CHILE

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jueves, 2 de abril de 2015

SANTIAGO NO ES CHILE O UN PAÍS EN BORRADOR

En su inmortal poema “Viva Chile, mierda”, canta e invoca Fernando Alegría: “Entre nieve y mar, con toda el alma, nos damos contra un rumbo ya tapiado,/ por consecuencia, en la mañana cuando Dios nos desconoce,/ cuando alzado a medianoche nos sacude un terremoto,/ cuando el mar saquea nuestras casas y se esconde entre los bosques,/ cuando Chile ya no puede estar seguro de sus mapas/ y cantamos, como un gallo que ha de picar el sol en pedazos,/ digo, con firmeza, ¡Viva Chile Mierda!”
En un estilo más sutil, aunque no menos agudo, nos bautiza Benjamín Subercaseaux como un país de “loca geografía”.
Todo eso, a cuento de bosques incendiándose en medio de sequías y volcanes en erupción en el sur; mientras en “el desierto más árido del planeta” ríos y otras rutas de agua ya olvidadas se empeñan en destruir caminos y poblados.
Amparados en tan alta y fiel poesía, descendamos algunos peldaños hasta nuestra dolida realidad para preguntarnos y recriminarnos.
Primera urgencia: tomarnos en serio aquella consigna hueca hasta ahora según la cual “Santiago no es Chile”.
Es cierto que hay en marcha iniciativas descentralizadoras, pero tal vez sea necesario llegar hasta las últimas consecuencias y concebir a nuestro país como, sí, un espacio unitario, pero fundamentalmente variado y contradictorio. Y obrar en consecuencia.
Los datos recientes de una cruel realidad nos están notificando de una urgencia: la de no seguir aferrados al prejuicio de un centro político, administrativo y científico omnisciente, soberano en la función de interpretar los datos, y acopiador y distribuidor casi exclusivo y excluyente de insumos y socorros.
¿Acaso no se justifica, ante la probada recurrencia de estragos naturales, la instalación en zonas potencialmente conflictivas de centros altamente calificados de recolección y procesamiento de datos obtenidos “en terreno”?
¿Y hasta cuándo se tendrá por lógico y natural que la provisión de elementos tecnológicos avanzados para enfrentar emergencias deba disponerse desde “un centro” lejano a veces en hasta 1.000 kilómetros del lugar de los hechos?
Más allá de las polémicas en torno a la mayor o menor diligencia evidenciada en la tragedia que ha caído sobre gran parte del territorio nortino de nuestro país, y del bajo aprovechamiento político que ya se insinúa, lo que corresponde es una mirada realista, desapasionada y comprometida, que apunte a las grandes soluciones. Que no serán, ello es inevitable, para mañana, pero hay que dar los primeros pasos y planificar con audacia para plazos mayores.
Pero hay otra conclusión, tal vez la más difícil de asumir: la de que más allá de nuestros tratados de libre comercio, pertenencia a círculos tan distinguidos como el de los países de la OCDE, entre otros signos de autosatisfacción, la simple naturaleza nos somete cada cierto tiempo a un “tratamiento de realidad”, algo así como un test de vigencia del que salimos con un certificado para nada halagador: el que somos un país en borrador.
Y para ser consecuentes, habrá que reconocer que este centralismo hipertrofiado que agobia a nuestras regiones no es exclusivo de ellas en sus deformaciones y maltratos. Pues también la capital del país tiene enclaves o “regiones” discriminadas, para cuya constatación no hay más que calcular los recursos fiscales invertidos en el bienestar y “conectividad” de los sectores “altos”, en relación con el abandono de la periferia, allí donde viven los postergados de siempre e inclusive, hoy, la tan promocionada “clase media” que estaría emergiendo de este “milagro económico” que nos habría transformado en un modelo admirado y estudiado mundialmente.
Y es que en el fondo de todo, lo que subyace es una “razón de clase”, para nada misteriosa.
No es casual que las mayores tragedias “directamente humanas” que registra nuestra historia, hayan tenido como escenarios los mismos que hoy reciben los embates de una naturaleza que, si bien no discrimina, al menos ve potenciados sus efectos devastadores por el imperio de políticas seculares de olvido y explotación.
Así, pues, ¡manos a la obra! ¡Hacia una solidaridad crítica! Es la hora de ponernos en limpio…

FUENTE : EDITORIAL DE " SIGLO"

miércoles, 1 de abril de 2015

EN EL HOMBRE DEL PADRE .( Fernando Villagrán))

Víctor Díaz López nació en Ovalle el 10 de noviembre de 1919 y murió en una fecha escondida por sus asesinos … dicen que a comienzos de 1977. De su largo y cruel cautiverio en el cuartel Simón Bolívar de la DINA —un infierno desde el cual ningún prisionero salió con vida— solo pueden hablar ex agentes del Estado, entrenados para torturar, matar y mentir. Con todo, lo que narra el autor de esta acuciosa investigación es una historia de vida: la que transitó Víctor Díaz desde niño quien pudo cursar hasta tercero de Preparatoria obligado a trabajar para ganarse el pan de los suyos. Minero adolescente, obrero autodidacta, joven dirigente sindical en el Norte Grande optó por una temprana militancia en el Partido Comunista liderado por Elías Lafferte. Fue una vida intensa, marcada por la larga clandestinidad en tiempos de la Ley Maldita y por la más riesgosa de los primeros años de dictadura, cuando estuvo a la cabeza de la dirección de su partido hasta ser secuestrado por la DINA el 12 de mayo de 1976.
EN EL NOMBRE DEL PADRE es también un conmovedor relato íntimo, aquel que Víctor Díaz compartió con Selenisa Caro, joven católica y su temprano amor nortino. Un vínculo marcado por sobrecogedores episodios, que se haría indestructible y se proyectó en la vida de Victoria, Viviana y Víctor, sus hijos, quienes durante largas décadas desafiaron con valentía la mentira oficial, protagonizando capítulos estremecedores para aproximarse a la verdad y ansiada justicia.
Este libro entrelaza la historia de Chile de agitadas décadas con la cotidianidad desconocida de un protagonista de momentos decisivos, así como la de decenas de mujeres y hombres que llenan de emoción estas páginas. Una historia colectiva que siguen compartiendo con miles de familiares de detenidos desaparecidos.
Extracto:
CAPITULO 7
LOS TIEMPOS DE HORIZONTE
Después de conseguir trabajo como obrero en una imprenta de calle Vergara. cerca del centro de Santiago, el año 1951, Víctor ingresó a la imprenta Horizonte, de propiedad del Partido Comunista, donde, entre otras publicaciones, se imprimía el diario El Siglo. Allí aprendió bien el oficio vinculado a las linotipias, pasando por diferentes secciones de la empresa, asumiendo también responsabilidades sindicales, hasta ocupar el cargo de jefe de producción,
Américo Zorrilla, otro de los dirigentes históricos del PC que du¬rante el gobierno de la Unidad Popular llegaría a ocupar el cargo de ministro de Hacienda y que posteriormente formó parte de la dirección clandestina del PC en los primeros artos después del gol pe de Estado de 1973 conoció a Víctor Díaz en sus labores en esa imprenta:
Desde 1952 nos correspondió trabajar jautos en la empresa editora "Horizonte". Sacar adelante y mantener en buen pie la empresa que imprimió el diario del Partido exigía superar dificultades de toda naturaleza. Pude apreciar cómo Víctor Díaz, formado como minero y dirigente político, se transformaba rápidamente en un técnico de alta calificación en la compleja industria gráfica., Audazmente, lo dirección del Partida lo nombró Jefe de Producción, lo que significaba dejar en sus manos el funcionamiento de talleres cuyas tareas eran múltiples y difíciles. Con aquella vieja rotativa, que ya tenía varios decenios de servicios, y con uno decena de linotipias no muy nuevas, se sacaban dos diarios. El Siglo y Ultima Hora, lo revista Vistazo y durante un período, también Ercilla, además de una serie de publicaciones gre¬miales. Cada día de lo semana se imprimía una revista distinta. Y toda la organización de turnos de trabajo, distribución de equipos, plani¬ficación de las tareas por cada sección, para cada compañero para………

El autor:
Fernando Villagrán(Santiago, 1949) es economista(Universidad de Chile) y periodista(Universidad de Santiago)
En 2003 recibió el premio Altazor.Ese mismo año publicó, en coautoría con Marcelo Mendoza:La muerte de Pinochet:Crónica de un delirio. En 2005 Represión en Dictadura.El papel de los civiles(coautoría con Manuel Délano,Manuel Salazar y Felipe Aguero). En 2011, Simón Rodríguez: Las reflexiones del educador americano que vence el paso de los siglos(Catalonia).
En 2013, publicó la edición aumentada de Disparen a la Bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra bachelet y otros. (Catalonia).
Fur subdirector y gerente de revista APSI (1983-1995). Desde 1996 conduce el programa cultural de televisión Off The Record(actualmente emitido por Canal 13C).Es coguionista y productor del documental El Diario de Agustín.

MUNICIPIOS Y DESAFÍOS EN GESTIÓN DEL RIESGO .

/ Los lamentables hechos que se enmarcan en las fuertes lluvias que han caído en la zona Norte y Centro del país, nos hacen reflexionar una vez más sobre los riesgos a los cuales estamos afectos al vivir en Chile.
A lo largo de esta “loca geografía”, se presentan una serie de eventos que desestabilizan nuestro cotidiano vivir. En este caso son fuertes lluvias, nada menos que en el desierto más árido del mundo. Y es esta coyuntura la que nos vuelve a recordar lo propenso que somos a incendios forestales, terremotos, tsunamis, volcanismo, derrumbes, aludes, crecidas de ríos, entre otros.
Lo lamentable de esto no es que vivamos en un país con inminentes riesgos, sino que no nos pre-ocupamos de aquello. Ninguno de los eventos mencionados anteriormente es nuevo en la historia de nuestro país, ninguno es algo que “no se podía prevenir” o a lo menos “amortiguar”.
Cada vez que alguna de estas tragedias ocurre, las muestras de solidaridad se expresan a lo largo del país (y de la Región), cosa que no deja de ser necesaria, ya que ha quedado demostrado que muchas veces las capacidades del Estado (más allá de quien lo gobierne) se ven sobrepasadas por las coyunturas. Es por esto que no podemos quedarnos simplemente en una crítica vacía y simplista a la respuesta estatal hacia las emergencias o, como lo hacen otros, esperando algún beneficio político.
Para llegar a las propuestas necesarias que hagan de la crítica un aporte, hay que adentrarse en las políticas de gestión del riesgo en nuestro país. Es así que aparecen dos factores fundamentales.
En primer lugar, la falta de una institucionalidad adecuada, que dialogue en todos sus niveles y que sea capaz de generar los grados de sinergia necesarios para estar a la altura de las situaciones que lamentablemente vive nuestro país de forma periódica.
En segundo término, la lógica de actuar cuando son emergencias y no amenazas. Esto nos lleva a entender que no basta solo con crear nuevas instancias o más recursos (cosa que no deja de ser importante). Esto requiere un cambio de visión, de paradigmas respecto a la gestión del riesgo. Dicho debate debe ser profundo, reformando estructuras y visiones de país, pasando por la misma Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior (ONEMI), la cual precisamente es una Oficina de Emergencias, y hasta el otro extremo donde tenemos a la institucionalidad más visible del Estado, los Municipios. Quienes se les atribuye la responsabilidad (sin el traspaso de recursos necesarios) de gestionar el riesgo en sus comunas.
En la gestión municipal se entiende que el riesgo está definido en las Zonas No Edificables declaradas en los Planes Reguladores. Esto ya presenta varios problemas. En primer lugar, los Planes Reguladores son urbanos, salvo en el caso de los instrumentos intercomunales que en su estudio deben identificar las zonas de riesgo del área rural pertinente. Entonces, según esta lógica, el riesgo solo existe en las comunas con Planes Reguladores Intercomunales (PRI) y en las áreas urbanas donde exista un Plan regulador Comunal (PRC). ¿Y qué pasa con el resto del territorio? También hay que tomar en cuenta que alrededor del 30% de las comunas no tiene PRC, por otra parte, los que existen pueden estar desactualizados incluso por décadas.
Un detalle no menor, es que la legislatura sobre el riesgo es relativamente nueva (alrededor de 20 años) y bastante dinámica. Recién para el 27F se incluyeron a las inundaciones por tsunamis como “zonas de riesgo” y a raíz de la tragedia de Valparaíso el año pasado comenzó recién la discusión sobre las zonas propensas a incendios. Esta evidente carencia de identificación del riesgo es la más grande vulnerabilidad que vivimos como país frente a las amenazas latentes.
Si bien todos sabemos que los femémonos que se viven no son “accidentes” naturales, las normas urbanísticas siguen siendo flexibles frente a la presión del mercado, donde por abaratar costos se construyen puentes que cada cierto tiempo se inutilizan (“de aquí a que el rio Copiapó crezca, ya no estaremos aquí”), techos que no están diseñados para soportar ni un poco de lluvia (“¿para qué gastar en techos si en el desierto no llueve?), poblaciones enteras en altas pendientes (en el Norte aun no se olvidan de los aludes del ´91). Lamentablemente son las normas las que se adecuan a las grandes inmobiliarias y constructoras, y no al revés.
Ahora bien, el problema fundamental de que el riesgo recaiga en las Municipalidades es la gran asimetría en términos de recursos y de dimensiones que presentan las Comunas a lo largo del país. El autofinanciamiento de estas es la que condiciona la calidad, la frecuencia y lo riguroso de los estudios que dan origen a los Planes Reguladores y por consecuencia a la identificación de riesgos.
Las catástrofes que sufren nuestros compatriotas en las zonas afectadas son mera consecuencia de una escasa o nula planificación de los asentamientos y la falta de normas adecuadas que vayan en el sentido de la protección y el buen vivir y no en beneficio del mercado.
Aunque es importante una reformulación profunda también es posible avanzar en el mediano y corto plazo, utilizando la institucionalidad que existe, pues si bien los PRC no cubren todo el territorio comunal se pueden utilizar los Planes de Desarrollo Comunal (PLADECO), los cuales a pesar de ser simplemente indicativos, tienen competencia en toda la comuna, así también pueden gestionarse Circulares y Ordenanzas a nivel local que regulen de forma transitoria los riesgos y las normas de construcción, a la espera de que la discusión nacional de las reformas necesarias que el país necesita en términos de planificación.
Hoy son los Municipios los que se ven sobrepasados en el modo de tratar los riesgos, pero es el Estado en su conjunto quien debe hacerse cargo, transfiriendo no solo responsabilidades a las comunas sino que recursos, creando instancias de planificación y gestión que superen las divisiones administrativas actuales (que dicho sea de paso, no responden a las estructuras territoriales idóneas para la gestión del riesgo), comprendiendo que para la gestión del riesgo es necesaria dar la discusión de cara a la gente, pues son ellos quienes finalmente vivirán allí. Por último es necesario entender que no podemos poner en la balanza ahorro económico de empresas por una parte y la vida de las personas por otra. Hacer caso omiso de la gestión del riesgo en nuestro país, es seguir esperando con los dedos cruzados un nuevo desastre

Paolo Alarcón. Encargado Programa Municipio y Territorio. ICAL/ .

fuente : ical

martes, 31 de marzo de 2015

BIOGRAFÍA DE FEDERICO GARCÍA LORCA

(Fuente Vaqueros, España, 1898 - Víznar, id., 1936) Poeta y dramaturgo español. Los primeros años de la infancia de Federico García Lorca transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino, para después ir a estudiar a un colegio de Almería.
Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.
A partir de 1919, se instaló en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Machado, y trabó amistad con poetas de su generación y artistas como Buñuel o Dalí. En este ambiente, Lorca se dedicó con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y el dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. Sin embargo, su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, fue un fracaso.
En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. Sin embargo, el reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, de Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid de Mariana Pineda, drama patriótico.
Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba en Canciones, escribió una obra basada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado, con el que experimenta por primera vez lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta, y que llevó a su plena madurez con el Romancero gitano(1928), que obtuvo un éxito inmediato. En él se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo perseguido de los gitanos, personajes marginales marcados por un trágico destino. Formalmente, Lorca consiguió un lenguaje personal, inconfundible, que reside en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.
Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad imprimió en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicada póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada de hoy. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores obras dejan paso en esta otra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas, que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la poética personal de Lorca.
De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por el teatro, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, a excepción de dos libros de poesía:Diván del Tamarit, conjunto de poemas inspirados en la poesía arabigoandaluza, y elLlanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), hermosa elegía dedicada a su amigo torero, donde combina el tono popular con imágenes de filiación surrealista.
Federico García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y 
Cipriano Rivas en la presentación de Yerma (1934)
Las últimas obras de Federico García Lorca son piezas teatrales. Yerma (1934) es una verdadera tragedia al modo clásico, incluido el coro de lavanderas, con su corifeo que dialoga con la protagonista comentando la acción. Parecido es el asunto en Bodas de Sangre (1933), donde un suceso real inspiró el drama de una novia que huye tras su boda con un antiguo novio (Leonardo). La huida, llena de premoniciones, en la que la propia muerte aparece como personaje, presagia un final al que se viene aludiendo desde la primera escena y en el que ambos hombres se matarán, segando así la posibilidad de continuidad de la estirpe por ambas ramas y renovando la muerte del padre del novio a manos de la familia de Leonardo. De esta manera, la pasión y la autobúsqueda concluyen con la destrucción de todo el orden establecido.
Entre toda ellas destaca La Casa de Bernarda Alba (1936), donde la pasión por la vida de la joven Adela, encerrada en su casa junto con sus hermanas a causa del luto de su padre y oprimida bajo el yugo de una madre tiránica, se rebelará sin temor a las últimas consecuencias. De esta manera, su pasión por la vida se estrellará contra el muro de incomprensión de su familia concluyendo todo con su eliminación. Junto con la figura de la protagonista, destaca la serie de retratos femeninos que realiza el autor, desde la propia Bernarda hasta la vieja criada confidente de todas (La Poncia), la hermana amargada y envidiosa (Martirio) o la abuela enloquecida que se opone a la tiranía de Bernarda.
La casa de Bernarda Alba, considerada su obra maestra, fue también la última, ya que ese mismo año, al estallar la guerra civil, fue detenido por las fuerzas franquistas y fusilado diez días más tarde, bajo acusaciones poco claras que señalaban hacia su papel de poeta, librepensador y personaje susceptible de alterar el «orden social».

Final de La casa de Bernarda Alba 
en el manuscrito autógrafo de Lorca
BIOGRAFÍAS Y VIDAS

DERECHOS HUMANOS EN EEUU : UNA MATERÍA PENDIENTE

Desde 1976, se ha aplicado la pena de muerte a 1264 personas
La pena de muerte es la última e irreversible negación de los derechos humanos, según declara la organización internacional Amnistía Internacional. Parece que el gobernador del estado de Utah, Gary Herbert, no comparte esta premisa; ya que ha promulgado recientemente que las personas con sentencia de muerte serán ejecutadas por un pelotón de fusilamiento. Explica el gobernador que tendrá que usar este método porque ya no llegan asiduamente los químicos fabricados y comercializados en Europa para realizar la inyección letal.
Es que los europeos se niegan a exportar estos químicos, porque ya saben que uso tendrán. No parece casualidad esta postura en el viejo continente, ya que la mayoría de los países están en contra de la pena de muerte. Si observamos organismos de integración internacionales como el G8, Estados Unidos es el único donde todavía se aplica la pena máxima; en cambio en el G20, esta medida es compartida por China y Arabia Saudita; y dentro de la Organización Para la Seguridad y Cooperación de Europa, solo Bielorrusia acompaña al país del norte en la aplicación de esa condena.
La historia de la ejecución, tiene larga data en la historia de Estados Unidos. La primera sentencia de muerte registrada en las colonias británicas de Norteamérica, se llevó a cabo en 1608. La primera víctima fue el capitán George Kendall, ejecutado por un pelotón de fusilamiento, acusado de espiar para el gobierno español. En 1612, el gobernador de Virginia, Thomas Dale promulgó la Divinidad, Moral y leyes marciales, que conllevaban la pena de muerte por delitos incluso menores como, robo de uvas, matar pollos y comercio con los indios. Las leyes relativas a la pena de muerte variaban de una colonia a otra, pero no todos estaban de acuerdo con estas medidas. Influenciados por el movimiento abolicionista que tenía sus raíces en Montesquieu, Voltaire, Bentham, algunas colonias fueron suprimiendo la pena capital. La primera fue Michigan, en 1846. Durante la guerra civil la oposición a la pena de muerte se desvaneció, ya que el movimiento contra la esclavitud estaba en el centro de atención. Después de la guerra se desarrollaron nuevos métodos de ejecución; como la silla eléctrica, construida en Nueva York en 1888.
Más adelante entre 1920 y 1940, con la revolución rusa, la primera y segunda guerra mundial y la depresión económica con sus conflictos de clase intensos hace que emerjan las luchas de los partidos socialistas desafiando por primera vez al capitalismo. Como contrapartida, la derecha apoyada en el terreno propagandístico, ayuda a incrementar la paranoia y el miedo de la población; y en ese marco avanzan nuevos métodos de ejecuciones, como el uso de gas de cianuro en 1924. El año 1930 fue claro ejemplo de estas pujas políticas y sociales; ya que fue cuando se produjeron más ejecuciones en Estados Unidos que en toda su historia, un promedio de 167 por año, (Bohm, 1999 y Schbas, 1997).

Ejecuciones y Minorías

Las mayores ejecuciones en masa de la historia de este país, se llevaron a cabo contra minorías. En 1862, 38 indios americanos fueron condenados por violación y asesinato y ahorcados simultáneamente en Mankato, Minnesota. En 1917 se ejecutaron a 13 soldados afroamericanos por tomar parte en el motín sucedido en Houston.
La geografía y la raza son factores importantes en las decisiones de pena de muerte
Es interesante como desde épocas tempranas, los castigados eran los mismos, que hoy en día. Según estudios realizado en el año 2003, por la Universidad de Maryland, se llegó a la conclusión que la geografía y la raza son factores importantes en las decisiones de pena de muerte. Los fiscales son más propensos a pedir la pena capital cuando la víctima es de raza blanca y menos propensa cuando la víctima es afroamericana. Estos estudios son reforzados por American Civil Liberties Unión (ACLU), que reporta en Octubre de 2002, que 12 personas han sido ejecutadas; el demandado era blanco, y la victima negra, en comparación con 178 acusados negros ejecutados por asesinatos con victimas blancas.
Desde que la pena de muerte se reinstalo en 1976, hay 1264 personas asesinadas, incluidas 12 mujeres. El 43%, pertenecen a la raza blanca, el 42% afroamericanos, el 3% asiáticos y el 13% latinos. Si tomamos en cuenta que la población negra es de 45 millones, y los blancos 62.6%, proporcionalmente la cantidad de ciudadanos afroamericanos ajusticiados es mayor.
En cuanto a la geografía, de los 32 estados donde se practica las ejecuciones desde 1976, el 82% se ubican en el sur. Siendo los estados con más números de ejecuciones: Texas 522, Oklahoma 112, Virginia 110, Florida 90, Misuri 82, Georgia 57, Alabama 56, Ohio 53, Carolina del Norte 43, Carolina del Sur 43 y Arizona 37. De acuerdo a Amnistía Internacional, hay 103 países en el mundo que han abolido la pena de muerte totalmente, 6 lo aplican en circunstancias excepcionales, 50 solo por delitos comunes, pero no lo han utilizado durante al menos 10 años pero 36 mantienen la pena de muerte en la legislación y en la práctica. Entre los últimos, se encuentra Estados Unidos, que según datos de M.Watt y Juan Ortiz Smykla, desde 1608 hasta 2002, han ejecutaron 15.269 personas. Aunque la población norteamericana, ha ido evolucionando y cambiando su posición sobre este tema, ya que en 1996, el 78% estaba a favor de la aplicación de la pena capital y en 2013, esta cifra se redujo al 55%; organizaciones de suma importancia como The American Bar Association, Catholics Against Capitol Punishment,Episcopal Peace Fellowship, Progressive Jewish Alliance, Amnesty International USA, entre muchas otras, siguen alzando sus voces para que definitivamente se elimine la pena de muerte en este país.
Por Anahi Rubin

FUENTE : CUBADEBATE 

lunes, 30 de marzo de 2015

HUGO CHÁVEZ EN EL CAMINO BOLIVARIANO .

Hugo Chávez es, hasta para sus enemigos, una de las personalidades más significativas de la historia venezolana y del mundo contemporáneo.
Una veintena de años, desde su aparición pública el 4 de febrero de 1992 hasta su prematura muerte en el ejercicio de la presidencia el 5 de marzo de 2013, abarcó su relativamente breve paso por la política si lo comparamos con la mayoría de las personalidades de la política venezolana del siglo XX. Pero la impetuosidad y los resultados de su marcha, especialmente desde su acceso a la más alta magistratura, le valieron en vida un elevado reconocimiento dentro y fuera de su país. Fue, probablemente, el político venezolano más controvertido y más universal del siglo XX y de lo que va del XXI.
Semejante hombre, y las circunstancias en que se desenvolvió y que él mismo contribuyó a desarrollar, han dado lugar a un enorme volumen de textos, no solo a los provocados por las enconadas disputas políticas en torno a sus actos, sino también a una muy elevada cantidad de escritos dedicados a examinar y enjuiciar a su persona y al proceso de la revolución bolivariana desatada bajo su conducción. Y dentro de esa creciente bibliografía no deja de sorprender la cantidad de estudios más o menos extensos y de libros de corte biográfico.
La biografía es hace mucho un género atractivo para los lectores: saber acerca de quienes se destacan en cualquier campo parece ser una cierta necesidad humana. Por eso, la biografía ha cabalgado entre los dominios de la literatura y de la historia, aunque con desmedro de una de las dos con lamentable frecuencia. La precisión de los datos y la rigurosidad del análisis no deben evitar el relato, la narración de la vida del biografiado en su época concreta. De igual modo, la expresión literaria no debe falsear ni sustituir la exactitud informativa sobre el biografiado y su época. No es casual que casi siempre las biografías más populares, tanto al ser publicadas por vez primera como las de mayor permanencia al paso del tiempo, reúnan y armonicen ambos costados, y que cada vez más los practicantes del género busquen conscientemente tales propósitos.
Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo , de Germán Sánchez Otero, se mueve por ese camino que pretende no solo informar y examinar sino, además, agradar, brindar el placer de la lectura. Ya este es, pues, su primer tanto a favor, sobre todo porque el autor logra ese objetivo.
Para lo primero, la revisión acerca de la personalidad histórica, Sánchez Otero cuenta con un arma excepcional: su presencia en Venezuela como embajador de Cuba desde 1994 hasta 2009, lo cual le permitió ser un observador y de cierta manera un participante de los acontecimientos que narra, con el provecho informativo que le brindan las estrechas relaciones de Chávez con Fidel Castro y la Revolución cubana al igual que su conocimiento personal de muchos de los protagonistas de esos años y el manejo de los contextos en que se movió el líder venezolano.
Desde el punto de vista literario, ya el autor había demostrado con largura sus cualidades en dos de sus libros: Transparencia de Emmanuel (2008), el relato testimonial que no deja de lado el suspenso acerca de la operación del gobierno chavista y la Cruz Roja Internacional para recibir en plena selva colombiana a los primeros retenidos liberados por las FARC, y El año de todos los sueños (2011), un relato novelado de sus vivencias como brigadista Conrado Benítez durante la campaña de alfabetización cubana de 1961.
Mucho antes, en una docena de títulos de densidad teórica e histórica —y de alguna manera también en los dos mencionados—, Sánchez Otero había ido evidenciando sus capacidades de analista, sobre todo acerca de varios ángulos de la Revolución cubana y hasta en la más seria reflexión escrita en Cuba sobre Economía y sociedad, el clásico libro de sociología de Max Weber.
Estas condicionantes positivas le han permitido entregarnos una biografía de Chávez que cuenta con otros varios puntos a su favor.
En primer lugar, su enfoque de Chávez en su desarrollo y cualidades como ser humano. No hay duda de que el autor ha tenido el propósito esencial de trasmitir la forja del líder político, pero ello ha marchado de la mano de la propia formación de su personalidad. Así, se nos entrega cumplidamente tal proceso de aquella individualidad en que los varios matices dieron lugar a su singularidad, sin alardes de psicologismo ni de sociologismo, pero comprendiendo la necesidad de situar a Chávez en el entorno histórico-social, familiar y de sus propios sueños, ambiciones y contradicciones.
En segundo término, ha sido un acierto fijar límites temporales a esta biografía: la vida de Chávez solo hasta 1999, cuando aún no alcanzaba talla mundial. Es la vida del niño, del jovencito, del oficial desconocido, catapultado hacia la historia venezolana por el movimiento cívico militar del 4 de febrero de 1992. Se trata, pues, de fijar de dónde salió semejante dirigente y cómo emergió el liderazgo, etapas sin las cuales no es posible entender su ejecutoria. Y el autor alcanza plenamente, a mi juicio, la entrega de la compleja hechura de aquel político de asombroso carisma y notable voluntad de servicio y de entrega a los sectores populares, con un enrome sentido de identidad y de amor patrio.
Sánchez Otero quiere brindar la desmedida personalidad de Hugo Chávez para los cánones de la política tradicional venezolana, caracterizada desde el siglo XIX por fenómenos como el caudillismo y el populismo, pero sumida en el marasmo moral y la más escandalosa polarización social durante el boom del alza de los precios del petróleo de los años setenta del pasado siglo y el agotamiento de la llamada democracia bipartidista. El libro sitúa adecuadamente esas coordenadas imprescindibles sin convertirse en una pieza historiográfica.
El tercer punto por destacar es el inteligente uso por parte del autor de los testimonios de Chávez sobre su vida a través de varias entrevistas y de su propia voz. Hay cuidado en la reproducción de informaciones y en la selección de los acontecimientos, juicios y valoraciones provenientes del propio Chávez, sin que dejen de manifestarse en casos necesarios los matices y criterios autorales que hilvanan el relato. Ello permite que los lectores comprendamos la extraordinaria sensibilidad y riqueza espiritual del biografiado, elementos decisivos para explicar tanto su compromiso revolucionario, transformador, como la originalidad de su pensamiento y de sus actos.
Chávez el llanero, el venezolano reyoyo que cantaba, bailaba, se enamoraba; el de origen humilde y profundo sentido de la superación constante; el de responsabilidad ciudadana; el seguidor de Bolívar y excelente conocedor de la historia y las letras nacionales; el protagonista enérgico y decidido de nuevos rumbos para su país y América Latina es la persona trasmitida por Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo, este libro de Germán Sánchez Otero que ya nos tiene interesados en su continuidad, que abarcará su etapa presidencial.
fuente : cubadebate