COMISION DE EDUCACION REGIONAL SUR "VICTOR DIAZ LOPEZ" PARTIDO COMUNISTA DE CHILE- educacionregionalsur@gmail.com
CHILE
miércoles, 25 de febrero de 2015
¿POR QUÉ CUBA ES DIFERENTE?
El aislamiento de la Unión Soviética desde el triunfo bolchevique en 1917 hasta 1933, cuando fue reconocida por la administración de Franklin D. Roosevelt, duró 16 años, y el de la República Popular China 23. La cuarentena internacional a que fueron sometidos los dos gigantes del comunismo, es poco más de la mitad de los cincuenta y cinco años que ha durado el bloqueo a Cuba.
En 1949, tras cuatro años después de la capitulación, Estados Unidos cesó la ocupación de Alemania y, en 1952, siete años después del fin de la II Guerra Mundial, firmó un tratado de paz con Japón, hizo las maletas y se marchó.
Los bolcheviques, encabezados por Lenin, Trotski y Stalin, tomaron el poder en una sexta parte del planeta, retaron al capitalismo y se propusieron realizar una revolución mundial, y China sumó al empeño la fuerza formidable de los mil millones de almas del país más poblado de la tierra. Alemania promovió la más grande de las guerras, que involucró a 61 países y ocasionó alrededor de 60 millones de muertos, mientras Japón, además del artero ataque a Pearl Harbor, ocasionó la muerte de unos 50 000 jóvenes estadounidenses.
Con Cuba todo fue diferente y más cruel. Por el legítimo, y humilde empeño de derrocar a un dictador, hacer una reforma agraria y promover el progreso de un pequeño país que optó por el socialismo, ha recibido una sanción desmesurada. Cuando, después de 50 años de absurda contienda un presidente en estado de gracia dice, ¡Basta!, encuentra una inusitada resistencia.
Franklin D. Roosevelt no tuvo la menor dificultad no sólo para reconocer a la URSS, sino para convertir al temible Stalin en su mejor aliado en la II Guerra Mundial; Harry Truman no solo recorrió el camino para el restablecimiento del sistema político y la soberanía de Alemania y Japón, sino que mediante el Plan Marshall, destinó 13 000 millones de dólares en 1947 para la reconstrucción de Europa, incluyendo a sus antiguos archienemigos a los que convirtió en estrechos aliados.
En 1971 Nixon envío a Henry Kissinger a negociar con Zhou Enlay, y un año después él mismo fue a Beijing a reunirse con Mao Zedong, sin que ningún congresista estadounidense se rasgara las vestiduras ni lo considerara traidor.
Eisenhower no fue llamado a explicar por qué firmó con Corea del Norte un armisticio sin victoria, ni Kennedy rindió cuentas por dar luz verde a la invasión de bahía de Cochinos, ni por asumir su responsabilidad en la derrota de aquel desafortunado empeño.
¿Por qué con Cuba es diferente? Al parecer se trata de un enfoque geopolítico que consideró a Cuba más allá de como “vecino predilecto” como un condado norteamericano y cargó contra Fidel Castro, como lo hiciera Lincoln contra los sureños separatistas. La diferencia es que Cuba nunca fue un estado de la Unión, ni los hermanos Castro hicieron la revolución en Hialeah. Allá nos vemos.
por Jorge Gómez Barata
Fuente: Moncada, Grupo de Lectores en el Mundo
PC VALORA QUE BACHELET HAYA ABORDADO EL TEMA DÁVALOS "APENAS REINICIÓ SUS ACTIVIDADES"
"Después de las exigencias que se hicieron desde la derecha a Sebastián Dávalos, es necesario que renuncien las y los senadores y diputados de la UDI involucrados en el caso Penta", exhortó además la tienda de la Nueva Mayoría a través de una declaración pública.
A través de una declaración pública de 4 puntos, el Partido Comunista valoró las palabras de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, respecto al caso de su hijo Sebastián Dávalos, y al mismo tiempo arremetió contra la derecha por el caso Penta exigiendo la renuncia de los parlamentarios UDI involucrados en el financiamiento irregular de campañas.
"Es importante que la jefa de Estado se haya referido al tema apenas reinició sus actividades, tal como ella lo afirmó, enfrentando la situación ante la ciudadanía. Es fundamental la reiteración de Michelle Bachelet del compromiso de trabajar para que en el país se avance en igualdad, equidad, justicia, donde las oportunidades sean para todas y todos, sin privilegios de ninguna índole", indica la declaración PC, valora la oportunidad y los conceptos vertidos por la Presidenta en su intervención al retorno de sus vacaciones.
Según la tienda integrante de la Nueva Mayoría, "las situaciones de Caval, está en manos de entidades investigadoras y sólo resta esperar las conclusiones judiciales. En ello se ha visto una actitud responsable y respetuosa de parte del Gobierno", plegándose además al llamado de la Mandataria a regular la relación entre el dinero y la política.
Al finalizar, el PC dice esperar que "avancen las investigaciones sobre ilícitos en los casos Penta y SQM y que los responsables de delitos tributarios y financieros asuman las sanciones y penas fijadas por la ley. Reiteramos que dados los antecedentes con que cuenta la opinión pública y el reconocimiento tácito o explícito de algunos de ellos, y después de las exigencias que se hicieron desde la derecha a Sebastián Dávalos, es necesario que renuncien las y los senadores y diputados de la UDI involucrados en el caso Penta, y al mismo tiempo asuman sus responsabilidades penales y políticas".
fuente : la nación
martes, 24 de febrero de 2015
LENINGRADO : UN A HAZAÑA DECISIVA
En el mes de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi invaden el territorio de la Unión Soviética: es la llamada “Operación Barbarroja”.
El 8 de septiembre del mismo año da comienzo el sitio de Leningrado, que sólo será levantado el 27 de enero de 1944.
Fundada por el zar Pedro el Grande el 16 de mayo de 1703, capital de su imperio, San Petersburgo había cambiado en el curso de la Primera Guerra Mundial su nombre germano por el ruso Petrogrado, y pasó a llevar, tras su muerte en 1924, el del creador del Estado Soviético, Vladimir Ilich Lenin.
“La ciudad de las tres revoluciones”, la llamaba Lenin, aludiendo a la de
1905, cuando una multitud desarmada se encaminó hacia el Palacio de Invierno, residencia del zar, obteniendo como respuesta una represión que causó más de mil muertos: el “Domingo Sangriento”; y las
de febrero y octubre (noviembre en el Calendario Gregoriano) de 1917.
El largo sitio a la ciudad fue favorecido por un clima que no permitía la provisión de alimentos ni armas al no estar congeladas las aguas del mar Báltico y los lagos que la bañan.
La ciudad capital del imperio zarista era en sí misma, por la magnificencia de sus palacios y la insolente ostentación del lujo de los privilegiados, una denuncia de la injusticia prevaleciente y un argumento eficaz para todos aquellos que venían luchando por superar el estadio de esclavitud y servidumbre de las grandes masas urbanas y campesinas.
Ciudad de encajes de mármol, con puentes adornados de bellas esculturas ecuestres o mitológicas, la llamada “Venecia del Norte” resistió un asedio que cada día profundizaba los sufrimientos y sacrificios de sus habitantes.
El primer año de la guerra tras la invasión nazi fue terrible en la ciudad sitiada. Se carecía de combustible, de energía eléctrica; los tranvías y los troleybuses estaban inmovilizados; las cañerías de agua, congeladas; el hambre acechaba inmisericordemente a sus habitantes. Parecía imposible subsistir en esas condiciones y la prensa fascista predecía diariamente su caída inminente. Durante ese invierno trágico, las calles estaban desiertas, los incendios se alumbraban por todas partes incendiarias y las pesadas bombas atravesaban literalmente los edificios. Pero Leningrado vivía y luchaba, sus defensores libraban un combate a muerte.
En los museos de la ciudad se exhibía hasta hace poco las raciones que diariamente se distribuían a sus habitantes, distinguiendo la composición de trigo o harina de maíz en el pan según su condición: combatientes, trabajadores (fundamentalmente mujeres), niños, embarazadas…
Incansablemente, los ejércitos de la Alemania hitleriana lanzaban sus oleadas de bombas y ataques aéreos y terrestres, pero la ciudad resistía.
Para Hitler y su Estado Mayor, “tomarse” la antigua capital zarista que llevaba el nombre del odiado fundador del Estado Socialista, era una obsesión. Tras su cumplimiento, miles de jóvenes soldados alemanes dejaron su vida ante esas murallas inexpugnables, defendidas a pura conciencia y valor.
Leningrado, Stalingrado… allí comienza la derrota de la “La Bestia Parda”, hasta la llegada del Ejército Rojo a Berlín y la rendición de los restos de la maquinaria bélica del Tercer Reich.
“La ciudad de las tres revoluciones”, la llamaba Lenin, aludiendo a la de
1905, cuando una multitud desarmada se encaminó hacia el Palacio de Invierno, residencia del zar, obteniendo como respuesta una represión que causó más de mil muertos: el “Domingo Sangriento”; y las
de febrero y octubre (noviembre en el Calendario Gregoriano) de 1917.
El largo sitio a la ciudad fue favorecido por un clima que no permitía la provisión de alimentos ni armas al no estar congeladas las aguas del mar Báltico y los lagos que la bañan.
La ciudad capital del imperio zarista era en sí misma, por la magnificencia de sus palacios y la insolente ostentación del lujo de los privilegiados, una denuncia de la injusticia prevaleciente y un argumento eficaz para todos aquellos que venían luchando por superar el estadio de esclavitud y servidumbre de las grandes masas urbanas y campesinas.
Ciudad de encajes de mármol, con puentes adornados de bellas esculturas ecuestres o mitológicas, la llamada “Venecia del Norte” resistió un asedio que cada día profundizaba los sufrimientos y sacrificios de sus habitantes.
El primer año de la guerra tras la invasión nazi fue terrible en la ciudad sitiada. Se carecía de combustible, de energía eléctrica; los tranvías y los troleybuses estaban inmovilizados; las cañerías de agua, congeladas; el hambre acechaba inmisericordemente a sus habitantes. Parecía imposible subsistir en esas condiciones y la prensa fascista predecía diariamente su caída inminente. Durante ese invierno trágico, las calles estaban desiertas, los incendios se alumbraban por todas partes incendiarias y las pesadas bombas atravesaban literalmente los edificios. Pero Leningrado vivía y luchaba, sus defensores libraban un combate a muerte.
En los museos de la ciudad se exhibía hasta hace poco las raciones que diariamente se distribuían a sus habitantes, distinguiendo la composición de trigo o harina de maíz en el pan según su condición: combatientes, trabajadores (fundamentalmente mujeres), niños, embarazadas…
Incansablemente, los ejércitos de la Alemania hitleriana lanzaban sus oleadas de bombas y ataques aéreos y terrestres, pero la ciudad resistía.
Para Hitler y su Estado Mayor, “tomarse” la antigua capital zarista que llevaba el nombre del odiado fundador del Estado Socialista, era una obsesión. Tras su cumplimiento, miles de jóvenes soldados alemanes dejaron su vida ante esas murallas inexpugnables, defendidas a pura conciencia y valor.
Leningrado, Stalingrado… allí comienza la derrota de la “La Bestia Parda”, hasta la llegada del Ejército Rojo a Berlín y la rendición de los restos de la maquinaria bélica del Tercer Reich.
“La Gran Guerra Patria”
“La Gran Guerra Patria” fue una de las canciones más famosas en la Unión Soviética. Fue escrita por Vasili Lébedev-Kumach durante los primeros días de la invasión por el ejército alemán, la música es de Aleksandr Aleksándrov, fundador del Coro del Ejército Rojo y compositor del Himno nacional de la Unión Soviética.
“¡Levántate, país colosal!
Levántate para el combate mortal,
contra la oscura fuerza fascista,
contra la horda maldita.
¡Que una noble furia
hierva como las olas!
Esta es la guerra del pueblo,
¡Una guerra sagrada!
Repeleremos a los estranguladores
de las ideas ardientes.
Violadores, saqueadores,
torturadores del género humano.
Las alas oscuras no osarán
volar sobre la Madre Patria.
¡Y sus vastos campos
el enemigo no osará pisotear!
A la podrida inmundicia fascista
le meteremos una bala en la frente.
¡Para la hez de la humanidad,
forjaremos un fuerte ataúd!”
“La Gran Guerra Patria” fue una de las canciones más famosas en la Unión Soviética. Fue escrita por Vasili Lébedev-Kumach durante los primeros días de la invasión por el ejército alemán, la música es de Aleksandr Aleksándrov, fundador del Coro del Ejército Rojo y compositor del Himno nacional de la Unión Soviética.
“¡Levántate, país colosal!
Levántate para el combate mortal,
contra la oscura fuerza fascista,
contra la horda maldita.
¡Que una noble furia
hierva como las olas!
Esta es la guerra del pueblo,
¡Una guerra sagrada!
Repeleremos a los estranguladores
de las ideas ardientes.
Violadores, saqueadores,
torturadores del género humano.
Las alas oscuras no osarán
volar sobre la Madre Patria.
¡Y sus vastos campos
el enemigo no osará pisotear!
A la podrida inmundicia fascista
le meteremos una bala en la frente.
¡Para la hez de la humanidad,
forjaremos un fuerte ataúd!”
Y así fue. A pesar de los indecibles sufrimientos de todo un pueblo, las batallas de Leningrado y de Stalingrado, así como otros gigantescos enfrentamientos con el invasor, concluyeron con la liberación de los territorios de la Unión Soviética y la marcha hacia Berlín que marcó el final de la conflagración bélica más gigantesca de la historia de la humanidad. Decisiva en la victoria aliada fue la contribución de los pueblos de la Unión Soviética y un lugar de honor lo ocupan quienes en Leningrado resistieron más allá de las fuerzas y la resistencia humanas.
En su “Canto de amor a Stalingrado”, escribió Pablo Neruda:
“Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul enrarecido,
ahora dónde están, Stalingrado?”
Fernando Quilodrán
En su “Canto de amor a Stalingrado”, escribió Pablo Neruda:
“Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul enrarecido,
ahora dónde están, Stalingrado?”
Fernando Quilodrán
lunes, 23 de febrero de 2015
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