CHILE

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miércoles, 1 de abril de 2015

EN EL HOMBRE DEL PADRE .( Fernando Villagrán))

Víctor Díaz López nació en Ovalle el 10 de noviembre de 1919 y murió en una fecha escondida por sus asesinos … dicen que a comienzos de 1977. De su largo y cruel cautiverio en el cuartel Simón Bolívar de la DINA —un infierno desde el cual ningún prisionero salió con vida— solo pueden hablar ex agentes del Estado, entrenados para torturar, matar y mentir. Con todo, lo que narra el autor de esta acuciosa investigación es una historia de vida: la que transitó Víctor Díaz desde niño quien pudo cursar hasta tercero de Preparatoria obligado a trabajar para ganarse el pan de los suyos. Minero adolescente, obrero autodidacta, joven dirigente sindical en el Norte Grande optó por una temprana militancia en el Partido Comunista liderado por Elías Lafferte. Fue una vida intensa, marcada por la larga clandestinidad en tiempos de la Ley Maldita y por la más riesgosa de los primeros años de dictadura, cuando estuvo a la cabeza de la dirección de su partido hasta ser secuestrado por la DINA el 12 de mayo de 1976.
EN EL NOMBRE DEL PADRE es también un conmovedor relato íntimo, aquel que Víctor Díaz compartió con Selenisa Caro, joven católica y su temprano amor nortino. Un vínculo marcado por sobrecogedores episodios, que se haría indestructible y se proyectó en la vida de Victoria, Viviana y Víctor, sus hijos, quienes durante largas décadas desafiaron con valentía la mentira oficial, protagonizando capítulos estremecedores para aproximarse a la verdad y ansiada justicia.
Este libro entrelaza la historia de Chile de agitadas décadas con la cotidianidad desconocida de un protagonista de momentos decisivos, así como la de decenas de mujeres y hombres que llenan de emoción estas páginas. Una historia colectiva que siguen compartiendo con miles de familiares de detenidos desaparecidos.
Extracto:
CAPITULO 7
LOS TIEMPOS DE HORIZONTE
Después de conseguir trabajo como obrero en una imprenta de calle Vergara. cerca del centro de Santiago, el año 1951, Víctor ingresó a la imprenta Horizonte, de propiedad del Partido Comunista, donde, entre otras publicaciones, se imprimía el diario El Siglo. Allí aprendió bien el oficio vinculado a las linotipias, pasando por diferentes secciones de la empresa, asumiendo también responsabilidades sindicales, hasta ocupar el cargo de jefe de producción,
Américo Zorrilla, otro de los dirigentes históricos del PC que du¬rante el gobierno de la Unidad Popular llegaría a ocupar el cargo de ministro de Hacienda y que posteriormente formó parte de la dirección clandestina del PC en los primeros artos después del gol pe de Estado de 1973 conoció a Víctor Díaz en sus labores en esa imprenta:
Desde 1952 nos correspondió trabajar jautos en la empresa editora "Horizonte". Sacar adelante y mantener en buen pie la empresa que imprimió el diario del Partido exigía superar dificultades de toda naturaleza. Pude apreciar cómo Víctor Díaz, formado como minero y dirigente político, se transformaba rápidamente en un técnico de alta calificación en la compleja industria gráfica., Audazmente, lo dirección del Partida lo nombró Jefe de Producción, lo que significaba dejar en sus manos el funcionamiento de talleres cuyas tareas eran múltiples y difíciles. Con aquella vieja rotativa, que ya tenía varios decenios de servicios, y con uno decena de linotipias no muy nuevas, se sacaban dos diarios. El Siglo y Ultima Hora, lo revista Vistazo y durante un período, también Ercilla, además de una serie de publicaciones gre¬miales. Cada día de lo semana se imprimía una revista distinta. Y toda la organización de turnos de trabajo, distribución de equipos, plani¬ficación de las tareas por cada sección, para cada compañero para………

El autor:
Fernando Villagrán(Santiago, 1949) es economista(Universidad de Chile) y periodista(Universidad de Santiago)
En 2003 recibió el premio Altazor.Ese mismo año publicó, en coautoría con Marcelo Mendoza:La muerte de Pinochet:Crónica de un delirio. En 2005 Represión en Dictadura.El papel de los civiles(coautoría con Manuel Délano,Manuel Salazar y Felipe Aguero). En 2011, Simón Rodríguez: Las reflexiones del educador americano que vence el paso de los siglos(Catalonia).
En 2013, publicó la edición aumentada de Disparen a la Bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra bachelet y otros. (Catalonia).
Fur subdirector y gerente de revista APSI (1983-1995). Desde 1996 conduce el programa cultural de televisión Off The Record(actualmente emitido por Canal 13C).Es coguionista y productor del documental El Diario de Agustín.

MUNICIPIOS Y DESAFÍOS EN GESTIÓN DEL RIESGO .

/ Los lamentables hechos que se enmarcan en las fuertes lluvias que han caído en la zona Norte y Centro del país, nos hacen reflexionar una vez más sobre los riesgos a los cuales estamos afectos al vivir en Chile.
A lo largo de esta “loca geografía”, se presentan una serie de eventos que desestabilizan nuestro cotidiano vivir. En este caso son fuertes lluvias, nada menos que en el desierto más árido del mundo. Y es esta coyuntura la que nos vuelve a recordar lo propenso que somos a incendios forestales, terremotos, tsunamis, volcanismo, derrumbes, aludes, crecidas de ríos, entre otros.
Lo lamentable de esto no es que vivamos en un país con inminentes riesgos, sino que no nos pre-ocupamos de aquello. Ninguno de los eventos mencionados anteriormente es nuevo en la historia de nuestro país, ninguno es algo que “no se podía prevenir” o a lo menos “amortiguar”.
Cada vez que alguna de estas tragedias ocurre, las muestras de solidaridad se expresan a lo largo del país (y de la Región), cosa que no deja de ser necesaria, ya que ha quedado demostrado que muchas veces las capacidades del Estado (más allá de quien lo gobierne) se ven sobrepasadas por las coyunturas. Es por esto que no podemos quedarnos simplemente en una crítica vacía y simplista a la respuesta estatal hacia las emergencias o, como lo hacen otros, esperando algún beneficio político.
Para llegar a las propuestas necesarias que hagan de la crítica un aporte, hay que adentrarse en las políticas de gestión del riesgo en nuestro país. Es así que aparecen dos factores fundamentales.
En primer lugar, la falta de una institucionalidad adecuada, que dialogue en todos sus niveles y que sea capaz de generar los grados de sinergia necesarios para estar a la altura de las situaciones que lamentablemente vive nuestro país de forma periódica.
En segundo término, la lógica de actuar cuando son emergencias y no amenazas. Esto nos lleva a entender que no basta solo con crear nuevas instancias o más recursos (cosa que no deja de ser importante). Esto requiere un cambio de visión, de paradigmas respecto a la gestión del riesgo. Dicho debate debe ser profundo, reformando estructuras y visiones de país, pasando por la misma Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior (ONEMI), la cual precisamente es una Oficina de Emergencias, y hasta el otro extremo donde tenemos a la institucionalidad más visible del Estado, los Municipios. Quienes se les atribuye la responsabilidad (sin el traspaso de recursos necesarios) de gestionar el riesgo en sus comunas.
En la gestión municipal se entiende que el riesgo está definido en las Zonas No Edificables declaradas en los Planes Reguladores. Esto ya presenta varios problemas. En primer lugar, los Planes Reguladores son urbanos, salvo en el caso de los instrumentos intercomunales que en su estudio deben identificar las zonas de riesgo del área rural pertinente. Entonces, según esta lógica, el riesgo solo existe en las comunas con Planes Reguladores Intercomunales (PRI) y en las áreas urbanas donde exista un Plan regulador Comunal (PRC). ¿Y qué pasa con el resto del territorio? También hay que tomar en cuenta que alrededor del 30% de las comunas no tiene PRC, por otra parte, los que existen pueden estar desactualizados incluso por décadas.
Un detalle no menor, es que la legislatura sobre el riesgo es relativamente nueva (alrededor de 20 años) y bastante dinámica. Recién para el 27F se incluyeron a las inundaciones por tsunamis como “zonas de riesgo” y a raíz de la tragedia de Valparaíso el año pasado comenzó recién la discusión sobre las zonas propensas a incendios. Esta evidente carencia de identificación del riesgo es la más grande vulnerabilidad que vivimos como país frente a las amenazas latentes.
Si bien todos sabemos que los femémonos que se viven no son “accidentes” naturales, las normas urbanísticas siguen siendo flexibles frente a la presión del mercado, donde por abaratar costos se construyen puentes que cada cierto tiempo se inutilizan (“de aquí a que el rio Copiapó crezca, ya no estaremos aquí”), techos que no están diseñados para soportar ni un poco de lluvia (“¿para qué gastar en techos si en el desierto no llueve?), poblaciones enteras en altas pendientes (en el Norte aun no se olvidan de los aludes del ´91). Lamentablemente son las normas las que se adecuan a las grandes inmobiliarias y constructoras, y no al revés.
Ahora bien, el problema fundamental de que el riesgo recaiga en las Municipalidades es la gran asimetría en términos de recursos y de dimensiones que presentan las Comunas a lo largo del país. El autofinanciamiento de estas es la que condiciona la calidad, la frecuencia y lo riguroso de los estudios que dan origen a los Planes Reguladores y por consecuencia a la identificación de riesgos.
Las catástrofes que sufren nuestros compatriotas en las zonas afectadas son mera consecuencia de una escasa o nula planificación de los asentamientos y la falta de normas adecuadas que vayan en el sentido de la protección y el buen vivir y no en beneficio del mercado.
Aunque es importante una reformulación profunda también es posible avanzar en el mediano y corto plazo, utilizando la institucionalidad que existe, pues si bien los PRC no cubren todo el territorio comunal se pueden utilizar los Planes de Desarrollo Comunal (PLADECO), los cuales a pesar de ser simplemente indicativos, tienen competencia en toda la comuna, así también pueden gestionarse Circulares y Ordenanzas a nivel local que regulen de forma transitoria los riesgos y las normas de construcción, a la espera de que la discusión nacional de las reformas necesarias que el país necesita en términos de planificación.
Hoy son los Municipios los que se ven sobrepasados en el modo de tratar los riesgos, pero es el Estado en su conjunto quien debe hacerse cargo, transfiriendo no solo responsabilidades a las comunas sino que recursos, creando instancias de planificación y gestión que superen las divisiones administrativas actuales (que dicho sea de paso, no responden a las estructuras territoriales idóneas para la gestión del riesgo), comprendiendo que para la gestión del riesgo es necesaria dar la discusión de cara a la gente, pues son ellos quienes finalmente vivirán allí. Por último es necesario entender que no podemos poner en la balanza ahorro económico de empresas por una parte y la vida de las personas por otra. Hacer caso omiso de la gestión del riesgo en nuestro país, es seguir esperando con los dedos cruzados un nuevo desastre

Paolo Alarcón. Encargado Programa Municipio y Territorio. ICAL/ .

fuente : ical

martes, 31 de marzo de 2015

BIOGRAFÍA DE FEDERICO GARCÍA LORCA

(Fuente Vaqueros, España, 1898 - Víznar, id., 1936) Poeta y dramaturgo español. Los primeros años de la infancia de Federico García Lorca transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino, para después ir a estudiar a un colegio de Almería.
Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.
A partir de 1919, se instaló en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Machado, y trabó amistad con poetas de su generación y artistas como Buñuel o Dalí. En este ambiente, Lorca se dedicó con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y el dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. Sin embargo, su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, fue un fracaso.
En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. Sin embargo, el reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, de Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid de Mariana Pineda, drama patriótico.
Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba en Canciones, escribió una obra basada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado, con el que experimenta por primera vez lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta, y que llevó a su plena madurez con el Romancero gitano(1928), que obtuvo un éxito inmediato. En él se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo perseguido de los gitanos, personajes marginales marcados por un trágico destino. Formalmente, Lorca consiguió un lenguaje personal, inconfundible, que reside en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.
Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad imprimió en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicada póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada de hoy. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores obras dejan paso en esta otra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas, que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la poética personal de Lorca.
De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por el teatro, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, a excepción de dos libros de poesía:Diván del Tamarit, conjunto de poemas inspirados en la poesía arabigoandaluza, y elLlanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), hermosa elegía dedicada a su amigo torero, donde combina el tono popular con imágenes de filiación surrealista.
Federico García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y 
Cipriano Rivas en la presentación de Yerma (1934)
Las últimas obras de Federico García Lorca son piezas teatrales. Yerma (1934) es una verdadera tragedia al modo clásico, incluido el coro de lavanderas, con su corifeo que dialoga con la protagonista comentando la acción. Parecido es el asunto en Bodas de Sangre (1933), donde un suceso real inspiró el drama de una novia que huye tras su boda con un antiguo novio (Leonardo). La huida, llena de premoniciones, en la que la propia muerte aparece como personaje, presagia un final al que se viene aludiendo desde la primera escena y en el que ambos hombres se matarán, segando así la posibilidad de continuidad de la estirpe por ambas ramas y renovando la muerte del padre del novio a manos de la familia de Leonardo. De esta manera, la pasión y la autobúsqueda concluyen con la destrucción de todo el orden establecido.
Entre toda ellas destaca La Casa de Bernarda Alba (1936), donde la pasión por la vida de la joven Adela, encerrada en su casa junto con sus hermanas a causa del luto de su padre y oprimida bajo el yugo de una madre tiránica, se rebelará sin temor a las últimas consecuencias. De esta manera, su pasión por la vida se estrellará contra el muro de incomprensión de su familia concluyendo todo con su eliminación. Junto con la figura de la protagonista, destaca la serie de retratos femeninos que realiza el autor, desde la propia Bernarda hasta la vieja criada confidente de todas (La Poncia), la hermana amargada y envidiosa (Martirio) o la abuela enloquecida que se opone a la tiranía de Bernarda.
La casa de Bernarda Alba, considerada su obra maestra, fue también la última, ya que ese mismo año, al estallar la guerra civil, fue detenido por las fuerzas franquistas y fusilado diez días más tarde, bajo acusaciones poco claras que señalaban hacia su papel de poeta, librepensador y personaje susceptible de alterar el «orden social».

Final de La casa de Bernarda Alba 
en el manuscrito autógrafo de Lorca
BIOGRAFÍAS Y VIDAS

DERECHOS HUMANOS EN EEUU : UNA MATERÍA PENDIENTE

Desde 1976, se ha aplicado la pena de muerte a 1264 personas
La pena de muerte es la última e irreversible negación de los derechos humanos, según declara la organización internacional Amnistía Internacional. Parece que el gobernador del estado de Utah, Gary Herbert, no comparte esta premisa; ya que ha promulgado recientemente que las personas con sentencia de muerte serán ejecutadas por un pelotón de fusilamiento. Explica el gobernador que tendrá que usar este método porque ya no llegan asiduamente los químicos fabricados y comercializados en Europa para realizar la inyección letal.
Es que los europeos se niegan a exportar estos químicos, porque ya saben que uso tendrán. No parece casualidad esta postura en el viejo continente, ya que la mayoría de los países están en contra de la pena de muerte. Si observamos organismos de integración internacionales como el G8, Estados Unidos es el único donde todavía se aplica la pena máxima; en cambio en el G20, esta medida es compartida por China y Arabia Saudita; y dentro de la Organización Para la Seguridad y Cooperación de Europa, solo Bielorrusia acompaña al país del norte en la aplicación de esa condena.
La historia de la ejecución, tiene larga data en la historia de Estados Unidos. La primera sentencia de muerte registrada en las colonias británicas de Norteamérica, se llevó a cabo en 1608. La primera víctima fue el capitán George Kendall, ejecutado por un pelotón de fusilamiento, acusado de espiar para el gobierno español. En 1612, el gobernador de Virginia, Thomas Dale promulgó la Divinidad, Moral y leyes marciales, que conllevaban la pena de muerte por delitos incluso menores como, robo de uvas, matar pollos y comercio con los indios. Las leyes relativas a la pena de muerte variaban de una colonia a otra, pero no todos estaban de acuerdo con estas medidas. Influenciados por el movimiento abolicionista que tenía sus raíces en Montesquieu, Voltaire, Bentham, algunas colonias fueron suprimiendo la pena capital. La primera fue Michigan, en 1846. Durante la guerra civil la oposición a la pena de muerte se desvaneció, ya que el movimiento contra la esclavitud estaba en el centro de atención. Después de la guerra se desarrollaron nuevos métodos de ejecución; como la silla eléctrica, construida en Nueva York en 1888.
Más adelante entre 1920 y 1940, con la revolución rusa, la primera y segunda guerra mundial y la depresión económica con sus conflictos de clase intensos hace que emerjan las luchas de los partidos socialistas desafiando por primera vez al capitalismo. Como contrapartida, la derecha apoyada en el terreno propagandístico, ayuda a incrementar la paranoia y el miedo de la población; y en ese marco avanzan nuevos métodos de ejecuciones, como el uso de gas de cianuro en 1924. El año 1930 fue claro ejemplo de estas pujas políticas y sociales; ya que fue cuando se produjeron más ejecuciones en Estados Unidos que en toda su historia, un promedio de 167 por año, (Bohm, 1999 y Schbas, 1997).

Ejecuciones y Minorías

Las mayores ejecuciones en masa de la historia de este país, se llevaron a cabo contra minorías. En 1862, 38 indios americanos fueron condenados por violación y asesinato y ahorcados simultáneamente en Mankato, Minnesota. En 1917 se ejecutaron a 13 soldados afroamericanos por tomar parte en el motín sucedido en Houston.
La geografía y la raza son factores importantes en las decisiones de pena de muerte
Es interesante como desde épocas tempranas, los castigados eran los mismos, que hoy en día. Según estudios realizado en el año 2003, por la Universidad de Maryland, se llegó a la conclusión que la geografía y la raza son factores importantes en las decisiones de pena de muerte. Los fiscales son más propensos a pedir la pena capital cuando la víctima es de raza blanca y menos propensa cuando la víctima es afroamericana. Estos estudios son reforzados por American Civil Liberties Unión (ACLU), que reporta en Octubre de 2002, que 12 personas han sido ejecutadas; el demandado era blanco, y la victima negra, en comparación con 178 acusados negros ejecutados por asesinatos con victimas blancas.
Desde que la pena de muerte se reinstalo en 1976, hay 1264 personas asesinadas, incluidas 12 mujeres. El 43%, pertenecen a la raza blanca, el 42% afroamericanos, el 3% asiáticos y el 13% latinos. Si tomamos en cuenta que la población negra es de 45 millones, y los blancos 62.6%, proporcionalmente la cantidad de ciudadanos afroamericanos ajusticiados es mayor.
En cuanto a la geografía, de los 32 estados donde se practica las ejecuciones desde 1976, el 82% se ubican en el sur. Siendo los estados con más números de ejecuciones: Texas 522, Oklahoma 112, Virginia 110, Florida 90, Misuri 82, Georgia 57, Alabama 56, Ohio 53, Carolina del Norte 43, Carolina del Sur 43 y Arizona 37. De acuerdo a Amnistía Internacional, hay 103 países en el mundo que han abolido la pena de muerte totalmente, 6 lo aplican en circunstancias excepcionales, 50 solo por delitos comunes, pero no lo han utilizado durante al menos 10 años pero 36 mantienen la pena de muerte en la legislación y en la práctica. Entre los últimos, se encuentra Estados Unidos, que según datos de M.Watt y Juan Ortiz Smykla, desde 1608 hasta 2002, han ejecutaron 15.269 personas. Aunque la población norteamericana, ha ido evolucionando y cambiando su posición sobre este tema, ya que en 1996, el 78% estaba a favor de la aplicación de la pena capital y en 2013, esta cifra se redujo al 55%; organizaciones de suma importancia como The American Bar Association, Catholics Against Capitol Punishment,Episcopal Peace Fellowship, Progressive Jewish Alliance, Amnesty International USA, entre muchas otras, siguen alzando sus voces para que definitivamente se elimine la pena de muerte en este país.
Por Anahi Rubin

FUENTE : CUBADEBATE 

lunes, 30 de marzo de 2015

HUGO CHÁVEZ EN EL CAMINO BOLIVARIANO .

Hugo Chávez es, hasta para sus enemigos, una de las personalidades más significativas de la historia venezolana y del mundo contemporáneo.
Una veintena de años, desde su aparición pública el 4 de febrero de 1992 hasta su prematura muerte en el ejercicio de la presidencia el 5 de marzo de 2013, abarcó su relativamente breve paso por la política si lo comparamos con la mayoría de las personalidades de la política venezolana del siglo XX. Pero la impetuosidad y los resultados de su marcha, especialmente desde su acceso a la más alta magistratura, le valieron en vida un elevado reconocimiento dentro y fuera de su país. Fue, probablemente, el político venezolano más controvertido y más universal del siglo XX y de lo que va del XXI.
Semejante hombre, y las circunstancias en que se desenvolvió y que él mismo contribuyó a desarrollar, han dado lugar a un enorme volumen de textos, no solo a los provocados por las enconadas disputas políticas en torno a sus actos, sino también a una muy elevada cantidad de escritos dedicados a examinar y enjuiciar a su persona y al proceso de la revolución bolivariana desatada bajo su conducción. Y dentro de esa creciente bibliografía no deja de sorprender la cantidad de estudios más o menos extensos y de libros de corte biográfico.
La biografía es hace mucho un género atractivo para los lectores: saber acerca de quienes se destacan en cualquier campo parece ser una cierta necesidad humana. Por eso, la biografía ha cabalgado entre los dominios de la literatura y de la historia, aunque con desmedro de una de las dos con lamentable frecuencia. La precisión de los datos y la rigurosidad del análisis no deben evitar el relato, la narración de la vida del biografiado en su época concreta. De igual modo, la expresión literaria no debe falsear ni sustituir la exactitud informativa sobre el biografiado y su época. No es casual que casi siempre las biografías más populares, tanto al ser publicadas por vez primera como las de mayor permanencia al paso del tiempo, reúnan y armonicen ambos costados, y que cada vez más los practicantes del género busquen conscientemente tales propósitos.
Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo , de Germán Sánchez Otero, se mueve por ese camino que pretende no solo informar y examinar sino, además, agradar, brindar el placer de la lectura. Ya este es, pues, su primer tanto a favor, sobre todo porque el autor logra ese objetivo.
Para lo primero, la revisión acerca de la personalidad histórica, Sánchez Otero cuenta con un arma excepcional: su presencia en Venezuela como embajador de Cuba desde 1994 hasta 2009, lo cual le permitió ser un observador y de cierta manera un participante de los acontecimientos que narra, con el provecho informativo que le brindan las estrechas relaciones de Chávez con Fidel Castro y la Revolución cubana al igual que su conocimiento personal de muchos de los protagonistas de esos años y el manejo de los contextos en que se movió el líder venezolano.
Desde el punto de vista literario, ya el autor había demostrado con largura sus cualidades en dos de sus libros: Transparencia de Emmanuel (2008), el relato testimonial que no deja de lado el suspenso acerca de la operación del gobierno chavista y la Cruz Roja Internacional para recibir en plena selva colombiana a los primeros retenidos liberados por las FARC, y El año de todos los sueños (2011), un relato novelado de sus vivencias como brigadista Conrado Benítez durante la campaña de alfabetización cubana de 1961.
Mucho antes, en una docena de títulos de densidad teórica e histórica —y de alguna manera también en los dos mencionados—, Sánchez Otero había ido evidenciando sus capacidades de analista, sobre todo acerca de varios ángulos de la Revolución cubana y hasta en la más seria reflexión escrita en Cuba sobre Economía y sociedad, el clásico libro de sociología de Max Weber.
Estas condicionantes positivas le han permitido entregarnos una biografía de Chávez que cuenta con otros varios puntos a su favor.
En primer lugar, su enfoque de Chávez en su desarrollo y cualidades como ser humano. No hay duda de que el autor ha tenido el propósito esencial de trasmitir la forja del líder político, pero ello ha marchado de la mano de la propia formación de su personalidad. Así, se nos entrega cumplidamente tal proceso de aquella individualidad en que los varios matices dieron lugar a su singularidad, sin alardes de psicologismo ni de sociologismo, pero comprendiendo la necesidad de situar a Chávez en el entorno histórico-social, familiar y de sus propios sueños, ambiciones y contradicciones.
En segundo término, ha sido un acierto fijar límites temporales a esta biografía: la vida de Chávez solo hasta 1999, cuando aún no alcanzaba talla mundial. Es la vida del niño, del jovencito, del oficial desconocido, catapultado hacia la historia venezolana por el movimiento cívico militar del 4 de febrero de 1992. Se trata, pues, de fijar de dónde salió semejante dirigente y cómo emergió el liderazgo, etapas sin las cuales no es posible entender su ejecutoria. Y el autor alcanza plenamente, a mi juicio, la entrega de la compleja hechura de aquel político de asombroso carisma y notable voluntad de servicio y de entrega a los sectores populares, con un enrome sentido de identidad y de amor patrio.
Sánchez Otero quiere brindar la desmedida personalidad de Hugo Chávez para los cánones de la política tradicional venezolana, caracterizada desde el siglo XIX por fenómenos como el caudillismo y el populismo, pero sumida en el marasmo moral y la más escandalosa polarización social durante el boom del alza de los precios del petróleo de los años setenta del pasado siglo y el agotamiento de la llamada democracia bipartidista. El libro sitúa adecuadamente esas coordenadas imprescindibles sin convertirse en una pieza historiográfica.
El tercer punto por destacar es el inteligente uso por parte del autor de los testimonios de Chávez sobre su vida a través de varias entrevistas y de su propia voz. Hay cuidado en la reproducción de informaciones y en la selección de los acontecimientos, juicios y valoraciones provenientes del propio Chávez, sin que dejen de manifestarse en casos necesarios los matices y criterios autorales que hilvanan el relato. Ello permite que los lectores comprendamos la extraordinaria sensibilidad y riqueza espiritual del biografiado, elementos decisivos para explicar tanto su compromiso revolucionario, transformador, como la originalidad de su pensamiento y de sus actos.
Chávez el llanero, el venezolano reyoyo que cantaba, bailaba, se enamoraba; el de origen humilde y profundo sentido de la superación constante; el de responsabilidad ciudadana; el seguidor de Bolívar y excelente conocedor de la historia y las letras nacionales; el protagonista enérgico y decidido de nuevos rumbos para su país y América Latina es la persona trasmitida por Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo, este libro de Germán Sánchez Otero que ya nos tiene interesados en su continuidad, que abarcará su etapa presidencial.
fuente : cubadebate

domingo, 29 de marzo de 2015

EDUCA-TV. PARADA, GUERRERO Y NATTINO... PRESENTES.

29 DE MARZO 1985: TE BESO PAPÁ

En este preciso momento, que en Santiago son pasadas las 08:00 de la mañana, llegaba el 29 de marzo de 1985 al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era profesor.
Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota, y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos de beso. Me llevó un momento a un lado y me contó que el día anterior habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH, de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él.
Me quedé atónito mirándolo. Tenía catorce años pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan, y estábamos en pleno estado de sitio, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirándome con una ternura infinita a los ojos, me tomó de las manos y me dijo que no, que éste era su trabajo, éste era su país, que él ya se había ido una vez y que no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la dictadura. Buscando argumentos nuevos, que pudieran hacerlo cambiar de opinión, le pregunté si el Partido le había autorizado para irse del país, que en tal caso les hiciera caso. Paciente, se sonrió, y me dijo que pasara lo que pasara jamás culpara al Partido. Que tranquilo, ya veremos cómo salimos de ésta.
Lo último que me preguntó es acerca de la Gigi, que es mi abuela materna, una mujer muy sencilla que perdió cuando muy pequeñita a sus padres en el terremoto de Chillán en la primera mitad del siglo XX, y que llegó como empleada a Santiago. Ella siempre había acogido a mi padre, a pesar que no tenía formación política alguna, y estuvo con nosotros en todas las búsquedas en 1976 por los campos de concentración cuando secuestraron por primera vez a mi padre. Incluso estuvo detenida con nosotros en el Fuerte Silva Palma, en la segunda desaparición de papá ese mismo año. Ahora, en aquel viernes 29 de marzo de 1985, mi papá me contó que la Gigi, días después del Golpe, cuando papá andaba absolutamente clandestino, sucio y hambriento, escondido tratando de reorganizar a la Jota, lo recibió en su casa, corriendo un riesgo altísimo. Le había preparado un baño y comida. Pocas veces se sintió tan acogido por casi una desconocida, por alguien que se entregaba a él por puro amor, por ser el padre de su nieto y esposo de su hija. Mi padre me contó que la tenía siempre presente, y que lamentaba no haber tenido la oportunidad de agradecérselo.
Le di un beso y me fui a clases.
Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, a minutos de lo que ahora escribo, oímos un helicóptero descender casi al techo del colegio. Nos miramos todos extrañados. Luego un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio.
Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: “mi papá”. Él me miró sorprendido, pero preocupado a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente entró Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pidió permiso al profesor que impartía la clase para hablar con el estudiante Manuel Guerrero Antequera. Yo me paré en medio de sala de inmediato y le dije: “Se llevaron a mi papá”. Asintió con la cabeza y se puso llorar e intentó darme detalles de lo sucedido.
Salí de la sala y me fui directo al baño. Me miré rápido al espejo y me tomé unos remedios que tenía para la taquicardia de la que padecía hacía un año. Me hablé a mi mismo preguntándome qué haría papá en una situación como ésta. Salí corriendo a inspectoría, pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI, habían secuestrado a mi padre junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara de inmediato para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación.
Salí de inspectoría y fui a la calle a ver qué es lo que había sucedido exactamente. Había una confusión enorme en el colegio. Cuando se los llevaron había un curso completo que en ese momento estaba en clases de educación física y se econtraba trotando alrededor de la manzana en la calle El Vergel con Av. Los Leones. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por Carabineros de tránsito, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre con José Manuel. Que el helicóptero también era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado de urgencia a una clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del colegio, intentó quitarles a los secuestradores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros era más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del colegio fue encañonado y amenazado, por lo que él pálido, probablemente para proteger a los niños o por temor a lo que ocurría, cerró la reja del colegio, dejando a mi padre y Jose Manuel peleando solos con los secuestradores en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre que no paraba de gritar, son de la CNI!, ayuda!, nos quieren secuestrar!
Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Me preocupé absurdamente por mi seguridad, así es que compañeros me cambiaron parte de la ropa, me puse lentes oscuros, un jockey de gorra, y le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no me podía pasar nada.
Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal había llegado la Policía de Investigaciones de Chile junto a Carabineros para preguntar qué había pasado… Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de Orden y Seguridad y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá en ese momento.
En casa de Cristóbal conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá de seguro sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando… Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino porqué había tanto recurso del Estado comprometido para tomarlo en forma abierta, a la vista de niños y profesores en un colegio.
Desde que papá había llegado de regreso a Chile de su exilio, el 22 de noviembre de 1982, de forma inmediata lo retuvieron en el aeropuerto. Al entregar sus documentos en el mesón de Policía Internacional, el funcionario al leer la tarjeta de embarque, dijo en voz alta “es él”, y acto seguido se lo llevaron a una sala esperando una llamada del “jefe”. Mi padre muy preocupado consultó qué es lo que sucedía y en virtud de qué lo tenían retenido. No hubo respuesta. Después que le revisaron toda la documentación y lo que traía, lo dejaron ir. Un automóvil lo siguió hasta la casa familiar de Maipú, cosa que él de inmediato -¡en su primer día de regreso al país, después de años de distancia!- denunció llamando a las radios. Así de valiente era mi viejo, y así de presente lo tenían los organismos represivos de la dictadura.
En diciembre de 1982 retornamos nosotros, junto a mamá y mi hermana América a Santiago, desde Barcelona. Nos reencontramos con papá quien ya estaba participando en la organización de la primera marcha del hambre que se realizó, convocada por el movimiento sindical. El año 83 fue mágico, pues las protestas nacionales eran masivas, se respiraba mucha esperanza, con actos multitudinarios. Papá se abocó a organizar a los profesores cesantes y a la creación del Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupaba a las fuerzas políticas de izquierda que luchaban por el retorno de la democracia, pero con contenido social. Lo acompañé a muchas manifestaciones y concentraciones. Su energía de trabajo era infinita, y siempre tenía la “película muy clara”, me comentaba la gente con quien interactuaba. Su apuesta eran las políticas de alianzas, la unidad de la oposición, el derrotar a la dictadura, pero en el marco de una transformación simultánea de la economía, de modo que ésta favorieciera a las grandes mayorías, fundamentalmente al mundo trabajador y poblacional que en aquellos años sufrían una situación de cesantía y hambruna real.
Llegó el año 1984, y papá trabajaba junto al Pato Madera, muralista destacado de la época de las Brigadas Ramona Parra, en el Taller Amistad que tenían en la calle San Pablo. Todo muy sencillo, pero lleno de jóvenes y viejos que hacían lienzos, pintaban cuadros, experimentaban formatos distintos de cassettes y revistas, todo con mensajes llamando a la organización y lucha contra la dictadura.
Asumió Sergio Onofre Jarpa de Ministro del Interior y de inmediato la CNI fue a casa a buscar a papá para detenerlo. Como él no vivía con nosotros no lo pudieron ubicar, pero dejaron una copia de la orden detención y expulsión del país de papá, junto a Mario Insunza Becker, firmada por el Ministro del Interior, con la leyenda “por orden del Presidente de la República”, es decir, Augusto Pinochet. Aún conservo ese documento, que da testimonio del lugar desde donde venían las órdenes para vigilar, detener y matar.
Papá tuvo que volver a la clandestinidad. Allanaron la casa de la familia Guerrero en Maipú; secuestraron al hermano menor de papá, mi tío Francisco; detuvieron a una hermana de papá, mi tía Esperanza; detuvieron y torturaron al profesor Tolosa de la AGECH preguntando por papá, en fin, la represión era muy fuerte e intensa para dar con su paradero. Mi padre comenzó un exasperante peregrinar de casa en casa.
En aquellos días yo había cumplido los 14 años. Vivía el inicio de mi adolescencia. Rebelde me pelié con mamá y la amenacé con irme a vivir con papá. Ubiqué a mi padre y la comuniqué mi decisión. Él estaba radiante de felicidad, siempre había soñado con volver a compartir conmigo los momentos en que me dormía y despertaba. Quedamos de acuerdo, yo tomé mis textos escolares, un poco de ropa, mi guitarra, y me fui a Maipú a encontrarme con él a tomar once e iniciar nuestra vida juntos. Llegué puntual, pero dieron las siete, las ocho y las once de la noche y papá no llegaba. Ya cuando me estaba durmiendo apareció, con los ojos llorosos. Me dió un gran abrazo y me dijo, con el dolor de su alma, que lamentablemente no podía irme con él, que habían sacado una nueva orden de detención de parte del Ministerio del Interior y ahora tendría que salir de Santiago. No lo podía creer. Me había costado mucho tomar la decisión. Ahora tendría que volver con mi orgullo en el suelo a casa, a mi pieza de niño, cuando estaba a punto de cumplir uno de mis sueños. Pero sus ojos no mentían, estaba verdaderamente preocupado.
De ahí no lo volví a ver durante meses. Llegó el año nuevo con el que comenzaría 1985. Con mi hermana América fuimos a la casa de mis abuelos en Maipú y celebramos contentos, pero con la ausencia de mi padre que en algún lugar, en alguna casa estaría comiendo con una familia ajena. De pronto, noté que mi abuelo se puso muy nervioso y me hablaba como enojado. Había algo raro en el ambiente. Súbitamente entró al patio de la casa el auto de mi tío Francisco, pero en reversa. Estacionó frente a la puerta de la casa, lo que no era usual. Se bajó mi tío y abrió expectante la maletera. Corriendo fuimos con mi hermana y primos a ver qué sucedía. En su interior habían frazadas, que de a poco tomaron vida y comenzaron a moverse, y de pronto, de entre ellas, se asomó el rostro de papá con su risa gigante y luminosa, mirándonos victorioso. Había burlado el seguimiento y, arriesgando su vida, se sumó a la familia para compartir unos momentos junto a nosotros.
Pasé toda la tarde pegado a él, como un pequeño animalito incondicional. Comimos, lavamos los platos juntos, guitarreamos un rato -ambos somos desabridos pero gozamos cantando-, y luego llegó el momento de la despedida. Yo me abracé de mi hermana mientras observábamos como se volvía a introducir a la maletera y se perdía bajo las frazadas. ¿Lo volveríamos a ver?
A principios del año 85 el Ministerio del Interior informó a la familia que a papá le habían levantado la orden de detención y expulsión del país. Apenas lo supo, él aprovechó de inmediato la ocasión para volver a encontrarse con los profesores y juntos pasamos los efectos del terremoto de inicios de marzo de aquel año. Papá criticaba el que los propios profesores cesantes tuvieran que juntar limosnas para repartírsela a los colegas que habían quedado sin hogar producto del sismo. “Le estamos quitando a los que no tienen, y le estamos dando miseria a los que se merecen mucho más. Tenemos que exigirle a las autoridades estatales que asuman ayudar a todos los damnificados. Esto no es una cuestión de caridad, es un problema político desde el cual debemos organizarnos para protestar y buscar unidad de propósitos con amplios sectores”, decía.
En eso estaba cuando el secuestro del 29 de marzo de 1985. Sin embargo esto no podía constituir motivo suficiente para que una institución del Estado secuestrara a tanta gente consultando por papá y luego se lo llevaran de las puertas de un colegio. Ese era mi intución en aquel minuto a pocas horas de ocurrido el secuestro en mi colegio. En casa de Cristóbal, trataba y trataba de dar en mis recuerdos con alguna pista para saber por dónde había que buscarlo para hallarlo vivo y salvarlo de una muerte segura, pero no supe desenrredar la madeja. Me faltó edad, experiencia, y claro, papá realizaba una actividad con mucho sigilo que solo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero no era solo eso, había un odio particular hacia él, desde el mismo año 1976 cuando sobrevivió la detención y desaparición, torturas y prisión política…
A fines de 1984, la peridiodista Mónica González de la revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias “El Papudo”, ex agente del Comando Conjunto -organismo que coordinaba distintas ramas de las Fuerzas Armadas con el propósito de reprimir-, quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y valientemente dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada, que a la sazón era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile habían muy pocas personas que como él manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban a diario los testimonios de los luchadores sociales y sus familiares que habían sido apresados.
José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular la información con su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre con José Manuel no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando una a una las informaciones. Estaban frente a una información valiosísima que permitía aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos y dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Pero al mismo tiempo se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían un enorme peligro, pues los agentes seguían activos y harían todo para que tal información no se hiciese pública. Por ello decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo fuera del país y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información en un medio de circulación masiva en el extranjero, tipo Washington Post, y una vez fuera conocida, entregarla con detalles a los Tribunales de Justicia chilenos para que investigara los hechos.
Leyendo y releyendo el testimonio del agente Papudo, mi padre se pudo enterar de los detalles de su propia detención en 1976 cuando tenía 27 años de edad, pues Andrés Valenzuela había participado en tal episodio. Ahora comparto con ustedes parte de la información que probablemente llevó mi padre a la muerte, por el terror y cobardía de los agentes a enfrentar la verdad y su responsabilidad en los hechos, que aún siguen impunes:
“El operativo fue en el sector de Departamental. Recuerdo que la ‘Pochi”, la agente de la FACH Viviana Ugarte Sandoval, estaba en el lugar con un equipo de radio para avisar su salida. Cuando salió, fue tomado por el “Chico” y “Alex”, agentes de la Marina, y a consecuencia de un pequeño forcejeo, a “Chico” se le disparó el arma, hiriendo a Guerrero en un costado. Fue conducido de inmediato a “La Firma” estando herido. Allá, el “Lolo”, el “Fifo” Palma, “Jano” y “Wally”, lo interrogaron y torturaron poniéndole electricidad directamente en la herida.
A consecuencias de los golpes y electricidad, Guerrero perdió el conocimiento por unos instantes por lo que se llamó al doctor Alejandro Forero “hijo”, hoy cardiólogo en el Hospital de la FACH. El doctor señaló que la herida era grave y que el detenido debía ser trasladado al hospital.
Alrededor de una hora después que se fue el doctor Forero de “La Firma”, se recibió el llamado telefónico de un general, no estoy seguro que fuera de la FACH, y ordenó el traslado de Guerrero al Hospital de Carabineros. Nos causó sorpresa que el general ya estuviera enterado que teníamos a Guerrero. En el hospital estuvo siempre esposado, lo que recuerdo bien ya que varias noches me tocó hacerle guardia.”
Con esta información, ahora quedaba claro porqué el Comando Conjunto había resuelto “entregar” a mi padre a la DINA durante su detención y desaparición en 1976: Mi madre en aquellos meses hizo todo lo humanamente posible para dar con el paradero de mi padre, concurriendo personalmente -embarazada de mi hermana América- a las oficinas del presidente de la Corte Supre ma. Él para calmarla hizo un ejercicio retórico: “Señora, en Chile no hay detenidos desaparecidos. Voy a llamar delante de usted al General Contreras, para que se de cuenta que no hay nadie del nombre de su marido detenido en algún recinto de las Fuerzas Armadas y de Orden”. Y lo hizo. Y sin saberlo o quererlo, esta llamada al despacho del coronel Manuel Contreras, que dirigía la DINA, le salvó en ese momento la vida a mi padre, pues cuando Contreras se enteró que uno de los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas, a quien sus hombres buscaban intensamente, se encontraba en poder del Comando Conjunto, o el “Grupo de los 20″ como se hacía llamar, enfureció, porque no estaba informado. Movió todos sus contactos y exigió que el director de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enrique Ruiz Bunguer, y el director de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, general Rubén Romero Gormaz, le entregaran a mi padre.
La presión del coronel Manuel Contreras se hizo insoportable y la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR) debió asumir su detención. El 18 de junio de 1976, estando mi padre ilegalmente detenido y baleado -sin que nadie de nosotros supiera su paradero- en el Hospital de Carabineros, el ge neral Romero debió entregarlo a la DINA a pesar de que la bala seguía enterrada en su axila. Un oficio firmado por el general Rubén Romero Gormaz, y dirigido al director de la DINA, acompañó a mi padre en su ingreso al campo de concentración de Cuatro Alamos, que estaba bajo control de la DINA: “Remito antecedente del dirigente de las Juventudes Comunistas Manuel Guerrero Ceballos, quien fue detenido por personal de Inteligencia y que se encuentra a disposición de la DINA, en el Hospital de Carabineros.”
Siete días permaneció incomunicado mi padre en Cuatro Alamos. La bala la tenía aún clavada en el costado. En esos siete días se decidió su destino, pues el viernes 25 de junio de 1976, el día de su cumpleaños y a la misma hora en que la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso de amparo en favor de él, mi padre fue obligado a levantarse de su camastro en la celda de incomunicación en que fue arrojado. No sabía adonde lo llevarían. Esa misma mañana fue trasladado al campamento del lado, el del tránsito a la libertad, Tres Alamos. Los organismos represivos, por esta lucha entre ellos, habían decidido que viviera, pero no contaban con que mi padre denunciaría por todo el mundo lo que le habían hecho y que había reconocido a uno de los agentes, el traidor Miguel Estay Reino, el “Fanta”.
La información que entregó Valenzuela en su testimonio a Mónica González era una bomba, y en rigor, sigue siendo una bomba. Pues en ella se establece, entre otros aspectos, que Viviana Ugarte Sandoval, alias “La Pochi”, había participado como agente del Comando Conjunto en la detención ilegal de mi padre. Presumiblemente ella es la mujer que relata en un escrito que dejó papá con el nombre “La sesión macabra continua”, donde describe las torturas que le aplicaron, y que en medio de ellas había una mujer que lo acariciaba mientras le aplicaban electricidad.
Sí. Viviana Lucinda Ugarte Sandoval es la esposa del general de la FACH Patricio Campos, quien es la persona nombrada por las Fuerzas Armadas que participó en la Mesa de Diálogo que tenía por objeto recabar información acerca del paradero de los detenidos desaparecidos en Chile… Curiosamente, precisamente la información que correspondía a las víctimas del Comando Conjunto fua alterada, de acuerdo a las declaraciones de Otto Trujillo, “Colmillo Blanco”, otro agente del Comando Conjunto que contó su versión de la verdad al diario La Nación.
Por desgracia, y por razones que aún me cuesta comprender, la entrevista a Andrés Valenzuela fue publicada sin autorización de mi padre y José Manuel en el extranjero, antes que ellos pudieran ponerse a salvo. Los agentes del Comando Conjunto, ahora agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de la “Firma” en que tuvieron torturado a mi padre en 1976, apenas se enteraron del testimonio de Valenzuela se pusieron en alerta y decidieron cortar literalmente el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre, para impedir que la verdad circulara por el mundo. Por ello allanaron y secuestraron la imprenta de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) el 28 de marzo de 1985. Buscaron frenéticos ese lugar pensando que ahí se encontraban los stenciles de publicación del testimonio de Valenzuela sobre el Comando Conjunto. La imprenta estaba a nombre del artista gráfico Santiago Nattino. Esa misma noche lo secuestraron y lo llevaron a calle Diecicho, al local de la DICOMCAR, ex La Firma del Comando Conjunto. Lo esposaron a un parrón y comenzaron su tortura. Una vez que secuestraron, al día siguiente, el 29 de marzo, como hoy, a mi padre y José Manuel, los torturaron a los tres, quemándoles cigarrillos en el cuerpo, sacándoles las uñas, aplicándoles electricidad y quebrándoles los huesos de la frente a culatazos.
Al día siguiente, el 30 de marzo de 1985, dirigidos por el Fanta, con un cuchillo atacameño que le había regalado Moren Brito, los degollaron bajo Estado de Sitio camino a Quilicura y dejaron que sus cuerpos se desangraran. Hoy tres sillas vacías recuerdan a don Santiago y a los Manueles en el lugar en que les dieron muerte.
No quisieron que se supiera la verdad, como ha sido la tónica del silencio de las Fuerzas Armadas y de Orden para no dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Fundamentalmente por cobardía a no enfrentar sus propios actos, sus propias decisiones. Siguen estando en deuda con nosotros, con los hijos, con la sociedad chilena. La mayoría de aquellos agentes y de quienes les dirigían no han sido juzgados, y los médicos que torturaron, los civiles que actuaron, los oficiales que participaron en tan horrendos crímenes, siguen en sus lugares de trabajo como si nada pasara.
Pero sí pasa y no deja de pasar. Tal como mi padre y José Manuel arriesgaron y dieron sus vidas por la verdad y la justicia, nuevas generaciones surgen y dan con creatividad las luchas del presente, vinculados con aquella memoria del crimen, pero también de los compromisos, las militancias por una vida digna.
Por eso hoy los recordaremos en nuestra velatón cultural. Cada uno/a tomará de la mano a don Santiago y a los Manueles, y con ellos a cada uno/a de los/as luchadores/as sociales de nuestro país, de su mundo trabajador, artístico, profesional, intelectual. Somos muchos/as. Honraremos sus vidas y no dejaremos de denunciar y exigir justicia a sus asesinos y al Terrorismo de Estado. Hacemos el esfuerzo diario de seguir enamorados de la vida, como una conquista que no nos pueden ni queremos que nos quiten. Por eso decimos, ¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!
Hoy pondré mi vela por ese último beso que le di a papá, y a quien he dedicado mi modesta vida, junto a mi compañera e hijas. Ahí estaremos, en la calle, codo a codo. Y entre la gente, quiero verte bailar…
Todos los días, toda la vida.

MANUEL GUERRERO ANTEQUERA 
SOCIÓLOGO ,ACADÉMICO.

FUENTE : EL MOSTRADOR