautomática Browning y cartuchos calibre 12 de balines, trataba de impedir que dos hombres usaran una ametralladora calibre 50 desde el techo de uno de los pisos del edificio central de mando del amplio campo militar; era lo único que podía verse del tiroteo generalizado que se escuchaba.
Los pocos compañeros que con Ramiro Valdés habían penetrado en la primera barraca despertaron a los soldados que allí dormían y, según me explicaron posteriormente, estaban en paños menores.
No pude hablar con Abel ni otros de su grupo que desde un alto edificio al fondo del hospital civil, dominaban la parte trasera de los dormitorios. Yo consideraba que era absolutamente obvio para él lo que estaba ocurriendo. Tal vez pensó que yo había muerto.
Raúl, que estaba con el grupo de Lester Rodríguez, veía con claridad lo que estaba ocurriendo y pensaba que estábamos muertos. Cuando el jefe de esa escuadra decide bajar, toman el elevador, y al llegar abajo, le arrebata el fusil a un sargento que no hace resistencia, ni tampoco los soldados que iban con él. Toma el mando del grupo y organiza la salida del edificio.
Mi preocupación fundamental era en ese momento el grupo de compañeros que supuestamente había ocupado el cuartel de Bayamo y no tenía noticia alguna de nosotros. Por mi parte, contaba todavía con suficientes cartuchos y pensaba vender bien cara mi vida luchando contra los soldados de la tiranía.
De repente aparece otro carro: venía a buscarme; y de nuevo albergo la esperanza de ayudar a los compañeros de Bayamo con una acción en el cuartel del Caney.
Varios carros esperaban al final de la avenida donde yo pensaba tomar la dirección correcta hacia ese punto. Pero el propio compañero que conducía el vehículo que entró para buscarme no la tomó, siguió hacia la casa de donde partimos por la madrugada, allí se cambió de ropa. Yo cambié de arma y tomé un rifle semiautomático calibre 22 con punta de acero, con un poco de más alcance que la calibre 12 de balines, me puse alguna ropa y a varios pasos de allí cruzamos una cerca de púas con aproximadamente 15 hombres armados, uno de ellos herido. Otros dejaron sus armas y tomaron los vehículos tratando de buscar una salida. Conmigo iba Jesús Montané y algunos otros jefes. Caminamos horas aquella calurosa tarde por la falda norte de la Gran Piedra, una elevada montaña que trataríamos de cruzar para dirigirnos hacia el Realengo 18, un camino empinado del que Pablo de la Torriente, excelente escritor revolucionario, escribió que un hombre con un fusil podía resistir a un ejército. Pero, Pablo murió en España combatiendo en la Guerra Civil Española, donde alrededor de mil cubanos apoyaron a ese pueblo contra el fascismo. Lo había leído, pero nunca pude hablar con él, ya había viajado a España cuando yo estudiaba bachillerato.
Nosotros no pudimos ya proseguir hasta aquel realengo y permanecíamos al sur de la cordillera. La zona montañosa preferida por mí para la lucha guerrillera se situaba entre el santuario del Cobre y el central Pilón; planeé por ello cruzar hasta el otro lado de la bahía de Santiago de Cuba por un punto que conocía desde que estudié en el Colegio de Dolores, en la ciudad donde ustedes se reunirán. Gran parte de nuestro pequeñísimo grupo estaba agotado por el hambre y las fatigas. Un herido había sido evacuado y Jesús Montané que apenas podía mantenerse en pie. Otros dos, con menos responsabilidad pero más saludables, marcharían conmigo hacia el occidente de aquellas montañas. Pero los hechos más dramáticos y menos esperanzadores estaban todavía por llegar. En la tarde le dimos instrucciones al resto de los compañeros de esconder sus débiles armas en algún lugar del bosque y dirigirse aquella noche a la casa confortable de un campesino que vivía a orillas de la carretera que iba de Santiago a la playa, que disponía de ganado y tenía comunicación telefónica con la ciudad. Sin duda fueron interceptadas por el ejército. El enemigo de todas formas conocía el área cercana por donde nos movíamos. Antes del amanecer, una escuadra de la jefatura militar fuertemente armada, nos despertó con la punta de sus fusiles. Las venas del cuello, y el rostro de aquellos soldados bien alimentados, se veían latir deformadas por la excitación. Nos dábamos por muertos y en el acto estalla la discusión. Sin embargo no me habían identificado. Al atarme profundamente y preguntarme el nombre, irónicamente les doy uno que usábamos en bromas de la peor especie. No podía comprender que no se dieran cuenta de la verdad. Uno de ellos, con rostro descompuesto, vociferaba que ellos eran los defensores de la patria. Con voz fuerte le respondo que ellos eran los opresores, como los soldados españoles en la lucha de nuestro pueblo por la independencia.
El jefe de la patrulla era un hombre negro que a duras penas podía mantener el mando. ÂíNo disparen!, les gritaba constantemente a los soldados.
En voz más baja repetía: "Las ideas no se matan, las ideas no se matan". En una de aquellas ocasiones se acerca a mi y con voz baja dice y repite: "Ustedes son muy valientes, muchachos". Al escuchar aquellas palabras le digo: "Teniente, yo soy Fidel Castro"; y el responde: "No se lo digas a nadie". De nuevo el azar se impone con todas sus fuerzas.
El teniente no era oficial del regimiento, tenía otra responsabilidad legal en la región de Oriente.
Más adelante se imponen de nuevo los hechos más importantes todavía.
A los compañeros que debían desmovilizarse les doy instrucciones de guardar las armas, y después los custodiaríamos hasta el punto donde debían hacer contacto con las personas del Obispo.
La opinión pública de Santiago de Cuba había reaccionado con energía frente a los horribles crímenes cometidos por el ejército batistiano contra los revolucionarios.
Monseñor Pérez Serantes, Obispo de Santiago de Cuba, había obtenido algunas garantías favorables a sus gestiones por el respeto a la vida de los revolucionarios prisioneros. A Sarría, sin embargo, le quedaba una batalla por librar contra el mando del regimiento que esta vez delegó la tarea al más connotado esbirro de la carnicería impuesta por el jefe militar de Santiago de Cuba, que le ordenó trasladar los detenidos al Moncada.
Por primera vez en nuestra Patria los jóvenes habían entablado una lucha semejante frente a lo que fuera hasta el Primero de Enero de 1959: una colonia yanki.
Al llegar a la casa del vecino junto a la estrecha carretera que une la ciudad con la playa Siboney, un pequeño camión esperaba. Sarría me sentó entre el chofer y él. Cientos de metros más adelante se topan con el vehículo del comandante Chaumont que demanda la entrega del prisionero. Como en una película de ciencia ficción el teniente discute y afirma que no entregará al prisionero, en vez de eso lo presentará al Vivac de Santiago de Cuba y no a la sede del regimiento. Es así como el hecho rememora una inusual experiencia.
Es imposible en tan breve tiempo expresarle a nuestros ilustres visitantes las ideas que suscitan en mi mente los increíbles tiempos que estamos viviendo.
No puedo pensar que dentro de 10 años, en el 70 aniversario, escribiría un libro. Desgraciadamente nadie puede asegurar que habrá un 70, un 80, un 90, o un centésimo aniversario del Moncada. En la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, de Río de Janeiro, dije que una especie estaba en peligro de extinción: el hombre. Pero entonces creía que sería cuestión de siglos. Ahora no soy tan optimista. De todas formas nada me preocupa; seguirá existiendo la vida en la inabarcable dimensión del espacio y el tiempo.
Mientras tanto digo solo algo, ya que cada día amanece para todos los habitantes de Cuba y del mundo:
Los líderes de cualquiera de las más de 200 naciones grandes y pequeñas, revolucionarias o no, necesitan seguir viviendo. Tan difícil es la tarea de crear la justicia y el bienestar, que los líderes de cada país necesitan autoridad, o de lo contrario reinará el caos.
En días recientes se intentó calumniar a nuestra Revolución, tratando de presentar al Jefe de Estado y Gobierno de Cuba, engañando a la Organización de Naciones Unidas y a otros jefes de Estado, imputándole una doble conducta.
No vacilo en asegurar que aunque durante años nos negamos a suscribir acuerdos sobre la prohibición de tales armas porque no estábamos de acuerdo en otorgar esas prerrogativas a ningún Estado, nunca trataríamos de fabricar un arma nuclear.
Estamos contra todas las armas nucleares. Ninguna nación, grande o pequeña, debe poseer ese instrumento de exterminio, capaz de poner fin a la existencia humana en el planeta. Cualquiera de los que tales armas poseen, dispone ya de suficientes para crear la catástrofe. Jamás el temor a morir, ha impedido las guerras en ninguna parte del planeta. Hoy no solo las armas nucleares sino también el Cambio Climático es el peligro más inminente que en menos de un siglo puede hacer imposible la supervivencia de la especie humana.
Un líder latinoamericano y mundial, al que deseo rendir hoy especial tributo por lo que hizo a favor de nuestro pueblo y a otros del Caribe y del mundo es Hugo Chávez Frías; él estaría aquí hoy entre nosotros si no hubiese caído en su valiente combate por la vida; él como nosotros no luchó para vivir; vivió para luchar.
Fidel Castro Ruz
Julio 26 de 2013
6 y 5 a.m.
sábado, 27 de julio de 2013
DISCURSO DEL CR RAÚL CASTRO EN OTRO ANIVERSARIO DEL ASALTO AL CUARTEL MONCADA
Santiago de Cuba, 26 de jul (PL) El presidente cubano, Raúl Castro, asistió hoy aquí a las celebraciones por el aniversario 60 del asalto al Moncada, acción organizada por el joven Fidel Castro para tomar esa fortaleza militar y derrocar al dictador Fulgencio Batista.
Queridos amigos y amigas: No se sorprendan de que sobre este uniforme verde olivo y el grado de General de Ejército, teniendo en
Distinguidos invitados;
Santiagueras y Santiagueros;
Orientales;
Pueblo de Cuba:
Hemos escuchado con profunda atención las palabras solidarias y generosas de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América, y también del Presidente de Uruguay, quien se encuentra en Cuba (en visita oficial) de visita una vez más, José Mujica, que estuvo aquí, por allá por el año 1960, cuando esta fortaleza fue convertida en escuela. Era un joven soñador igual que hoy, pero sin reumatismo (Risas y aplausos).
Llegue asimismo nuestra gratitud a las destacadas personalidades de otros países que nos acompañan.
Saludamos al propio tiempo a los integrantes de la vigésimo cuarta Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba (Aplausos), organizada por la agrupación interreligiosa Pastores por la Paz (Aplausos), continuadora del esfuerzo solidario del inolvidable Reverendo Lucius Walker.
La presencia de todos ellos en este acto, en que conmemoramos el 60 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, constituye una manifestación fehaciente de apoyo y solidaridad con la Revolución Cubana y demuestra cuánto ha cambiado Nuestra América desde los días difíciles y oscuros del año 1953.
Ya entonces nosotros, y sobre todo Fidel, habíamos leído sobre las hazañas de Bolívar y otros próceres de la independencia americana y percibíamos la importancia de una región latinoamericana y caribeña independiente y unida.
En el trascendental alegato de autodefensa de Fidel, conocido como “La Historia me Absolverá”, se anticipaba cito: “… la política cubana en América sería de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente y que los perseguidos políticos de las sangrientas tiranías que oprimen a las naciones hermanas, encontrarían en la patria de Martí, no persecución, hambre y traición, sino asilo generoso, hermandad y pan. Cuba debía ser baluarte de libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo”, fin de la cita.
La muerte prematura de Martí en combate había frustrado el anhelo que expresó en su carta inconclusa al mexicano Manuel Mercado, “… de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
La Revolución Cubana ha sido solidaria y fiel a ese legado, aun en los momentos más difíciles, cuando se pretendió aislarla, rendirla por hambre mediante un bloqueo criminal que ya dura más de medio siglo y destruirla con todo tipo de agresiones.
Nunca olvidaremos que México, tras la prisión, nos dio albergue y después del triunfo fue el único gobierno de América Latina que se negó a dejarnos solos.
Jamás nos ha faltado el respaldo y la solidaridad de los pueblos de todos los continentes, en particular los de esta región, que siempre vieron a Cuba como parte indisoluble de Nuestra América, que unida en su diversidad avanza con determinación hacia su segunda y definitiva independencia.
Veinte años después del triunfo del Primero de Enero, se produjo la victoria de la Revolución Sandinista, que Nicaragua, llena de juventud, celebró hace una semana, con su Comandante Daniel Ortega al frente (Aplausos).
Pasadas otras dos décadas el entrañable hermano Hugo Chávez encarnó los ideales de Bolívar y multiplicado en su pueblo avanza hoy junto a su Revolución, conducida firmemente por el compañero Presidente Nicolás Maduro (Aplausos).
Marchan indetenibles los procesos de la Revolución Democrática y Cultural de Bolivia, encabezada por Evo Morales y que es símbolo de la reivindicación de los pueblos originarios (Aplausos) ; la triunfante Revolución Ciudadana, que lidera con amplio apoyo popular en Ecuador el Presidente Rafael Correa (Aplausos), representado hoy aquí por el Canciller Ricardo Patiño; los avances sociales como los de Uruguay que conduce el compañero José Mujica (Aplausos), guerrillero tupamaro, encarcelado por catorce años; los que se producen en el Caribe que lucha por el desarrollo sostenible, la justicia y la igualdad soberana, cuyos destacados líderes, los primeros ministros Rooselvelt Skerrit, de Dominica; Baldwin Spencer, de Antigua y Barbuda; Ralph Gonsalves, de San Vicente y las Granadinas, y Kenny Anthony, de Santa Lucía, están aquí con nosotros (Aplausos).
Pese a los intentos por dividirnos para seguirnos saqueando, continúa su curso ascendente la integración de nuestros países en el ALBA, CARICOM, MERCOSUR, UNASUR, entre otros.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que Cuba se honra en presidir, prosigue su consolidación.
Aprovecho esta ocasión para, en nombre de los cubanos y en particular de los damnificados por el huracán Sandy en las provincias de Guantánamo, Holguín y Santiago de Cuba, expresar el más profundo agradecimiento a todos los gobiernos y pueblos que generosamente nos apoyaron y apoyan en las labores de reconstrucción (Aplausos).
Hace nueve meses dicho huracán penetró al territorio nacional por esta ciudad. La furia de los vientos alcanzó aproximadamente 200 kilómetros por hora y azotó a las provincias de Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo, por espacio de cinco horas, provocando la muerte de 11 ciudadanos.
Los efectos de este fenómeno meteorológico también se hicieron sentir en las provincias centrales con intensas lluvias e inundaciones.
Las pérdidas económicas totales ascendieron, después de un riguroso estudio, a casi 7 000 millones de pesos. La mayor parte correspondió a las viviendas e inmuebles, aunque se produjeron considerables daños a la agricultura e infraestructuras vitales, como la electricidad, las comunicaciones y los viales.
Considerando la trayectoria del citado huracán, la provincia de Santiago de Cuba y en especial su capital sufrieron el mayor impacto, afectándose el 50% de su fondo habitacional, colapsó el sistema de distribución de la energía eléctrica y el telefónico. Los árboles derribados y todo tipo de escombros obstaculizaron durante días el tránsito en las calles de la segunda ciudad del país, con medio millón de habitantes.
En Holguín sufrieron en mayor medida los embates de Sandy los municipios ubicados al noreste de esa provincia, coincidentemente los mismos que soportaron el azote del fuerte huracán Ike a su entrada a Cuba, cuatro años antes, en septiembre de 2008. Resultó dañado el 19,3% de las viviendas y buena parte de los cultivos agrícolas y cañeros. Hasta el momento se ha dado solución al 52% de los hogares afectados.
En los municipios al oeste de la provincia de Guantánamo también se sintieron las consecuencias de este huracán, aunque los perjuicios tuvieron menor envergadura y a estas alturas ya han sido recuperados.
Regresando a Santiago de Cuba, con el concurso, en primer lugar de los propios santiagueros y el apoyo decidido del resto del país, incluyendo el aporte de los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, así como contingentes de trabajadores eléctricos y telefónicos de todas las provincias, en pocos días se restablecieron las condiciones mínimas para la vida. No se hizo esperar, y fue de los primeros en llegar, el mayor de los aportes a la situación de Santiago de Cuba, que fue enviada personalmente por el compañero Hugo Chávez (Aplausos).
En los meses transcurridos desde entonces no se ha dejado de trabajar en las labores de recuperación y como resultado de ello se ha solucionado el 42% de las viviendas afectadas. Se encuentra hoy en ejecución un programa de construcción en toda la provincia, que permitirá aliviar perspectivamente la tensa situación existente en esta materia.
Por otra parte, el gobierno decidió bonificar el 50% del precio de los materiales de construcción destinados al restablecimiento de las viviendas dañadas, otorgar con igual propósito créditos bancarios con menores tasas de interés y mayores plazos de pagos y en los casos de derrumbes totales asumir por el Presupuesto del Estado el pago de los citados intereses, así como subsidiar a aquellos núcleos familiares de menores ingresos.
Al propio tiempo se ha avanzado en la recuperación de las instalaciones del sistema de salud pública, de educación, cultura y transporte.
Igualmente se mantiene la ejecución del proceso inversionista iniciado en el año 2004 para la rehabilitación y ampliación del acueducto de la capital provincial, que ha permitido el abasto estable de agua, con frecuencia diaria, a 30 de los 32 sectores hidrométricos de la ciudad, restando garantizar el servicio diario a las zonas de Altamira y Litoral, que hoy lo reciben en días alternos. Corresponde a las autoridades provinciales y empresas asegurar la sostenibilidad del sistema.
Estas tareas, que están siendo controladas sistemáticamente por el Gobierno Central, no han culminado y a las santiagueras y santiagueros les ratifico que edificaremos, en primer lugar con su participación directa, una ciudad cada vez más bella, higiénica, ordenada y disciplinada (Aplausos), a la altura de su condición de Ciudad Heroína, cuna de la Revolución. Además, que nadie se olvide de que Santiago (Exclamaciones de: “Sigue siendo Santiago”) sigue siendo Santiago.
Parecería un milagro que a 60 años de aquel 26 de julio estemos vivos todavía varios de los participantes en aquellos acontecimientos, tras los cuales se desató la sed de venganza de la dictadura y fueron torturados y asesinados muchos de los combatientes capturados.
También nosotros quisimos tomar el cielo por asalto, era un sueño, lo intentamos, no pudo ser; pero exactamente cinco años, cinco meses y cinco días después, el Primero de Enero de 1959, estábamos entrando por esta puerta principal a exigir, en nombre de Fidel, el rendimiento incondicional de la guarnición de la ciudad, que pasaba de 5 000 hombres (Aplausos).
La firmeza y el decoro de Fidel, que de acusado se convirtió en acusador en el juicio a que fuimos sometidos, constituyó nuestra primera victoria.
Luego vino la prisión fecunda, el exilio en México, la recomposición de las fuerzas revolucionarias, los preparativos para la expedición del yate Granma, cuyo demorado arribo a costas cubanas impidió la sincronización prevista con el heroico alzamiento de Santiago de Cuba, organizado por el joven dirigente Frank País, el 30 de noviembre de 1956 —todavía no había cumplido 22 años, y al año siguiente, sin haber cumplido los 23, fue vilmente asesinado por los esbirros de la dictadura—; el revés de Alegría de Pio; el reencuentro con Fidel dos semanas después en Cinco Palmas, la guerra de liberación, primero en la Sierra Maestra y más tarde extendida a otras regiones montañosas; la decisiva victoria en 74 días de incesante e intenso batallar sobre la gran ofensiva de las tropas batistianas contra el territorio del Primer Frente de la Sierra Maestra donde se encontraba la Comandancia General del Ejército Rebelde, hecho de enorme significación que, como dijo el Ché, “le quebró a la tiranía el espinazo”, y dio inicio a la contraofensiva estratégica del movimiento insurreccional.
Comenzaba así, en el verano de 1958 el viraje irreversible de la guerra que con las operaciones de las columnas invasoras, salidas de la Sierra Maestra, y las acciones de los combatientes clandestinos, condujeron al colapso militar del régimen, a la toma del poder por la Revolución triunfante y la constitución del primer Gobierno Revolucionario en la Universidad de esta ciudad. Con la huelga general —a la que llamó Fidel desde Palma Soriano, antes de entrar a Santiago— de la clase obrera y todo el pueblo se derrotó la maniobra de la Embajada Norteamericana para escamotear la victoria, mientras Fidel avanzaba hacia La Habana. Esto es una apretada síntesis de una intensa historia.
Empezaría entonces una etapa mucho más difícil, que estremeció los cimientos de toda la sociedad. A cuatro meses y medio del triunfo, en la propia Sierra Maestra y en el Puesto de Mando que utilizó Fidel en los últimos meses de la guerra, en cumplimiento del Programa del Moncada, se promulgó la primera Ley de Reforma Agraria, que enfrentó a la Revolución con los poderosos intereses económicos extranjeros y de la burguesía criolla, que financiaron y estimularon por espacio de varios años el accionar de bandas armadas, el asesinato de jóvenes alfabetizadores, adolescentes muchos de ellos; el sabotaje y el terrorismo en todo el país; la invasión por Playa Girón en abril de 1961, en vísperas de la cual se proclamó el carácter Socialista de la Revolución; la Crisis de los misiles, cuando ya Estados Unidos estaba preparando una invasión directa con sus tropas a Cuba, en Octubre de 1962 y las incesantes agresiones y crímenes contra nuestro pueblo durante décadas.
Han pasado los años, pero esta sigue siendo una revolución de jóvenes (Aplausos), como lo éramos el 26 de julio de 1953; los que combatieron y cayeron en las calles de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956. Jóvenes fueron en su inmensa mayoría quienes participaron en la lucha contra bandidos durante cinco años, desde 1960 hasta enero de 1965, aproximadamente, que en dos ocasiones, durante ese tiempo, llegaron a tener bandas activas de diferentes tamaños en todas las provincias del país, incluyendo el sur de la capital; jóvenes eran también los que derrotaron a los mercenarios en Playa Girón; los que se sumaron, incluso adolescentes, a la campaña de alfabetización, la mayoría estudiantes; los que se incorporaron masivamente a las Milicias, a las nacientes Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior; los cientos de miles de compatriotas que cumplieron misiones internacionalistas en otras tierras del mundo, el grueso de los mismos fue en Angola, como se refería uno de nuestros invitados; los que hoy prestan servicios de salud y educación —la mayoría también son jóvenes y además mujeres— en diferentes naciones; los científicos, intelectuales, artistas y deportistas que tantas glorias han cosechado; los que al llamado de la patria cumplen su servicio militar, entre ellos las muchachas que por propia voluntad se suman a esta tarea; los estudiantes de la enseñanza media; nuestros universitarios que protagonizaron con éxito el último censo de población y vivienda; los obreros y campesinos que generan en la producción y los servicios ingresos a la economía; nuestros maestros y profesores.
Esta seguirá siendo la Revolución Socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes proclamada por Fidel el 16 de abril de 1961, en el entierro de las víctimas de los bombardeos previos a la invasión de Playa Girón. Esta, repito, porque se (lo) ha demostrado en 60 años, seguirá siendo una Revolución de los jóvenes (Aplausos).
Hoy más del 70% de los cubanos nació después del triunfo de la Revolución. Podría decirse que convivimos en suelo patrio varias generaciones, cada una de ellas con historia y méritos propios, en correspondencia con el momento que les tocó vivir.
La Generación Histórica va cediendo su lugar a los “pinos nuevos” con tranquilidad y serena confianza, basados en la preparación y capacidad demostradas de mantener en alto las banderas de la Revolución y el Socialismo, por las que entregaron sus vidas innumerables patriotas y revolucionarios, desde los indios y esclavos que se rebelaron contra la opresión hasta nuestros días.
Como ya se ha informado, está en marcha el proceso de transferencia paulatina y ordenada a las nuevas generaciones de las principales responsabilidades de dirección en la nación.
Para asegurar el éxito en este empeño jamás podrá descuidarse la importancia estratégica que tiene, como nos enseñó Fidel, preservar por encima de todo —repito— ¡preservar por encima de todo! la unidad de todos los cubanos dignos (Aplausos).
Compañeras y compañeros:
La ocasión es propicia para rendir merecido homenaje a los caídos a lo largo de siglos de gesta redentora.
También a Fidel, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana (Aplausos), que con su inconmovible optimismo y junto al pueblo —capaz de resistir tantos sacrificios y verdadero protagonista de esta epopeya—, nos guió a la victoria y situó en el mapamundi a nuestra pequeña isla como un baluarte de la justicia social y el respeto a la dignidad humana.
Rindamos honor a la mujer cubana (Aplausos), madre, combatiente, compañera de sacrificios, alegrías y luchas (Aplausos); a las nuevas generaciones que continuarán defendiendo por siempre los ideales revolucionarios.
Enviamos desde este histórico lugar un abrazo fraternal a los valerosos luchadores antiterroristas (Aplausos) injustamente encarcelados hace 15 años en Estados Unidos, por cuyo regreso a la Patria seguiremos batallando sin descanso.
No puede faltar en esta hora el más sentido homenaje al invicto Comandante en Jefe de la Revolución Bolivariana de la hermana Venezuela, el querido compañero Hugo Chávez Frías, discípulo aventajado de los próceres de la independencia latinoamericana y caribeña (Aplausos).
¡Gloria eterna a los mártires de la Patria! (Exclamaciones de: “¡Gloria!”)
¡Viva la Revolución Socialista! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Cuba libre! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Hasta la Victoria siempre! (Exclamaciones de: “¡Viva, viva!”)
TRIBUNALES DE TRABAJO : MERCANTILIZACIÓN DE DERECHOS FUNDAMENTALES DE LOS TRABAJADORES
La institucionalidad laboral que se requiere cambiar -no sólo refiere al Código del Trabajo-, sino que involucra el entramado en que las relaciones laborales se desarrollan, es decir, también considera instancias como la Dirección del Trabajo, su manera ad hoc de fiscalizar, y la justicia en el ámbito laboral.
Después de años de un diagnóstico negativo sobre la justicia laboral, expresado en el consenso entre los actores del sistema, que la definieron como “inoportuna, lenta, formalista e ineficaz”, la “nueva justicia laboral” entró en funcionamiento el año 2009.
La reforma consistió en la creación de tres leyes, referidas tanto a aspectos orgánicos, como a la justicia laboral y previsional:
- la ley N° 20.022, crea los Juzgados de Cobranza Laboral y Previsional y los nuevos Juzgados de Letras del Trabajo.
- la ley N° 20.023, que modifica la ley 17.322, sobre normas para la cobranza judicial de cotizaciones, aportes y multas de las instituciones de seguridad social y
- la ley N° 20.087, que modifica el procedimiento del juicio del trabajo.
Los objetivos fueron: “Brindar un mejor acceso a la justicia y posibilitar la efectividad del derecho sustantivo, de tal forma que la justicia proporcionada sea eficaz y oportuna. Además busca la Agilización de los juicios del trabajo, la Modernización del sistema procesal laboral, la Configuración del proceso laboral como un instrumento de pacificación social; también Potenciar el carácter diferenciado del procedimiento laboral, del sistema procesal civil; y Diseñar un modelo concreto de tutela de los derechos fundamentales en el seno de las relaciones laborales.”[1] Esto se consideró un avance significativo de la nueva legislación.
Pero, ¿qué ha sucedido con la reforma a la justicia laboral en este ámbito? Al revisar datos sobre la tutela laboral de los Juzgados del Trabajo en la ciudad de Santiago[2], observamos lo que ha ocurrido con la implementación de la ley. Los antecedentes que se examinan, consideran el periodo que va desde el 31 de septiembre del 2009 al 30 de junio del 2012, constatan que ingresaron a los tribunales del trabajo 22.412 causas laborales y 1.462 causas de acción tutelar, estas equivalen al 5,89% del total de causas ingresadas.
No debemos olvidar que el Procedimiento de Tutela Laboral, se aplica respecto de los conflictos ocurridos durante la vigencia de la relación laboral por aplicación de las normas laborales que afecten los derechos constitucionales de los trabajadores;además de incluir la protección del trabajador en el caso de represalias del empleador o garantía de indemnidad. Asimismo, se aplica a las prácticas antisindicales o desleales y prácticas desleales en la negociación colectiva. También, se amplió a los casos de discriminación por desigualdad de trato, en relación a la remuneración entre trabajadores hombres y mujeres
- Del total de tutelas presentadas, en el 58% (764 causas) se produce conciliación[3].
- Y sólo en el 24% de estas (319 causas) se dictamina sentencia.
Surgen algunas preguntas sobre estos antecedentes, ¿es posible mediar un derecho humano fundamental?
A esto debe sumarse la reducción sostenida que ha tenido la acogida de las tutelas laborales en los tribunales del trabajo. Al observar los datos de los tres años consecutivos, observamos que:
- En el año 2009 se acogieron el 53,1% (17 causas) y se rechazaron el 46% (15 causas) de las tutelas laborales.
- En el año 2010 se acogieron el 24,4% y se rechazaron el 74,4% de las tutelas laborales.
- En el año 2011 se acogieron el 23,6% y se rechazaron el 74,8% de las tutelas laborales.
Al parecer existe una dificultad en el trato que se debe hacer de los derechos fundamentales que los trabajadores tienen y deben hacer exigir. Los jueces no alcanzan a distinguir la magnitud de un derecho fundamental y los tratan como un incumplimiento más. Es decir, no le reconocen la importancia y cuando se enfrentan a ello sólo tratan de llegar a conciliación, de esta forma mercantilizan un derecho que es irrenunciable y el cual tiene reconocimiento internacional, a través de convenios y cartas de derecho fundamental a nivel mundial.
Consultados algunos abogados dedicados exclusivamente a denunciar la vulneración de derechos fundamentales, existe consenso que si bien la ley exige “indicios” de vulneración, en general los tribunales exigen a los trabajadores “plena prueba” lo que desvirtúa este procedimiento, en definitiva. “No hay peor desigualdad que tratar como iguales, a quienes por naturaleza son desiguales”, nos señalan.
De esto se desprende la importancia de la transformación de la institucionalidad laboral, develando el continuo ideológico neoliberal que la permea. El que no reconoce derechos sólo libertades, y que exacerba el individualismo al máximo.
Avanzar en transformaciones, implica contar con tribunales del trabajo que aborden los derechos fundamentales en ese rango, pero además contar con una Dirección del trabajo que cumpla con la fiscalización sobre las empresas; esto es lo mínimo que se debe hacer.
La lucha también es contra la naturalización de este estado de cosas y la indolencia permanente. No hay que olvidar que el trabajo nos sigue constituyendo como seres humanos, por eso es vital considerar su centralidad y la forma en que lo desarrollamos diariamente, de esto dependerá nuestra felicidad.
[1] La Reforma a la Justicia Laboral Chilena en la Experiencia Reciente. Patricio Mella Cabrera- Rodolfo Walter Díaz. 2012
[2] Se consideraron los dos Juzgados del Trabajo de Santiago que son los que abarcan la mayor cantidad de estos juicios a nivel nacional ; cada uno de ellos integrado por 13 magistrados
[3] Se aplica el Art. 453, En la audiencia preparatoria se aplicarán las siguientes reglas: Terminada la etapa de discusión, el juez llamará a las partes a conciliación, a cuyo objeto deberá proponerles las bases para un posible acuerdo, sin que las opiniones que emita al efecto sean causal de inhabilitación. Producida la conciliación, sea ésta total o parcial, deberá dejarse constancia de ella en el acta respectiva, la que suscribirán el juez y las partes, estimándose lo conciliado como sentencia ejecutoriada para todos los efectos legales
Por
Katia Molina, Socióloga
Encargada del Área Laboral, ICAL
viernes, 26 de julio de 2013
A 60 AÑOS DEL CUARTEL MONCADA
Como luces de bengalas, las acciones revolucionarias del 26 de julio de 1953 despejaron las tinieblas sobre el universo cubano con el Programa del Moncada, capaz de redimir la Patria ultrajada y refundar la república.
El programa incluía la promulgación inmediata de cinco leyes revolucionarias y el estudio y posterior solución de los principales problemas que afectaban a la sociedad (reforma agraria, industrialización, salud, vivienda, desempleo y la educación).
En el plano de las ideas se vindicaba a José Martí (1853-1895), en el año del centenario de su natalicio, al ser declarado maestro y guía, autor intelectual de las acciones realizadas aquel amanecer por una nueva generación de jóvenes patriotas.
El desagravio a la memoria mancillada de Martí, por la dictadura militar de Fulgencio Batista y Zaldívar, instaurada por la fuerza el 10 de marzo de 1952, iba unido al propósito de redimir a cada compatriota huérfano de pan y justicia social.
Los moncadistas fueron algo más de un centenar de participantes, casi todos desconocida gente de pueblo, que juraron el Manifiesto del Moncada -aquella madruga antes de los combates-, con el fin de hacer una patria mejor, sueño supremo de Martí, el héroe nacional cubano.
Eran encabezados por Fidel Castro, abogado y antiguo dirigente estudiantil, que dio el paso al frente tras esperar inútilmente una reacción de las fuerzas opositoras contra los golpistas.
Allí estuvieron jóvenes obreros, empleados, campesinos, trabajadores en oficios diversos o desempleados, y solo media docena eran estudiantes, tres contadores profesionales y cuatro graduados universitarios, incluido su líder Fidel.
Cerradas otras vías, Fidel y sus compañeros de profundas convicciones martianas asumieron como moral y legítimo oponerse a la segunda dictadura batistiana y cambiar para bien la situación del país.
Fidel decía: “Hace falta echar a andar un motor pequeño que ayude a arrancar el motor grande”, recordaba después su hermano Raúl Castro.
“El motor pequeño sería la toma de la fortaleza del Moncada, la más alejada de la capital, la que, una vez en nuestras manos echaría a andar el motor grande, que sería el pueblo combatiendo”.
A pesar del fracaso en el terreno de los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, ocurridos esa mañana, su trascendencia marcó una nueva etapa en la historia de Cuba.
Según el plan militar, preparado minuciosamente, los objetivos eran tomar por sorpresa, con el menor derramamiento de sangre posible, la segunda fortaleza militar del país, luego de una noche de carnaval en la ciudad.
En su apoyo, también la pequeña guarnición de la ciudad de Bayamo, un punto estratégico, para impedir el paso de refuerzos de las guarniciones de Holguín y de Manzanillo.
Se completaba con la ocupación del centro de comunicaciones bayamés para interrumpir las líneas telefónicas y telegráficas, la estación de policía y la posterior voladura con dinamita de los puentes del río Cauto por personal de las Minas de Charco Redondo, comprometido en las acciones.
No se trataba de la búsqueda de un golpe de suerte en el plano militar, sino de una acción política a la que se iba a llamar al pueblo y poner en pie de lucha a amplios sectores de la población de conocida tradición patriótica, con las armas y municiones a ocupar en el cuartel Moncada.
Por medio de la radio serían difundidos una proclama o manifiesto sobre las raíces y objetivos del Movimiento, y el Programa del Moncada.
El ataque a los dos cuarteles comenzó simultáneamente (5.15 de la mañana) y uno a uno, con exactitud de minutos y segundos, previsto de antemano, fueron cayendo los edificios que rodean el Moncada.
Raúl Castro con siete hombres ocupó el Palacio de Justicia y Abel Santamaría con 21 el hospital civil Saturnino Lora, en apoyo al grupo de Fidel Castro, quien dirigió personalmente el ataque al Cuartel Moncada con 45 combatientes, precedido de ocho que tomaron la posta 3.
Pero circunstancias imprevistas hicieron que fallara el factor sorpresa en la toma de los enclaves militares, tanto en Santiago como en Bayamo.
El campamento pudo caer en manos de los revolucionarios de no haber sucedido el encuentro accidental de uno de los autos de los asaltantes con una patrulla exterior que se atrasó en su recorrido.
En Bayamo los asaltantes tropezaron con un depósito de latas vacías que no aparecía en las fotos tomadas del lugar, mientras se arrastraban hacia los muros de la fortaleza, lo cual alertó a la posta y se generalizó el tiroteo antes de tiempo.
En ambos casos, los asaltantes tuvieron que retirarse, debido a la superioridad del armamento del ejército; solo ocho combatientes murieron en combate y más de 50 fueron asesinados en los días sucesivos, después de sufrir vejámenes y torturas.
EL MONCADA ANTES Y DESPUES
Meses antes Fidel Castro, entonces de solo 25 años de edad, trató de llevar a los tribunales, sin éxito, a quienes violaron la Constitución de la República y eliminaron el juego democrático-representativo en la nación.
Solicitó el 24 de marzo de 1952, al Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales juzgar y sancionar a los autores de ese hecho anticonstitucional cometido por los usurpadores del poder.
En su detallada argumentación jurídica señaló que Batista incurrió en delitos cuya sanción lo hacen acreedor de más de cien años de cárcel. El golpe militar del ex dictador Batista -desde antiguo aliado de Estados Unidos-, impidió la celebración de los comicios presidenciales el primero de junio de 1952, e instauró un nuevo régimen represivo que otra vez enlutó al pueblo e incrementó la pobreza de la mayoría.
Fidel logró entrenar y organizar en secreto a más de mil hombres, de los que seleccionó poco más de un centenar por la carencia de armas.
Los futuros combatientes, en su mayoría de la juventud ortodoxa radical, habían tomado conciencia de los males sociales y políticos en la campaña anticorrupción administrativa del desaparecido líder de la Ortodoxia, Eduardo Chibás (1907-1951).
Las acciones del 26 de julio despertaron la conciencia nacional en apoyo y simpatía de los moncadistas, unos presos o perseguidos; otros muertos.
Los huesos y la sangre generosa de los caídos cimentaron el martirologio de unos 20 mil cubanos que ofrendaron sus vidas en la lucha contra la tiranía (1952-1958).
Pocos años después y siempre con Martí a la vista, en un difícil camino de fracasos y éxitos, llegó la derrota del régimen neocolonial pro-imperialista y el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959.
Durante 1959 y 1960 se realizó plenamente el programa de leyes y medidas revolucionarias enunciadas en el Programa del Moncada, luego de lo cual la Revolución cubana emprendió pasos más avanzados de corte socialista.
Por Marta Denis Valle *Historiadora, periodista y colaboradora de
Prensa Latina
La Habana, 19 de julio 2013
Prensa Latina
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