COMISION DE EDUCACION REGIONAL SUR "VICTOR DIAZ LOPEZ" PARTIDO COMUNISTA DE CHILE- educacionregionalsur@gmail.com
CHILE
miércoles, 15 de agosto de 2012
CARTA DE CAMILA VALLEJO A SENADORES
Santiago 13 Agosto 2012.-
Señores Senadores de la República :
El día 8 de agosto sucedió en el Congreso Nacional un hecho vergonzoso.
Pese a la expresa solicitud argumentada por parte del movimiento estudiantil, de rechazar un ajuste tributario regresivo, que sigue permitiendo que en Chile las grandes empresas no paguen impuestos y que está orientado a financiar una supuesta reforma educacional que simplemente mantiene la lógica mercantil, privatizadora y segregadora del sistema educacional actual, altamente cuestionado por una amplia mayoría del país, la derecha gracias a sectores de la Concertación e Independientes, tuvo el primer triunfo en sacar adelante este proyecto que constituye un engaño para la sociedad chilena y que le permitirá a la derecha populista poder decir que están avanzado en resolver los problemas de la desigualdad y la educación, siendo que en realidad su único interés es profundizarlos, o al menos, mantenerlos.
Nos duele y avergüenza más aun debido al hecho que el día anterior habíamos recibido una carta firmada por los jefes de bancada de seis partidos de la oposición (PDC, PS, PRSD, PRI, PC y PPD) donde les decían a los estudiantes de Chile que dichas bancadas de diputados “apoyan irrestrictamente la carta entregada por las organizaciones estudiantiles” el día 28 de junio, donde justamente el primer punto era un llamado a rechazar el ajuste tributario “pues es injusto en sus formas de recaudación, fomenta la educación privada a través de la profundización del financiamiento compartido, el mecanismo que ha convertido al sistema educacional chileno en el más segregado del mundo.
Esto, además, va en detrimento de la educación pública y propone, con lo recaudado profundizar la lógica de subsidio a la demanda, lo que constituye un beneficio a la ganancia privada y un mal uso de recursos públicos”.
¿Cómo esperan los actores políticos recuperar la credibilidad si en menos de 24 horas de suscribir un acuerdo le dan la espalda al primer punto planteado?
¿Cómo espera la Concertación plantearse como una alternativa si, además de haber administrado y profundizado por error, intención u omisión, el modelo por más de 20 años, bajo la gestión de Piñera han estado permanentemente disponibles para dar paso a las políticas que mantienen y profundizan el modelo neo-liberal?
Es preciso ser rigurosos y no meter todos a un mismo saco.
Muchos diputados, evidenciaban una real frustración por no poder impedir que la derecha siga con su agenda privatizadora y regresiva. Pero al final del día, siempre son 4 o 5 votos los que marcan la diferencia y terminan dándole la razón al mismo sector político. Aunque su palabra esté plagada de buenas intenciones, su actuar legislativo se da dentro de los parámetros y limitaciones ideológicas que impone la derecha.
Desde ahí ya podemos sentirnos derrotados.
Sabemos que existe un problema de modelo. Sabemos que una nueva Constitución, nacida de un proceso democrático y participativo, podrá generar en Chile un sistema político más democrático, donde la mayoría esté realmente representada como mayoría y una minoría no pueda seguir teniendo secuestrada las decisiones que a todos nos competen.
Pero no podemos conformarnos con identificar dicha necesidad y no actuar consecuentemente con ello. Ya vivimos la vergüenza de que se rechazara el informe de la comisión investigadora del lucro y creo que son ese tipo de decisiones las que mantienen a la cámara de diputados con un 76% de desaprobación ciudadana y a la de senadores con un 73% según los últimos datos que nos entrega la encuesta ADIMARK, máximos históricos de rechazo al parlamento según dicho estudio.
Chile ya tuvo un dictador que se empecinó en desprestigiar la política como estrategia para entregárselo todo al mercado. El sistema político debe relegitimarse. Es una base sustancial de la institucionalidad democrática.
Sabemos que ese camino es largo, pero un primer paso es impedir que el proyecto de ajuste tributario se materialice, impedir que la derecha le meta el dedo en la boca a los millones de chilenos que el 2011 se movilizaron, marcharon, tocaron las cacerolas y cuestionaron una educación y un modelo de crecimiento reproductor de desigualdad, que en cada detalle privilegia siempre a los más ricos.
Es por eso que, como una ciudadana más y como dirigente estudiantil, les pido que rechacen este proyecto de ley tan perjudicial para los anhelos de una educación pública, gratuita y de calidad y de una sociedad menos desigual.
La oposición tiene mayoría en la Cámara Alta. Solo la división interna le terminará dando el triunfo a la derecha. La ciudadanía no verá este rechazo como una acción permanente de negarle la sal y el agua a este Gobierno (por que por cierto, el parlamento han estado muy lejos de aquello) sino como una justa acción de mayoría que dice que si queremos que el Estado perciba más ingresos, esto debe ser a través de una reforma estructural y no cosmética; que si queremos reformas a la educación es para hacerla de calidad e integradora en todos sus niveles y accesible para todos los ciudadanos, fortaleciendo la educación pública; y que los ciudadanos no estamos disponibles para más pirotecnia comunicacional ni montajes por parte del Gobierno.
Chile debe ser distinto y debe ser distinto a partir de ahora. No esperen confianza del pueblo para las elecciones si es que no se realizaron de manera previa las acciones que evidencien una real voluntad de hacer las transformaciones estructurales que Chile necesita.
El ajuste tributario representa el deseo del Gobierno de propiciarle una derrota a un movimiento estudiantil, de acallar el despertar de los movimientos sociales, esperamos no sean parte del cumplimiento de ese espurio anhelo.
Camila Vallejo
Vicepresidenta de la FECH
lunes, 13 de agosto de 2012
ASI ES FIDEL
Algunas opiniones recogidas por el periodista Luis Báez
Alicia Alonso Primera Bailarina cubana
Quizás Fidel no se haya percatado, pero cada vez que me encuentro frente a él me he sentido como que he tenido que pararme para defenderlo ante cualquier cosa que le quieran hacer. Cada vez que me encuentro con Fidel me pongo nerviosa.
Nunca te separes de Fidel
Efigenio Ameijeiras Delgado General de División
"Hijo, nunca te separes de Fidel, recuerda bien lo que te digo, trata de estar siempre a su lado, a ese hombre no le va a pasar nada. Hazme caso, yo lo hago por tu bien, trata de salir siempre por donde él lo haga. Tú verás que también vas a tener suerte". Me sonrío por la forma en que me habla mi mamá.
En un altar
Rosa Báez Dueñas Doctora cubana, médico de la familia
A raíz de comenzar a implantarse el Médico de la Familia, le comenté a Fidel cómo me había impresionado lo que encontré al llegar a casa de un anciano de más de 70 años que vive solo y está jubilado, se llama Octavio Padilla, y tenía en una esquinita de su sala un altar con varios pisos y santos, en lo último de ese altar, allá arriba, después de Santa Bárbara, la Virgen de la Caridad, San Lázaro y otros, había una foto del Comandante con una vela y un tabaco encendido. Fidel se quedó serio, no habló y miró a lo lejos. Yo me dije: ¿Qué habré hecho? Reinó un silencio y, de momento, mirándome, expresó: "Trabajen, que algún día ese pueblo también los pondrá a ustedes en un altar".
Este uniforme y estas barbas significan la rebeldía de la Sierra Maestra
Luis M. Buch Revolucionario cubano
En la madrugada del 16 de febrero de 1959 (ese día Fidel toma posesión como Primer Ministro del gobierno) llamó por teléfono y me citó para el hotel Habana Hilton (Habana Libre) y me preguntó: "¿Tengo que quitarme el uniforme?".
Le contesté: "Bueno, Fidel, no sé; pero fíjate en las opiniones que priman en América sobre los militares como jefes de gobierno". A lo que replicó: "¡Ah, no, no, este uniforme y estas barbas significan la rebeldía de la Sierra Maestra y de nuestra Revolución, y no me las quito de ningún modo. Búsquense otro Primer Ministro!".
¡Hijo, es el único que tengo!
John Cabañas Empresario norteamericano-cubano
La primera vez que vi a Fidel Castro fue el 2 de diciembre de 1955 cuando visitó mi casa en Cayo Hueso, Estados Unidos, donde fue recibido por mi padre Julio Cabañas Jr., mi madre Emilia Carbó y mi hermana mayor Josefina. Yo era muy pequeño. Él recorría distintas ciudades norteamericanas buscando apoyo en su lucha por liberar a Cuba. Me llamó la atención que Fidel llevaba puesto un traje de lana gruesa. Le toqué el pantalón a la vez que le pregunté por qué usaba esa ropa con el calor que hacía. Mi padre me regañó. Me dio un cocotazo, y Fidel le dijo a mi padre: "Julio, no le dé", y dirigiéndose a mí, me contestó: "¡Hijo, es el único que tengo!".
Tiene que cuidarse
Juan Escalona Reguera General de Brigada (r)
En una ocasión Fidel me mandó a Angola a hablar con Leopoldo Cintra Frías (Polo) y me pidió que le trasmitiera el siguiente mensaje: "Dile que si ganar la guerra en Angola significa perderlo a él, no vale la pena ganarla. Que se deje de locuras, que se deje de estar en la primera línea, que tiene que cuidarse".
Hombre muy agradecido
Max Lesnik Periodista cubano radicado en Estados Unidos
Fidel es un hombre muy agradecido. Nunca olvida a quien le ha hecho un favor. Ramón Vasconcelos, a pesar de ser ministro de Comunicaciones del régimen de Batista, era el propietario y director de Alerta, que fue el único periódico que publicó la entrevista en que Fidel anuncia en México: "Si salgo, llego; si llego, entro y si entro, triunfo". En el vocabulario de Fidel no existe la palabra ingratitud. El gesto que tuvo con Vasconcelos, cuando vino a morir a su tierra, lo ha tenido con muchos otros, esto forma parte de los detalles humanos que componen su grandeza.
Dinero limpio para tener a Cuba Libre
Guido García Inclán Periodista cubano
Tuve la oportunidad de participar junto a Fidel en la constitución de los clubes 26 de Julio en el exterior. Siempre planteó que él quería dinero limpio para hacer una verdadera Revolución. Y cumplió su palabra. Ese dinero nadie lo podía tocar. Ni loco. Nunca se me olvidarán las necesidades que pasábamos, y en especial Fidel, que a pesar de tener un bolsillo lleno de dinero, el otro lo tenía completamente vacío, y era incapaz de coger ni un centavo que estuviera destinado a la causa revolucionaria. Hasta en eso es igual a Martí.
Un canto a la vida
Ana Fidelia Quirot Deportista cubana de atletismo
El día 22 de enero de 1993, sufrí varias quemaduras producto de un accidente doméstico. Estaba ingresada en el hospital Hermanos Ameijeiras. En horas de la noche sentí que alguien caminaba con pasos muy firmes hasta la habitación donde me encontraba; de momento siento una voz muy conocida, que me preguntaba: ¿cómo te sientes? Giré la cabeza hacia el lado izquierdo, y vi a una persona de estatura bien alta y vestida de verde olivo, pero sobre su uniforme llevaba una bata verde, de las que usan los médicos para entrar a los salones. Sabía que lo conocía, pero no estaba segura, hasta que descubro que era nuestro querido e invencible Comandante en Jefe. Él estaba muy preocupado por mi estado de salud. No me abandonó en ningún momento. Cuando lo vi fue como experimentar un canto a la vida.
Mis ideas, mis principios, jamás cambiarán
Recuerdos del autor
Mayo 6 de 1995. En la embajada de Bolivia se celebraba una recepción a la que asistió Fidel. Se acababan de firmar los acuerdos migratorios entre Cuba y EE.UU. Los periodistas lo abordaron. Una boliviana se interesó en conocer si él cambiaría su posición política. Fidel le contestó: "Mis ideas, mis principios jamás cambiarán. Me acompañarán hasta la muerte".
FUENTE :GRANMA INTERNACIONAL
sábado, 11 de agosto de 2012
"MANIFIESTO COMUNISTA" II PARTE

Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.
No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo.
De este hecho se desprenden dos consecuencias:
La primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas.
La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido.
Con este fin se han congregado en Londres los representantes comunistas de diferentes países y redactado el siguiente Manifiesto, que aparecerá en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.
I
BURGUESES Y PROLETARIOS
I
BURGUESES Y PROLETARIOS
Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.
En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos , dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.
La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.
Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.
El descubrimiento de América, la circunnavegación de Africa abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.
El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.
Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo. Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción. La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos.
La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.
Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en su tiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción.
A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político. Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna” una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo. Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.
Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.
La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.
La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares .
La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.
La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.
La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.
La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.
La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.
La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.
La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.
En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?
Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal. Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya al estado progresivo de las fuerzas productivas. Obstruían la producción en vez de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento. Era menester hacerlas saltar, y saltaron.
Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa.
Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante. Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.
Las armas con que la burguesía derribó al feudalismo se vuelven ahora contra ella.
Y la burguesía no sólo forja las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios.
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital. El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado.
La extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza. Y ya se sabe que el precio de una mercancía, y como una de tantas el trabajo , equivale a su coste de producción. Cuanto más repelente es el trabajo, tanto más disminuye el salario pagado al obrero. Más aún: cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo, tanto más aumenta también éste, bien porque se alargue la jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelere la marcha de las máquinas, etc.
La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista. Las masas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares. Los obreros, soldados rasos de la industria, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes. No son sólo siervos de la burguesía y del Estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas bajo el yugo esclavizador de la máquina, del contramaestre, y sobre todo, del industrial burgués dueño de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, más indignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.
Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre. Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo. Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste.
Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.
Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción. Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado.
El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse. Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de su existencia.
Al principio son obreros aislados; luego, los de una fábrica; luego, los de todas una rama de trabajo, los que se enfrentan, en una localidad, con el burgués que personalmente los explota. Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción, van también contra los propios instrumentos de la producción; los obreros, sublevados, destruyen las mercancías ajenas que les hacen la competencia, destrozan las máquinas, pegan fuego a las fábricas, pugnan por volver a la situación, ya enterrada, del obrero medieval.
En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas de obreros no son todavía fruto de su propia unión, sino fruto de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus fines políticos propios tiene que poner en movimiento -cosa que todavía logra- a todo el proletariado. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señores de la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses. La marcha de la historia está toda concentrada en manos de la burguesía, y cada triunfo así alcanzado es un triunfo de la clase burguesa.
Sin embargo, el desarrollo de la industria no sólo nutre las filas del proletariado, sino que las aprieta y concentra; sus fuerzas crecen, y crece también la conciencia de ellas. Y al paso que la maquinaria va borrando las diferencias y categorías en el trabajo y reduciendo los salarios casi en todas partes a un nivel bajísimo y uniforme, van nivelándose también los intereses y las condiciones de vida dentro del proletariado. La competencia, cada vez más aguda, desatada entre la burguesía, y las crisis comerciales que desencadena, hacen cada vez más inseguro el salario del obrero; los progresos incesantes y cada día más veloces del maquinismo aumentan gradualmente la inseguridad de su existencia; las colisiones entre obreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez más señalado, de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa de sus salarios. Crean organizaciones permanentes para pertrecharse en previsión de posibles batallas. De vez en cuando estallan revueltas y sublevaciones.
Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero transitorio siempre. El verdadero objetivo de estas luchas no es conseguir un resultado inmediato, sino ir extendiendo y consolidando la unión obrera. Coadyuvan a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación, creados por la gran industria y que sirven para poner en contacto a los obreros de las diversas regiones y localidades. Gracias a este contacto, las múltiples acciones locales, que en todas partes presentan idéntico carácter, se convierten en un movimiento nacional, en una lucha de clases. Y toda lucha de clases es una acción política. Las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, necesitaron siglos enteros para unirse con las demás; el proletariado moderno, gracias a los ferrocarriles, ha creado su unión en unos cuantos años.
Esta organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político, se ve minada a cada momento por la concurrencia desatada entre los propios obreros. Pero avanza y triunfa siempre, a pesar de todo, cada vez más fuerte, más firme, más pujante. Y aprovechándose de las discordias que surgen en el seno de la burguesía, impone la sanción legal de sus intereses propios. Así nace en Inglaterra la ley de la jornada de diez horas.
Las colisiones producidas entre las fuerzas de la antigua sociedad imprimen nuevos impulsos al proletariado. La burguesía lucha incesantemente: primero, contra la aristocracia; luego, contra aquellos sectores de la propia burguesía cuyos intereses chocan con los progresos de la industria, y siempre contra la burguesía de los demás países. Para librar estos combates no tiene más remedio que apelar al proletariado, reclamar su auxilio, arrastrándolo así a la palestra política. Y de este modo, le suministra elementos de fuerza, es decir, armas contra sí misma.
Además, como hemos visto, los progresos de la industria traen a las filas proletarias a toda una serie de elementos de la clase gobernante, o a lo menos los colocan en las mismas condiciones de vida. Y estos elementos suministran al proletariado nuevas fuerzas.
Finalmente, en aquellos períodos en que la lucha de clases está a punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegración de la clase gobernante latente en el seno de la sociedad antigua, que una pequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria, pasándose a la clase que tiene en sus manos el porvenir. Y así como antes una parte de la nobleza se pasaba a la burguesía, ahora una parte de la burguesía se pasa al campo del proletariado; en este tránsito rompen la marcha los intelectuales burgueses, que, analizando teóricamente el curso de la historia, han logrado ver claro en sus derroteros.
De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado. Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar.
Los elementos de las clases medias, el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el labriego, todos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, reaccionarios, pues pretenden volver atrás la rueda de la historia. Todo lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsito inminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales, sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazar la del proletariado.
El proletariado andrajoso , esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios.
Las condiciones de vida de la vieja sociedad aparecen ya destruidas en las condiciones de vida del proletariado. El proletario carece de bienes. Sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen ya nada de común con las relaciones familiares burguesas; la producción industrial moderna, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en Alemania que en Norteamérica, borra en él todo carácter nacional. Las leyes, la moral, la religión, son para él otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidan otros tantos intereses de la burguesía. Todas las clases que le precedieron y conquistaron el Poder procuraron consolidar las posiciones adquiridas sometiendo a la sociedad entera a su régimen de adquisición. Los proletarios sólo pueden conquistar para sí las fuerzas sociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivo a que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiación de la sociedad. Los proletarios no tienen nada propio que asegurar, sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás.
Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.
Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional. Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía.
Al esbozar, en líneas muy generales, las diferentes fases de desarrollo del proletariado, hemos seguido las incidencias de la guerra civil más o menos embozada que se plantea en el seno de la sociedad vigente hasta el momento en que esta guerra civil desencadena una revolución abierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, echa las bases de su poder.
Hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismo entre las clases oprimidas y las opresoras. Mas para poder oprimir a una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento. El siervo de la gleba se vio exaltado a miembro del municipio sin salir de la servidumbre, como el villano convertido en burgués bajo el yugo del absolutismo feudal. La situación del obrero moderno es muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza. He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase. Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella. La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.
La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. El trabajo asalariado Presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entre sí. Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización. Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores. Su muerte y el triunfo del proletariado sin igualmente inevitables.
jueves, 9 de agosto de 2012
NO HAY OLVIDO
Hace unos días e l Servicio Médico Legal chileno entregó a sus familiares los restos de tres militantes comunistas, Fernando Ortiz, Horacio Cepeda, Lincoyán Berríos y de un militante del MIR, Ángel Gabriel Guerrero, asesinados durante la dictadura militar y que fueron identificados hace sólo un par de semanas luego de permanecer 36 años en calidad de detenidos desaparecidos .
Todos fueron bárbaramente torturados y desfigurados en el cuartel de la muerte de calle Simón Bolivar de Santiago en 1976. Les quemaron, les enterraron estacas, los molieron a golpes para luego sacarlos y votar sus restos en la mina Los Bronces de Cuesta Barriga, cerca de la capital chilena. Estos luchadores antifascistas fueron enterrados tras emotivas ceremonias con enorme afluencia de público.
Justo una semana antes, Fernando Matthei, ex comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta Militar que encabezó Pinochet, dijo textualmente acerca de las violaciones a los derechos humanos : " Yo no puedo decir que no sabía, yo por supuesto que sí sabía, pero tampoco tenía la capacidad de arreglar eso. ¿Por qué?, porque en las Fuerzas Armadas cada uno responde de su propio sector. Yo era comandante en jefe de la Fuerza Aérea y no parte del gobierno militar y los aparatos de inteligencia", y destacó en seguida que "cuando preguntábamos qué sucede francamente se nos mentía , sabíamos también que se nos estaba mintiendo , pero ¿qué alternativa tienes?”. Es decir, admitió que tuvo pleno conocimiento de los crímenes que cometía la dictadura de cuya cúpula formaba parte. Y agregó desafiante: “No me arrepiento de nada y volvería a hacer lo mismo”.
Ese mismo día, en representación de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, presentamos la petición al juez para que se cite a declarar a Matthei ; el tribunal accedió a la petición. Si la justicia actúa adecuadamente, será procesado y deberá ser condenado. Porque entre los años 1978 y 1991, época en que Matthei fue comandante en jefe de la Fach y miembro de la junta militar, se cometieron crímenes espantosos y la Fuerza Aérea, que él dirigía, tuvo directa participación en los comandos asesinos. De hecho, la Academia de Guerra de la FACH fue uno de los peores centros de torturas y Matthei fue su director desde 1974. Su calidad de autor mediato está fuera de discusión y debe responder por sus hechos, o como él dice “cada uno responde de su propio sector”.
Entre los crímenes por los que debe responder se encuentra, entre otros, el de la muerte en torturas del general Alberto Bachelet, padre de la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet y alto funcionario del gobierno de la Unidad Popular del presidente Allende.
Mattei – padre de una actual ministra del gobierno de Piñera - ha negado hasta ahora toda ingerencia en ese asesinato y ha tenido palabras de elogio para Bachelet, no obstante que a la fecha de su muerte el Director de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea en que torturaban a Bachelet era, como dijimos, precisamente Matthei. Hasta antes de las recientes declaraciones del militar la ex presidenta le llamaba cariñosamente “tío Fernando”.
Mientras, un éxito de ventas ha sido en Chile el reciente libro “La Danza de los Cuervos” del periodista Jorge Rebolledo que devela la verdad oculta acerca del desaparecimiento de un grupo de luchadores caídos en las garras de la DINA, la siniestra policía secreta de Pinochet. Figura central de la narración es un extraño personaje, Jorgelino Vergara, alias el “mocito”. Fue poco después de la muerte de Pinochet ocurrida en diciembre de 2006 que este agente apareció en escena y sus revelaciones han pasado a ser de conocimiento público sólo ahora gracias a este libro.
Fue a principios del 2007 que la Policía civil logró encontrar al interior de la ciudad sureña de Curicó a Jorgelino Vergara, “el mocito”, así llamado por haberse desempeñado inicialmente como mozo ayudante en casa del jefe de la DINA el general Manuel Contreras. Vergara fue traído entonces Santiago y puesto a disposición del juez Montiglio
La duda persiste : ¿Quién es realmente el personaje? ¿Por qué esperó hasta la muerte del genocida para decidirse a contar los horrores en que participó cualesquiera haya sido la calidad en que lo hizo?¿Porqué nunca hace juicios incriminatorios contra Pinochet y la plana mayor? ¿Lo sabremos alguna vez?
Cualesquiera sean las respuestas, si las hay, lo cierto es que sus confesiones a la Brigada de Derechos Humanos de la Policía chilena y al juez Victor Montiglio constituyen uno de los más valiosos testimonios de la maldad humana y de los extremos a que llegó una clase social y los ejecutores a su servicio para poner a salvo un sistema social que garantizara sus desproporcionados privilegios.
Las torturas y asesinatos del cuartel de la muerte de calle Simón Bolivar tuvieron lugar entre los años 76 y 77 y fueron ejecutadas por la Brigada Lautaro que dirigía el oficial de ejército Morales Salgado, el mismo que participó en el asesinato del general Prats y su esposa en Buenos Aires. El objetivo principal, conseguido en buena medida, era la eliminación física de las direcciones clandestinas del Partido Comunista.
Hay todavía muchos puntos oscuros y debe valorarse que el libro de Rebolledo contribuya a la difusión de aspectos que hasta ahora no habían sido explícitamente reconocidos como por ejemplo la participación en la represión de poderosos empresarios nacionales, como es el caso de Ricardo Claro. Si este texto aludido es de reciente aparición y ya agotó la primera edición, ¿cómo puede sostenerse que el tema de los derechos humanos no interesa en este país? Cosa distinta es que determinados medios de comunicación, varios de los cuales más de algo tienen que decir respecto de los crímenes de lesa humanidad, no den espacio a las noticias sobre DDHH, o las restrinjan.
El reciente procesamiento de dos coroneles de la Fuerza Aérea, así como diversas diligencias en el expediente acerca del probable asesinato de Pablo Neruda, muestran la plena vigencia de las consecuencias judiciales de las violaciones a los derechos humanos cometidas tras el golpe militar del 73.
En el caso del general Bachelet se evidencia el punto hasta el que llegó la penetración ideológica al interior de las FFAA que hizo posible que compañeros de armas, amigos de toda una vida, no dudaran en torturar y matar a sus propios compañeros y amigos, acusados de “traición a la patria” por defender a un gobierno constitucional, si éste era de Izquierda. El Pentágono y la Escuela de las Américas calaron hondo en los uniformados y encontraron terreno fértil en instituciones cuya formación y condiciones de ingreso son tan distantes del ciudadano común y corriente.
Todavía más, las 1.300 querellas que desde el 2010 hasta este año han sido presentadas por la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos por un número similar de ejecuciones ilegales nunca investigadas, entre ellas el del presidente Allende, han permitido el esclarecimiento de numerosos crímenes y la detención y procesamiento de decenas de agentes ejecutores que jamás pensaron que algún día se pondría fin a su impunidad.
Hay tareas pendientes en materia de verdad, justicia y reparación y ellas deben comprometer al conjunto de la sociedad nacional si de veras aspiramos a construir una democracia auténtica y sólida. Entre ellas ha de abordarse la responsabilidad penal de los civiles, políticos, dueños de medios de comunicación, agentes externos y demás que participaron en el quiebre constitucional del 73 ya sea de modo directo o conspirando en las sombras para provocarlo. Esos desafíos de dignidad y respeto al Derecho serán abordados y cumplimentados en un día cercano porque en Chile no hay olvido. Tampoco perdón.
EDUARDO CONTRERAS
Todos fueron bárbaramente torturados y desfigurados en el cuartel de la muerte de calle Simón Bolivar de Santiago en 1976. Les quemaron, les enterraron estacas, los molieron a golpes para luego sacarlos y votar sus restos en la mina Los Bronces de Cuesta Barriga, cerca de la capital chilena. Estos luchadores antifascistas fueron enterrados tras emotivas ceremonias con enorme afluencia de público.
Justo una semana antes, Fernando Matthei, ex comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta Militar que encabezó Pinochet, dijo textualmente acerca de las violaciones a los derechos humanos : " Yo no puedo decir que no sabía, yo por supuesto que sí sabía, pero tampoco tenía la capacidad de arreglar eso. ¿Por qué?, porque en las Fuerzas Armadas cada uno responde de su propio sector. Yo era comandante en jefe de la Fuerza Aérea y no parte del gobierno militar y los aparatos de inteligencia", y destacó en seguida que "cuando preguntábamos qué sucede francamente se nos mentía , sabíamos también que se nos estaba mintiendo , pero ¿qué alternativa tienes?”. Es decir, admitió que tuvo pleno conocimiento de los crímenes que cometía la dictadura de cuya cúpula formaba parte. Y agregó desafiante: “No me arrepiento de nada y volvería a hacer lo mismo”.
Ese mismo día, en representación de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, presentamos la petición al juez para que se cite a declarar a Matthei ; el tribunal accedió a la petición. Si la justicia actúa adecuadamente, será procesado y deberá ser condenado. Porque entre los años 1978 y 1991, época en que Matthei fue comandante en jefe de la Fach y miembro de la junta militar, se cometieron crímenes espantosos y la Fuerza Aérea, que él dirigía, tuvo directa participación en los comandos asesinos. De hecho, la Academia de Guerra de la FACH fue uno de los peores centros de torturas y Matthei fue su director desde 1974. Su calidad de autor mediato está fuera de discusión y debe responder por sus hechos, o como él dice “cada uno responde de su propio sector”.
Entre los crímenes por los que debe responder se encuentra, entre otros, el de la muerte en torturas del general Alberto Bachelet, padre de la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet y alto funcionario del gobierno de la Unidad Popular del presidente Allende.
Mattei – padre de una actual ministra del gobierno de Piñera - ha negado hasta ahora toda ingerencia en ese asesinato y ha tenido palabras de elogio para Bachelet, no obstante que a la fecha de su muerte el Director de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea en que torturaban a Bachelet era, como dijimos, precisamente Matthei. Hasta antes de las recientes declaraciones del militar la ex presidenta le llamaba cariñosamente “tío Fernando”.
Mientras, un éxito de ventas ha sido en Chile el reciente libro “La Danza de los Cuervos” del periodista Jorge Rebolledo que devela la verdad oculta acerca del desaparecimiento de un grupo de luchadores caídos en las garras de la DINA, la siniestra policía secreta de Pinochet. Figura central de la narración es un extraño personaje, Jorgelino Vergara, alias el “mocito”. Fue poco después de la muerte de Pinochet ocurrida en diciembre de 2006 que este agente apareció en escena y sus revelaciones han pasado a ser de conocimiento público sólo ahora gracias a este libro.
Fue a principios del 2007 que la Policía civil logró encontrar al interior de la ciudad sureña de Curicó a Jorgelino Vergara, “el mocito”, así llamado por haberse desempeñado inicialmente como mozo ayudante en casa del jefe de la DINA el general Manuel Contreras. Vergara fue traído entonces Santiago y puesto a disposición del juez Montiglio
La duda persiste : ¿Quién es realmente el personaje? ¿Por qué esperó hasta la muerte del genocida para decidirse a contar los horrores en que participó cualesquiera haya sido la calidad en que lo hizo?¿Porqué nunca hace juicios incriminatorios contra Pinochet y la plana mayor? ¿Lo sabremos alguna vez?
Cualesquiera sean las respuestas, si las hay, lo cierto es que sus confesiones a la Brigada de Derechos Humanos de la Policía chilena y al juez Victor Montiglio constituyen uno de los más valiosos testimonios de la maldad humana y de los extremos a que llegó una clase social y los ejecutores a su servicio para poner a salvo un sistema social que garantizara sus desproporcionados privilegios.
Las torturas y asesinatos del cuartel de la muerte de calle Simón Bolivar tuvieron lugar entre los años 76 y 77 y fueron ejecutadas por la Brigada Lautaro que dirigía el oficial de ejército Morales Salgado, el mismo que participó en el asesinato del general Prats y su esposa en Buenos Aires. El objetivo principal, conseguido en buena medida, era la eliminación física de las direcciones clandestinas del Partido Comunista.
Hay todavía muchos puntos oscuros y debe valorarse que el libro de Rebolledo contribuya a la difusión de aspectos que hasta ahora no habían sido explícitamente reconocidos como por ejemplo la participación en la represión de poderosos empresarios nacionales, como es el caso de Ricardo Claro. Si este texto aludido es de reciente aparición y ya agotó la primera edición, ¿cómo puede sostenerse que el tema de los derechos humanos no interesa en este país? Cosa distinta es que determinados medios de comunicación, varios de los cuales más de algo tienen que decir respecto de los crímenes de lesa humanidad, no den espacio a las noticias sobre DDHH, o las restrinjan.
El reciente procesamiento de dos coroneles de la Fuerza Aérea, así como diversas diligencias en el expediente acerca del probable asesinato de Pablo Neruda, muestran la plena vigencia de las consecuencias judiciales de las violaciones a los derechos humanos cometidas tras el golpe militar del 73.
En el caso del general Bachelet se evidencia el punto hasta el que llegó la penetración ideológica al interior de las FFAA que hizo posible que compañeros de armas, amigos de toda una vida, no dudaran en torturar y matar a sus propios compañeros y amigos, acusados de “traición a la patria” por defender a un gobierno constitucional, si éste era de Izquierda. El Pentágono y la Escuela de las Américas calaron hondo en los uniformados y encontraron terreno fértil en instituciones cuya formación y condiciones de ingreso son tan distantes del ciudadano común y corriente.
Todavía más, las 1.300 querellas que desde el 2010 hasta este año han sido presentadas por la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos por un número similar de ejecuciones ilegales nunca investigadas, entre ellas el del presidente Allende, han permitido el esclarecimiento de numerosos crímenes y la detención y procesamiento de decenas de agentes ejecutores que jamás pensaron que algún día se pondría fin a su impunidad.
Hay tareas pendientes en materia de verdad, justicia y reparación y ellas deben comprometer al conjunto de la sociedad nacional si de veras aspiramos a construir una democracia auténtica y sólida. Entre ellas ha de abordarse la responsabilidad penal de los civiles, políticos, dueños de medios de comunicación, agentes externos y demás que participaron en el quiebre constitucional del 73 ya sea de modo directo o conspirando en las sombras para provocarlo. Esos desafíos de dignidad y respeto al Derecho serán abordados y cumplimentados en un día cercano porque en Chile no hay olvido. Tampoco perdón.
EDUARDO CONTRERAS
LISTA DE PAISES TERRORISTAS :ACTITUD ARBITRARIA DE EE.UU.HACIA CUBA
Desde hace tres décadas, el gobierno de Estados Unidos persiste en incluir a Cuba, arbitraria y unilateralmente, en la lista de países patrocinadores del terrorismo, buscando arreciar el cerco que impone a la Isla hace medio siglo.
Con esta medida, que desde 1982 Washington insiste en mantener, el vecino del Norte demuestra que no renuncia a su vieja política de tratar de estrangular económicamente a la Revolución Cubana.
Esta práctica del Departamento de Estado norteamericano no es nueva y la viene aplicando sistemáticamente, desde el 29 de diciembre de 1979, con un grupo de países que, coincidentemente, no comparten los postulados ideológicos pautados en las tierras del Tío Sam.
Cuba no es la única nación que sufre esta patraña. Libia, Irak, Yemen del Sur, Corea del Norte y Siria también han estado bajo la mirada escrutadora de los “expertos” norteamericanos.
Los argumentos que esgrime Estados Unidos contra Cuba para mantener su acusación de que la mayor de las Antillas patrocina actos terroristas son tan discutibles y carentes de evidencias, que han provocado la crítica de importantes personalidades, incluidos militares, académicos y periodistas, quienes ven al sur con mirada solidaria.
Por tres décadas Cuba ha denunciado las maniobras del gobierno norteamericano y cuenta con el apoyo incondicional de muchos países, agrupaciones e individuos que apoyan la labor internacionalista y humanitaria del pueblo y gobierno cubano con los más necesitados del mundo.
En diciembre de 2011, las organizaciones no gubernamentales norteamericanas Latin American Working Group y The Center for International Policy exigieron al Departamento de Estado que Cuba fuera sacada de la lista de países terroristas.
En marzo pasado, el brigadier general John Adams, exrepresentante militar de Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en un articulo firmado junto al cabildero federal David W. Jones, y publicado en el periódico The Hill, pidieron a la Casa Blanca retirar a Cuba de la lista y poner fin a su contraproducente política hacia La Habana.
Adams y Jones consideran, en su comunicado, que esa actitud se convierte en un anacronismo que socava los esfuerzos de Washington en su lucha contra el terrorismo.
A este reclamo se unieron, en mayo, los integrantes del Taller Académico Cuba-Estados Unidos (TACE), integrado por nueve académicos estadounidenses de la American University, y ocho cubanos de la Universidad de La Habana.
En este encuentro, Philip Brenner, profesor de la American University, sugirió que el enfrentamiento al terrorismo resulta un área donde podría haber un abordaje constructivo entre ambos países.
El 31 de julio, el Departamento de Estado estadounidense dio a conocer su nueva lista de países patrocinadores del terrorismo y una vez más incluyó a Cuba, bajo la acusación de una supuesta falta de medidas en el sistema bancario cubano para enfrentar el lavado de dinero y las transacciones financieras vinculadas al terrorismo. Las reacciones no se hicieron esperar.
El profesor cubanoamericano Arturo López-Levy, investigador asociado de la Escuela de Estudios Internacionales Josef Korbel, de la Universidad de Denver, expresó que incluir a Cuba en la lista es una muestra más de que la política norteamericana hacia La Habana es un cementerio para la ética y las estrategias racionales.
“Cada vez que Estados Unidos afirme que pide colaboración con la guerra contra el terrorismo, la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas los avergonzará”, enfatizó el profesor López-Levy.
El académico expresó además que esta acción constituye otro juego politiquero más con la seguridad nacional del país, pues un mecanismo que debe ser no partidista y profesional está manipulado por una minoría recalcitrante de la comunidad cubanoamericana.
López-Levy agregó que el tema de la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo es particularmente dañino a las relaciones entre La Habana y Washington.
A tenor de esta manipulación -añadió el profesor cubanoamericano- se han generado juicios impensables en los que se obvia la doctrina del acto del Estado y se asume que Cuba solo tiene inmunidad limitada, lo cual es una violación del derecho internacional y la soberanía cubana.
Desde Miami, corazón de la comunidad cubana emigrada en Estados Unidos, también se expresó Elena Freyre, presidenta de la Fundación pro Normalización de las Relaciones entre Estados Unidos y Cuba (FORNORM), quien calificó de vergonzoso e hipócrita incluir a Cuba en esta lista del Departamento de Estado.
“Estados Unidos es el mismo país que permite que los verdaderos terroristas se paseen impunemente por las calles de Miami, mientras persigue, encarcela o mantiene retenido lejos de su familia a cinco hombres cubanos que solo trataron de defender a su país de estos ataques”, afirmó Freyre.
La presidenta de FORNORM recalcó que hace mucho tiempo que se sabe que esta inclusión tiene mucho que ver con satisfacer los intereses de esos “mal llamados” cubanos extremistas de Miami y nada que ver con la realidad cubana.
También se manifestó al respecto Edmundo García, comentarista radial cubanoamericano, quien conduce el espacio vespertino “La tarde se mueve” en la emisora 1450 AM de Miami.
Es una hipocresía más -aseveró García-, una falacia contra Cuba que ni ellos mismos se creen, y solo demuestra la prepotencia y falta de escrúpulos de parte de los Estados Unidos.
Washington tiene un doble rasero cuando se refiere al tema de la lucha contra el terrorismo, pues en tanto acusa públicamente a Cuba con calumnias fabricadas, oculta que La Habana rinde información veraz y exacta periódicamente a los mecanismos pertinentes de las Naciones Unidas sobre estos temas y otros referidos al enfrentamiento al terrorismo, según una reciente declaración emitida por la Cancillería cubana.
El documento, dado a conocer a los medios de prensa después de conocerse la decisión de Estados Unidos de reiterar su acusación contra Cuba, revela que en febrero de 2012 la isla renovó la propuesta de acordar un programa bilateral de enfrentamiento al terrorismo, a la cual la Casa Blanca aún no ha respondido.
Cuba ha sido una víctima del terrorismo de Estado aupado desde Washington y empleado como un arma política que ha costado al pueblo de la isla tres mil 478 muertos y dos mil 99 discapacitados, y muchos de los terroristas que ejecutaron sus criminales acciones contra Cuba, hoy disfrutan de la protección de las leyes norteamericanas.
Por Miguel Fernández Martínez. Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.
Con esta medida, que desde 1982 Washington insiste en mantener, el vecino del Norte demuestra que no renuncia a su vieja política de tratar de estrangular económicamente a la Revolución Cubana.
Esta práctica del Departamento de Estado norteamericano no es nueva y la viene aplicando sistemáticamente, desde el 29 de diciembre de 1979, con un grupo de países que, coincidentemente, no comparten los postulados ideológicos pautados en las tierras del Tío Sam.
Cuba no es la única nación que sufre esta patraña. Libia, Irak, Yemen del Sur, Corea del Norte y Siria también han estado bajo la mirada escrutadora de los “expertos” norteamericanos.
Los argumentos que esgrime Estados Unidos contra Cuba para mantener su acusación de que la mayor de las Antillas patrocina actos terroristas son tan discutibles y carentes de evidencias, que han provocado la crítica de importantes personalidades, incluidos militares, académicos y periodistas, quienes ven al sur con mirada solidaria.
Por tres décadas Cuba ha denunciado las maniobras del gobierno norteamericano y cuenta con el apoyo incondicional de muchos países, agrupaciones e individuos que apoyan la labor internacionalista y humanitaria del pueblo y gobierno cubano con los más necesitados del mundo.
En diciembre de 2011, las organizaciones no gubernamentales norteamericanas Latin American Working Group y The Center for International Policy exigieron al Departamento de Estado que Cuba fuera sacada de la lista de países terroristas.
En marzo pasado, el brigadier general John Adams, exrepresentante militar de Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en un articulo firmado junto al cabildero federal David W. Jones, y publicado en el periódico The Hill, pidieron a la Casa Blanca retirar a Cuba de la lista y poner fin a su contraproducente política hacia La Habana.
Adams y Jones consideran, en su comunicado, que esa actitud se convierte en un anacronismo que socava los esfuerzos de Washington en su lucha contra el terrorismo.
A este reclamo se unieron, en mayo, los integrantes del Taller Académico Cuba-Estados Unidos (TACE), integrado por nueve académicos estadounidenses de la American University, y ocho cubanos de la Universidad de La Habana.
En este encuentro, Philip Brenner, profesor de la American University, sugirió que el enfrentamiento al terrorismo resulta un área donde podría haber un abordaje constructivo entre ambos países.
El 31 de julio, el Departamento de Estado estadounidense dio a conocer su nueva lista de países patrocinadores del terrorismo y una vez más incluyó a Cuba, bajo la acusación de una supuesta falta de medidas en el sistema bancario cubano para enfrentar el lavado de dinero y las transacciones financieras vinculadas al terrorismo. Las reacciones no se hicieron esperar.
El profesor cubanoamericano Arturo López-Levy, investigador asociado de la Escuela de Estudios Internacionales Josef Korbel, de la Universidad de Denver, expresó que incluir a Cuba en la lista es una muestra más de que la política norteamericana hacia La Habana es un cementerio para la ética y las estrategias racionales.
“Cada vez que Estados Unidos afirme que pide colaboración con la guerra contra el terrorismo, la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas los avergonzará”, enfatizó el profesor López-Levy.
El académico expresó además que esta acción constituye otro juego politiquero más con la seguridad nacional del país, pues un mecanismo que debe ser no partidista y profesional está manipulado por una minoría recalcitrante de la comunidad cubanoamericana.
López-Levy agregó que el tema de la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo es particularmente dañino a las relaciones entre La Habana y Washington.
A tenor de esta manipulación -añadió el profesor cubanoamericano- se han generado juicios impensables en los que se obvia la doctrina del acto del Estado y se asume que Cuba solo tiene inmunidad limitada, lo cual es una violación del derecho internacional y la soberanía cubana.
Desde Miami, corazón de la comunidad cubana emigrada en Estados Unidos, también se expresó Elena Freyre, presidenta de la Fundación pro Normalización de las Relaciones entre Estados Unidos y Cuba (FORNORM), quien calificó de vergonzoso e hipócrita incluir a Cuba en esta lista del Departamento de Estado.
“Estados Unidos es el mismo país que permite que los verdaderos terroristas se paseen impunemente por las calles de Miami, mientras persigue, encarcela o mantiene retenido lejos de su familia a cinco hombres cubanos que solo trataron de defender a su país de estos ataques”, afirmó Freyre.
La presidenta de FORNORM recalcó que hace mucho tiempo que se sabe que esta inclusión tiene mucho que ver con satisfacer los intereses de esos “mal llamados” cubanos extremistas de Miami y nada que ver con la realidad cubana.
También se manifestó al respecto Edmundo García, comentarista radial cubanoamericano, quien conduce el espacio vespertino “La tarde se mueve” en la emisora 1450 AM de Miami.
Es una hipocresía más -aseveró García-, una falacia contra Cuba que ni ellos mismos se creen, y solo demuestra la prepotencia y falta de escrúpulos de parte de los Estados Unidos.
Washington tiene un doble rasero cuando se refiere al tema de la lucha contra el terrorismo, pues en tanto acusa públicamente a Cuba con calumnias fabricadas, oculta que La Habana rinde información veraz y exacta periódicamente a los mecanismos pertinentes de las Naciones Unidas sobre estos temas y otros referidos al enfrentamiento al terrorismo, según una reciente declaración emitida por la Cancillería cubana.
El documento, dado a conocer a los medios de prensa después de conocerse la decisión de Estados Unidos de reiterar su acusación contra Cuba, revela que en febrero de 2012 la isla renovó la propuesta de acordar un programa bilateral de enfrentamiento al terrorismo, a la cual la Casa Blanca aún no ha respondido.
Cuba ha sido una víctima del terrorismo de Estado aupado desde Washington y empleado como un arma política que ha costado al pueblo de la isla tres mil 478 muertos y dos mil 99 discapacitados, y muchos de los terroristas que ejecutaron sus criminales acciones contra Cuba, hoy disfrutan de la protección de las leyes norteamericanas.
Por Miguel Fernández Martínez. Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.
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