CHILE

CHILE

jueves, 7 de junio de 2012

ULTIMA HORA :IQUIQUE -chile,4 de junio de 1912 (corresponsal)



EN IQUIQUE SE HA FUNDADO EL PARTIDO POLÍTICO QUE POSTULA EL COMUNISMO.



Hoy se ha constituido el Partido Obrero Socialista, partido que luchará por el comunismo conforme a los postulados del socialismo científico de Carlos Marx y Federico Engels, un acontecimiento histórico para la clase obrera de Chile.

El acto de fundación de la nueva colectividad política contó con la presencia de una treintena de obreros salitreros y de otros oficios que, luego de haberse desencantado por su antigua militancia en el Partido Demócrata, se reunieron en el local del Diario “El Despertar” ubicado en calle Barros Arana N° 9 casi esquina Sotomayor.

En su Programa establecen: “El Partido Obrero Socialista expone que el fin de sus aspiraciones es la emancipación total de la Humanidad, aboliendo las diferencias de clases y convirtiendo a todos en una sola clase de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes, y la implantación de un régimen en que la producción sea un factor común y común también el goce de los productos.”

Entre los asistentes a la reunión de creación del Partido se encontraban, Teresa Flores, única mujer y Luis Emilio Recabarren Serrano, Elías Lafferte Gaviño, Enrique Salas, Néstor Recabarren Vial, Ruperto Gil, David Barnes (ciudadano ecuatoriano), Nicolás Aguirre Bretón (ciudadano español), Vicente Olivos, José Francisco García, Luis Figueroa, Ladislao Córdova, Juan Álvarez, Julio Arredondo, Vicente Olivos, José del Carmen Aliaga, Carlos Alberto Martínez, José Francisco García, Salvador Barra Woll, Miguel Carrasco, L. Zabala, J., Faúndez, E. Jorquera, L. Vargas, E. Díaz, D.M. Agüero, R. Olivares, E. Corbetto, Véliz y A. López, entre otros

En el cargo de Secretario del Partido fue elegido Néstor Recabarren, desestimándose para ese puesto el nombre del líder Luis Emilio Recabarren, a fin de darle mayor libertad en las tareas de organización, que deben extenderse a todo el país.

-------------------

PROGRAMA Y REGLAMENTO DEL PARTIDO OBRERO SOCIALISTA
“Consideramos que esta sociedad es injusta desde el momento que está dividida en dos
clases; una capitalista que posee las tierras, las minas, las fábricas, las máquinas, las
herramientas de labor, la moneda y en fin, posee todos los medios de producción; otra,
la clase trabajadora, que no posee otra cosa, más que su fuerza muscular y cerebral, la
cual se ve obligada a poner al servicio de la clase capitalista para asegurar su vida,
mediante el pago de una cantidad, denominada salario.” (sigue...)
http://www.marxists.org/espanol/recabarren/xi-1912b.htm

APUNTES BIOGRAFICOS DE ARTURO DIAZ GONZALEZ (GALO GONZALEZ)



 - Nace en Nogales Quinta Región de Valparaíso el 22 de febrero 1894.
- Desde 1917 hasta 1929 trabajó Díaz González como un obrero no calificado en las minas de cobre y más tarde como trabajador portuario en Valparaíso.
- En 1925 organizó un sindicato de Trabajadores del Transporte de Chile y se convirtió en su Secretario General.
- En 1927 se incorporó al Partido Comunista de Chile en Valparaíso.
- De 1929 a 1930 fue secretario de organización en Valparaíso.
- En 1930 se convirtió en miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile y de la Federación Obrera de Chile (FOCH).
- De 1930 a 1932 dirigió la Unión de Trabajadores del Transporte y fue también miembro del Consejo Nacional de la Federación Obrera de Chile (Foch).
- De 1934 a 1946 dirigió la Comisión Nacional de Cuadros del Comité Central del Partido Comunista de Chile.
De 1940 a 1949 se editó la revista teórica y política del Comité Central, Principios.
- De 1946 a 1949 fue Secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista de Chile
- En 1948, el presidente Gabriel González Videla –a quien Neruda había escrito “El pueblo lo llama Gabriel” durante la campaña electoral- impone la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, llamada también “Ley Maldita”. Esta ley, nacida bajo el signo de la Guerra Fría y el anticomunismo macartista imperante en Estados Unidos, declaraba la ilegalidad del Partido Comunista, así como un sinfín de restricciones a las libertades individuales, sindicales y de prensa.
Producto de esta ley y de la persecución desatada contra su partido, Neruda es desaforado y se dicta una orden de detención en su contra, comenzando una travesía que lo llevará de la clandestinidad al exilio, del que sólo podrá regresar en 1952.
- Galo González fallece el 8 de marzo de 1958 y el pueblo de Santiago le rinde un masivo homenaje, comparable con los funerales de Luis Emilio Recabarren Serrano

 LIBROS ESCRITOS POR GALO GONZÁLEZ

La Lucha Por la Formación del Partido Comunista de Chile. Santiago 1958.
Por el fortalecimiento del Partido
Política justa de cuadros
El Partido comunista de Chile es indestructible
La Discusión interna en el P.C. de Chile.

 CONFERENCIA NACIONAL DE JULIO DE 1933

En julio de 1933 tiene lugar en Santiago una Conferencia Nacional del PC, más significativa que varios congresos partidarios. En ella se aprueba una nueva línea política, la de la Revolución Democrático-burguesa. Su objetivo, unir a todos los sectores democráticos para enfrentar y derrotar a los tres principales enemigos de Chile y su pueblo: el imperialismo estadounidense, el latifundio y la oligarquía nacionales.

¡A CELEBRAR TODOS, POR LA DEFENSA DE LA SALUD PUBLICA!


RECUERDO DE VICTOR DIAZ L




13-05-2007
En el Parque de la Paz Villa Grimaldi se rindió homenaje este sábado a Víctor Díaz y otros dirigentes del Partido Comunista de cuya muerte atroz a manos de miembros de las fuerzas armadas integrantes de la DINA se ha tenido noticia recientemente. En la ocasión el escritor y periodista José Miguel Varas dio a conocer el texto que ahora publicamos.

Hace muchos años, unos 56 o 57 para no exagerar, conversaba yo una noche con aquel famoso suplementero inválido santiaguino a quien llamaban “El Guagua” porque medía poco más de un metro y que era, oh paradoja, el más destacado dirigente deportivo de su gremio. Es probable que nadie de los están presentes hoy aquí lo haya conocido o haya tenido noticias de él. Yo, trabajador radial y más tarde periodista, me detenía con frecuencia junto a su kiosco de la Alameda al llegar a Ahumada, siempre brillantemente iluminado, y situado al lado del Café  Ramis Clar.
Aquel era un punto de encuentro para los noctámbulos santiaguinos porque estaba abierto hasta medianoche o más allá. La atracción principal que ofrecía, aparte de algún diario vespertino o de algún impreso clandestino del PC, era la rica conversación de El Guagua, siempre al día en los asuntos políticos, capaz de discernir también y sobre todo de opinar sobre materias literarias,  filosóficas, históricas y otras. Tenía un nombre solemne, Zorobabel González, que le quedaba grande y que muy pocos conocían, y era un comunista público, notorio y parlante, lo que no dejaba de tener su qué durante los años de la represión de González Videla. 

Al Guagua le gustaba disertar sobre la historia del Partido Comunista y sus dirigentes obreros. En sus relatos mezclaba los hechos históricos con cierta dosis de leyenda o de folklore. Una noche hacia 1949 o 50 me habló de “La Piedra del Medio”. Según su versión se trataba de una especie de núcleo indestructible, situado en el mismo centro del Partido. Lo explicaba así: “Es eso que no se puede romper renunca. Donde se quiebran los dientes los burgueses y todos sus policías. La Piedra del Medio no figura en los Estatutos. Está formada por compañeros más duros que el acero, los más tenaces. Esos que el Partido puede contar siempre con ellos. Siempre, como sea, para lo que sea, sin preguntar nada, sin pedir nada y, sobre todo, cuando las papas queman”. Y con sus manitos pequeñas, muy apretadas, hacía simbólicamente una piedra.

¿Por qué hablar hoy del “Guagua” y su famosa “Piedra del Medio”? ¿Por qué en este momento, cuando hemos venido a recordar a Víctor Díaz y una vez más, a reclamar justicia, después de conocer con horrendos pormenores como fue asesinado y como fueron asesinados tantos otros dirigentes del Partido Comunista detenidos aquel año negro de 1976? Es que Víctor, según mi entender, era uno de esos compañeros de acero, de los que hablaba el “Guagua”. 

No fue a la escuela más allá del tercer año primario. Su padre era minero y su madre, lavandera. Tenían cinco hijos. Víctor era el cuarto. Empezó a trabajar desde muy niño porque había que contribuir a mantener el hogar y a echarle algo a la olla. Desde pequeño ayudaba a su madre, entregando en las casas de los clientes los bultos de la ropa recién lavada.  A la edad en que otros niños hacen sus tareas escolares y juegan, él andaba vendiendo diarios por las calles de Tocopilla. A los 18 años bajó al pique en la mina de cobre La Despreciada y comenzó a trabajar como minero, igual que su padre.

En abril de 1940 ingresó al Partido Comunista. Es probable que en su decisión haya influido su amigo Víctor Contreras, legendario alcalde y obrero portuario de la bahía de Tocopilla, que fue ministro de Tierras y Colonización durante el breve período en que los comunistas participaron en el gobierno antes de la voltereta de Gabriel González (Presidente de Chile entre 1946 y 1952).

En 1948 llevaba apenas un mes de casado con Selenisa Caro, su compañera de toda la vida, cuando fue detenido y relegado a Pisagua. Era “el tiempo de la infamia”, como llamó a este período el periodista Juan de Luigi. Los años de la represión anticomunista. De Pisagua lo llevaron a una localidad minúscula que se llama Cosapilla y que no he podido encontrar en el mapa. Luego a Putre, un poblado a cuatro mil metros de altura cuyos habitantes, aymaras, viven precariamente de la agricultura y la crianza de llamas. Lo llevaron algo después a Copiapó, desde donde se fugó. Vino a dar a Santiago, donde se reunió de nuevo con Selenisa y los hijos, rehizo su hogar y se dedicó a cumplir las más diversas tareas como militante clandestino.

En este tiempo, hacia 1950 o 1951, comenzó a trabajar en la instalación de la imprenta Horizonte, en la calle Lira. La rotativa del diario El Siglo había sido desarmada en 1948 cuando ya fue imposible que el diario siguiera apareciendo debido a la represión. Sus piezas, debidamente numeradas, fueron escondidas en diversos lugares, siguiendo las precisas instrucciones del ingeniero checo Alejandro Freiberg, militante del PC de Chile. Armar de nuevo la enorme máquina impresora fue una proeza técnica cumplida bajo su orientación y la dirección de don Américo Zorrilla.

En esa tarea, de alta exigencia, participó Víctor Díaz. No sé muy bien cuándo y cómo se calificó como obrero gráfico. Lo más probable es que haya sido trabajando  junto a los viejos del oficio y tomando la ‘choca’ con ellos o el ‘litriado’ después de la pega en el bar de la esquina de Lira con Santa Victoria. El traslado de las piezas de la rotativa desde los lugares donde estaban escondidas al galpón de la calle Lira y su montaje se realizaron en absoluto secreto, sin que la policía tuviera nunca noticias de estos trajines. De manera que cuando El Siglo reapareció en agosto de 1952 siendo todavía Presidente González Videla fue para él y su gente una enorme sorpresa saber que el diario comunista volvía a circular y contaba de nuevo con un taller de impresión bien equipado que parecía brotado de la nada.

A Víctor Díaz lo conocí, según mi recuerdo, hacia 1954 o 1955. Yo trabajaba como periodista en El Siglo y él se desempeñaba como prensista en los talleres. Hicimos buenas migas. Vivía a una cuadra de la imprenta y más de una vez me invitó a tomar el tecito del tarde, acompañado de sopaipillas o de una marraqueta con palta, en su casita de la calle Tocornal entre Santa Victoria y Santa Isabel. Allí conocí a Selenisa, su compañera y a su hija Viviana, entonces una niñita.

Víctor, “El Chino” Díaz como lo llamaban, era un hombre robusto, achinado como mucha gente del Norte, parco en el hablar, de voz profunda, bigote ralo, buena sonrisa nortina y un trato de gran finura y gentileza. Era un  lector y un estudioso empecinado. Todos los días después de almuerzo se instalaba a leer en la mesa del comedor, que era el único espacio de la casa disponible para tal actividad. Leía metódicamente, cuenta su hija Viviana, con gran concentración, haciendo marcas en los márgenes, subrayando líneas o pasajes de los libros y a veces tomando notas en un cuaderno escolar. Sentía agudamente la necesidad del esfuerzo y el estudio constante para  comprender mejor la realidad, la historia y la situación de las clases sociales y estar a la altura de las exigencias que la vida y el Partido le planteaban. Cuando una de sus niñas salió mal en un examen y quedó para marzo, le habló seriamente pero sin dureza, con su manera convincente, algo sentenciosa: “Hay que concentrarse más, hay que aprovechar el tiempo. Vamos a buscar un compañero que te ayude a prepararte. Yo quiero que ustedes estudien y tengan una profesión, que yo no tuve”. Quería superarse pero nunca desclasarse. Hablaba a menudo de la dignidad del trabajo por humilde que fuera: “El trabajo no deshonra a nadie”, decía. Y también: “Uno nunca debe olvidar su origen”.

Fue amigo de Pablo Neruda y Delia del Carril, la Hormiguita. Los acompañó en alguno de sus escondites durante aquel año clandestino de 1948, antes que el poeta saliera de Chile a caballo cruzando la Cordillera. Era una amistad de verdad, entre compañeros, entre iguales. Como la que tuvieron Neruda y la Hormiga con Elías Lafertte, Galo González, Julieta Campusano, Andrés Escobar, Humberto Abarca. El poeta consideraba que era él quien más aprendía de las conversaciones con aquellos ilustres proletarios.

En su estupendo libro “Hormiga pinta caballos”, la escritora Virginia Vidal transcribe pasajes de una larga entrevista con Víctor Díaz, en la que habla de su relación con Neruda y Delia del Carril en  el período clandestino:

 “Entonces yo aprendí a comprender y respetar a los intelectuales” dice Víctor. “Pablo y Hormiguita no podían soportar estar encerrados, así que en las tardes por fuerza salíamos a pasear. Los acompañaba porque ni el mayor peligro les podía quitar las ganas de estar en contacto con la naturaleza, de saborear el aire libre. Luego tomábamos té y conversábamos. A Pablo le encantaba que yo le contara cosas de mi infancia. Yo era niño cuando la gran crisis, la cesantía, la hambruna de los años 30...


 “Entonces, sin saberlo, hice un tremendo daño ecológico, porque otros niños y yo íbamos a la playa, punto de reunión escogido por millares de garumas para poner sus huevos. Las garumas son unas gaviotas pequeñitas, pero no blancas sino de color gris, con su pico gris oscuro, que también anidan en la pampa salitrera. Nosotros llevábamos unos tachos y les robábamos los huevos para ponerlos a cocer y comíamos hasta hartarnos. Pero sobraban muchos y esos los vendíamos por las calles de Antofagasta... Pablo no se cansaba de pedirme que yo le hablara de las garumas, de la pampa, de los arenales. Y Hormiga... es tan especial, te  trata como si  fueras su hermano. Nunca he conocido a nadie con tanto arte para hacerle a uno sentirse un igual”.

Cuando en agosto de 1971, fue elegido por el Comité central subsecretario general del Partido Comunista, Neruda, entonces embajador en Chile en París, le hizo llegar una tarjeta de saludo y una botella de un exquisito coñac francés, que Víctor cuidaba como hueso de santo y que le duró largo tiempo. Tal vez hasta los días del golpe y la matanza sistemática y la nueva clandestinidad, cuando asumió sin vacilar el cargo de más alta responsabilidad en la dirección del Partido Comunista después de la detención del secretario general Luís Corvalán.

Detenido en mayo de 1975 cayó en manos de la Brigada Lautaro, unidad de élite encargada de la seguridad personal del jefe de la DINA, Manuel Contreras y de la eliminación física de los dirigentes comunistas. Pasó un tiempo en Villa Grimaldi, más tarde lo tuvieron en Casa de Piedra, en el Cajón del Maipo, que había sido la casa de Darío Sainte-Marie, el ex dueño del diario “Clarín”. Finalmente, lo llevaron al cuartel de la calle Simón Bolívar 6830 (más tarde la numeración fue cambiada). En ese centro de exterminio sistemático los torturadores sádicos y altamente tecnificados que integraban las Brigadas Lautaro, Purén y otras,  sometieron a Díaz a atroces sufrimientos día tras día y semana tras semana durante más de ocho meses, del mismo modo que a los demás dirigentes comunistas detenidos aquel año negro de 1976: Mario Zamorano, Jaime Donato, Uldrico Donaire, Edrás Pinto, Jorge Muñoz, Fernando Ortiz, Horacio Cepeda, Lincoyán Berríos, Reinalda del Carmen Pereira. Finalmente les dieron muerte con el mayor ensañamiento imaginable o inimaginable. Según revela el sumario que instruye el ministro Víctor Montiglio, uno de los jefes de la Brigada Lautaro de la DINA, el mayor del Ejército de Chile Juan Morales Salgado dio una instrucción especial para estos asesinatos:  “que sea con sufrimiento”.

De este modo aniquilaron a los dirigentes de una organización histórica del pueblo de Chile. Así mataron a Víctor Díaz, cuya noble figura hemos venido a recordar esta mañana en Villa Grimaldi, donde hay tanto dolor acumulado.

José Miguel Varas
Premio Nacional de Literatura 2006

El proceso llamado “de calle Conferencia” que sustenta con dedicación exclusiva el Ministro de la Corte Suprema Víctor Montiglio, llevó a comienzos de este año, al descubrimiento de un cuartel clandestino de la DINA en la calle Simón Bolívar, donde se dio muerte a un gran número de dirigentes del Partido Comunista, entre ellos los integrantes de dos direcciones sucesivas de ese Partido en el período clandestino que siguió al golpe militar de 1973, la dirección encabezada por Víctor Díaz y la encabezada por Fernando Ortiz. Hasta el momento se han formalizado cargos y se ha sometido a proceso a 70 oficiales de las diversas ramas de las Fuerzas Armadas, hombres y mujeres. 50 de ellos se encuentran actualmente detenidos.
 

miércoles, 6 de junio de 2012

"100 AÑOS DESPUES ,SIGUE VIGENTE"


 

Hace 100 años, el 4 de junio de 1912 nació el Partido Obrero Socialista (POS), fundado por el obrero tipógrafo Luis Emilio Recabarren, padre del movimiento sindical  chileno, en el norte grande, en la pampa salitrera. Este es el origen del Partido Comunista de Chile que el lunes comenzó sus actividades de conmemoración del centenario con un gran acto en el Congreso Nacional en el puerto de Valparaíso.
Fueron cientos de militantes, simpatizantes e invitados los que asistieron a la actividad que estuvo encabezada por el presidente de la colectividad, diputado Guillermo Teillier y la secretaria general de las Juventudes comunistas, Karol Cariola.
La dirigente juvenil se refirió al inicio de su discurso de la lucha dada por los jóvenes en las movilizaciones en defensa de la educación pública.
Manifestó que el modelo económico y político existente es una verdadera camisa de fuerza  que ata al pueblo.
Manifestó que la derrota del capitalismo neoliberal pasa por la lucha constante del pueblo. Recordó a los cientos de desaparecidos en la figura de Víctor Jara, repudió el acto que la derecha pretende hacer al genocida.
Teillier, afirmó durante la ceremonia, que el partido que dirige es una organización que está viva y es de los trabajadores.
En su repaso por la historia, el presidente del PC hizo una fuerte crítica a quienes apoyaron el golpe de Estado en 1973 y a quienes hoy quieren blanquear la imagen del régimen con un homenaje al dictador Pinochet programado para el  domingo 10 de junio.
Sobre la contingencia electoral, Teillier destacó los pactos por omisión para las municipales y fue tajante al señalar que no buscarán un candidato presidencial sin antes establecer condiciones en materia de demandas sociales.
Con este acto, el Partido Comunista de Chile comenzó una serie de actividades para conmemorar sus 100 años de existencia, considerado además uno de los PC más antiguos del mundo nacido antes de la revolución rusa.
El próximo fin de semana, la colectividad realizará un acto en la ciudad de Iquique en el norte de Chile, ciudad que lo vio nacer, actividades que se repetirán en cada población o sindicato y que concluirán por el mes de noviembre en un gran acto artístico cultural en un recinto deportivo por definir.

POR :OSCIEL MOYA /SALVADOR TAPIA
RNM

martes, 5 de junio de 2012

UN PARTIDO CENTENARIO


Que una organización cualquiera, en este caso un partido político, cumpla 100 de existencia, no es un hecho frecuente como tampoco constituye un mérito en sí. Que quien sea invitado a referirse a ello sea un militante de, en este caso, el Partido Comunista de Chile, no es ciertamente una tarea exenta de un “patriotismo partidario” que lo haga, si no sospechoso, al menos presumible de parcialidad. Dicho eso, vamos a la materia.

Lo que sostenemos, como punto de apoyo para estas reflexiones, es que para escribir, o referirse a ella, la historia de un partido como el formado por Luis Emilio Recabarren en los primeros años del siglo XX, es ineludible -más aun: necesario y exigible- abordar la historia social y política del país en su conjunto. Esto, porque la historia del PC chileno, como de sus similares de otros países del mundo, no es la crónica de sus congresos o sus declaraciones, ni tampoco la biografía de sus dirigentes o de sus más destacados o “emblemáticos” militantes.

Es más bien en el seguimiento de las luchas populares, de la organización de los trabajadores, de los grandes y pequeños episodios que han protagonizado las masas en demanda de sus derechos y en sus propósitos de transformación social, en donde hay que buscar las huellas de una colectividad de esa naturaleza.

Y es muy significativo que tanto la persona del fundador -del Partido Obrero Socialista en 1912, que pasa a nombrarse Partido Comunista en 1922- como del partido mismo coincidan y se fundan con los primeros pasos de un movimiento sindical con vocación nacional y unitaria y con la constitución como sujeto político de una clase -la de los proletarios- que, para emplear una terminología ya clásica, se eleva desde una condición de “clase en sí” a la de “clase para sí”.

Esta exigencia de lo que pudiéramos llamar una “especificidad” de un movimiento sindical “clasista” y de un exponente político de esa misma clase constituido en partido, es una impronta del pensamiento y la obra de Luis Emilio Recabarren, y lo será -aun con los altos y bajos propios de todo proceso social- de su continuador colectivo, el que hoy cumple 100 de existencia.

A la unidad sindical de los trabajadores se corresponde -y no es una exageración ver en ello una resultante natural del origen campesino de buena parte del proletariado nortino, “enganchado” por las compañías salitreras- una permanente preocupación por las condiciones de vida, la organización sindical y el desarrollo ideológico y político de los trabajadores del agro chileno.

Es por ello que los trabajadores organizados, y el Partido Comunista desde esa instancia y por todos los medios “políticos” a su alcance, postularon como un elemento esencial para la consecución de sus objetivos la “unidad obrero campesina”.

Largo sería indicar en ese ámbito las etapas cumplidas, las sostenidas campañas, la participación personal de cuadros del partido. Culminación natural de esa lucha por imponer la demanda de “la tierra para el que la trabaja”, fue la Reforma Agraria, iniciada bajo el gobierno de Frei Montalva y culminada, hasta donde “su tiempo” lo permitió, por el gobierno de Salvador Allende.

Los años transcurridos a casi todo lo largo del Siglo pasado, estuvieron marcados por la formación de numerosos y nuevos contingentes de trabajadores fabriles, lo que se correspondía con el desarrollo de un capitalismo dependiente, aunque favorecido en algún momento por condicionamientos “globales” como lo fue la Segunda Guerra Mundial y en su marco la política de sustitución de importaciones y una incipiente industrialización del país, particularmente bajo la conducción e influencia del Frente Popular.

Sin embargo de lo dicho, y como en cumplimiento de una “regularidad” del desarrollo capitalista en su etapa imperialista, nuestro país pasó por diferentes periodos de explotación de potencias extranjeras cuya política estaba, como hoy mismo, dirigida a la maximización de las utilidades de sus monopolios en los territorios de lo que más adelante pasó a llamarse “Tercer Mundo”. Por ello no es de extrañar que un rasgo distintivo del contingente formado en las salitreras, fuera y continúe siendo su definición antiimperialista, como un componente fundamental de sus formulaciones ideológicas y de su accionar político. Y así es que, al mismo nivel de la exigencia por “la tierra”, planteara tempranamente el Partido Comunista la lucha por la nacionalización de nuestras riquezas básicas, cuya más que honrosa culminación se da en el gobierno de la Unidad Popular con la histórica, y hoy en gran medida traicionada, Nacionalización del Cobre.

En prácticamente todas las esferas de la vida nacional, ha marcado el Partido Comunista presencia activa y, en más de un caso, pionera. Extenso sería referirse a su presencia y aporte en el campo de la cultura artística o de la docencia en todos sus niveles.

Las luchas por los derechos laborales y cívicos de la mujer, por los derechos de los pueblos originarios y, más recientemente, por el de las minorías sexuales así como por la preservación de un medioambiente en armonía con las exigencias del desarrollo enérgico o simplemente productivo, forman parte del historial y el patrimonio ideo-político de este contingente.

Un capítulo especial debería consagrarse en cualquier estudio de esta naturaleza, e incluso en la modestia de este breve trabajo, a la unidad política del pueblo. Aun en la extensa etapa en que se construyó sobre la base de la “unidad socialista-comunista”, fue un objetivo del PC la ampliación social y política de la izquierda más allá de los partidos que eran expresión política de los trabajadores, y una clara demostración de ello fue la ampliación de la base de apoyo y el desarrollo programático que condujo desde el Frente del Pueblo de 1952 hasta la Unidad Popular que conquistó el componente más importante del poder político del país en 1970 con la Unidad Popular y Salvador Allende.

Importante momento fue a fines de la década de los 50 el Bloque de Saneamiento Democrático, que “limpió” de sus vicios más notorios un sistema electoral que fomentaba el más desvergonzado cohecho por parte de los partidos de la derecha.

Los años que van desde el golpe de Estado hasta el día de hoy, conocen de un denodado esfuerzo del PC por favorecer la más amplia unidad contra la dictadura.

En medio del heroico activismo de los luchadores por los derechos humanos, en el que páginas de honor y sacrificio escriben las agrupaciones de familiares de ejecutados, detenidos desaparecidos, torturados, presos, relegados y exilados políticos, el Partido Comunista, tras el simulacro de plebiscito que impuso la Constitución de 80, impulsa lo que llamó la Política de Rebelión Popular de Masas, contribuyendo con la formación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez a la implementación de “todas las formas de lucha”. Decisivo en el proceso de desplazamiento del dictador de las palancas de mando, no fue sin embargo ello suficiente para impedir que desde la Casa Blanca se implementara una salida pactada con la dictadura, con los desastrosos efectos de un continuismo en las políticas centrales bajo la égida de los monopolios y el manto ominoso del neoliberalismo en todas sus expresiones.

Presente en todas las elecciones desde los inicios de los 90, el PC ha seguido bregando por la más amplia coincidencia opositora sobre la base de formulaciones programáticas que, al impulso de las grandes movilizaciones que han tenido entre sus organizadores y protagonistas a amplios destacamentos de trabajadores y con la decidida presencia de su juventud -la Jota- se levantan como la única posibilidad de presionar a las directivas políticas para la formulación de programas y líneas de acción que modifiquen de manera sustancial el estado de cosas hasta alcanzar una democracia avanzada.

En toda esta trayectoria, el Partido Comunista de Chile se declara orgullosa e inequívocamente como un partido de ideología marxista, un destacamento revolucionario cuyo objetivo irrenunciable es la construcción de una sociedad socialista, como la forma más avanzada de la democracia.-

FERNANDO QUILODRAN 

domingo, 3 de junio de 2012

UN ESCLARECIMIENTO HONESTO


Hace unos días, el 28 de mayo, se conmemoró con merecidas referencias el violento Combate del Uvero. Un deber elemental me obliga a esclarecer los hechos.
Por aquellas semanas Manuel Piñeiro, "Barbarroja", genio y figura hasta la sepultura como dice la frase, hizo llegar a Santiago de Cuba un camión con armas asociadas al ataque a Palacio por el Directorio Revolucionario, que de alguna forma habían ido a parar a sus manos. Frank País, responsable nacional de acción de nuestro Movimiento 26 de Julio, remitió una parte importante de ese cargamento a la difícil zona de la Sierra Maestra, donde nuestro naciente Ejército Rebelde brotaba de sus cenizas.
Aquel aprendizaje había sido sumamente duro. Paso a paso íbamos librando las primeras acciones victoriosas en las que incrementábamos nuestras fuerzas en armas y hombres, sin baja alguna. Nos vimos a su vez obligados a enfrentar la peligrosa traición de Eutimio Guerra, quien había sido un campesino rebelde hasta el momento en que cedió a las abundantes ofertas del enemigo. A pesar de los obstáculos, y con el apoyo de hombres y medios que nos enviaba Frank, fuimos creando el primer destacamento guerrillero: con vanguardia, bajo el mando de Camilo; retaguardia, con Efigenio Ameijeiras; centro, con pequeños pelotones; y la Comandancia General. Había ya un curtido grupo de combatientes con valiosa adaptación al terreno cuando, en bidones de espesa grasa, llegó un buen lote de las armas rescatadas por "Barbarroja".
¿Fue acaso correcto desde el punto de vista militar y revolucionario atacar la guarnición atrincherada y bien armada en la misma orilla del mar, donde se embarcaba la madera extraída de aquella zona? ¿Por qué lo hicimos?
Ocurrió que en ese momento, el mes de mayo, se había producido el desembarco del "Corynthia" bajo la dirección de Calixto Sánchez White. Un fuerte sentimiento de solidaridad nos llevó a realizar el ataque contra la guarnición del Uvero.
Debo señalar con toda honestidad que la decisión adoptada, si se excluye el mérito de la solidaridad que entrañaba, no fue en absoluto correcta. Nuestro papel, al cual se subordinaba cualquier otro objetivo, tal como se hizo a lo largo de nuestra vida revolucionaria, no se ajustaba a aquella decisión.
Recuerdo el primer disparo del fusil de mirilla telescópica que yo utilizaba, dirigido al equipo de radio de la guarnición. Tras aquel disparo, decenas de balas cayeron sobre el puesto de mando enemigo. El adversario no supo por eso que su guarnición estaba siendo atacada. Dispusimos así de tres horas por lo menos sin que bombas y metralla cayeran sobre nosotros; lo que ocurría invariablemente apenas 20 minutos después que se iniciara cualquier combate. Sin tales factores es muy probable que aquella decisión, inspirada solo en la solidaridad, redujera nuestras fuerzas de casi cien veteranos y fuese necesario comenzar de nuevo su azaroso camino, en el mejor de los casos.
Fue en aquellas condiciones que Almeida resultó impactado en el pecho y protegido de una herida más grave por algo de metal, según recordó, que llevaba en el bolsillo; Guillermo García, con un casco fruto del primer combate, mantuvo reñido duelo con el defensor de un fortín de gruesos troncos; el Che, con fusil ametralladora que se encasquillaba, se separó de su puesto para sostener un duelo con los que combatían contra Almeida; y Raúl avanzó con su pequeño pelotón contra los soldados atrincherados en las estibas de troncos dispuestos para el embarque; todo antes de que aparecieran los cazabombarderos. Julio Díaz, bravo combatiente que disparaba con una trípode, no pudo avanzar; yacía a mi lado con un balazo mortal en la frente.
¿Se comprende ahora lo que ocurrió aquel 28 de mayo de 1957, hace 55 años?
FIDEL CASTRO R